Perú: Pobreza y desigualdad después del boom


LA VERDAD DE LA BONANZA

Rodolfo Bejarano 
Latinddad

Pobreza. Grafico  1A una década de haberse iniciado el auge de los precios de las materias primas, nos ubicamos en medio de un periodo de caída de los índices que viene siendo constante desde que los precios llegaron a su máximo en 2011. Los países de la región, sobre todo los más dependientes de exportaciones primarias, se ven amenazados.

Si bien los precios aún se mantienen altos con respecto a los primeros años del boom, es innegable que esta reversión de la tendencia alcista ha traído repercusiones en los aspectos económicos.

El producto interno bruto (PIB) de la región ha caído de 6 por ciento en su punto más alto en 2010 a 2,5 por ciento en 2013 y se espera que en 2014 se tenga un crecimiento de 2,2%. De igual forma, las exportaciones se han estancado en los últimos cuatro años, lo que, sumado a las mayores importaciones de bienes y servicios, ha deteriorado la balanza en cuenta corriente que está en números negativos desde hace buen tiempo.

Esto nos hace reflexionar sobre cuál ha sido el beneficio que nos dejó este periodo de bonanza, considerando que seguimos bailando al ritmo de los mercados internacionales a la vez de que los aspectos sociales y ambientales son los más afectados y que se evidencia en la escalada de conflictos – gran parte de ellos alrededor de la minería – que podemos observar en la región.

¿Reducción de pobreza?
La pobreza en la región ha frenado sus tasas de reducción en los últimos años, manteniéndose en torno al 28 por ciento de la población total en esta situación en el 2013, mientras que la indigencia en lugar de reducirse se ha incrementado de 11,3 a 11,5 por ciento entre 2012 y 2013[2]. En países como Ecuador, Brasil, Perú, Argentina y Colombia la tasa de indigencia se ha reducido en el último año en menos del 1 por ciento, mientras que en República Dominicana y México ésta ha aumentado.

Es decir, en algunos países más que en otros, existe una parte de la población que presenta gran vulnerabilidad frente a los choques externos, dado que a pesar de haber salido de la pobreza se mantiene al borde de una línea muy delgada, la que puede ser sobrepasada en cualquier momento y caer nuevamente en esa situación.

Hay que considerar, además, que en gran medida esta reducción de la pobreza se debe a la aplicación de los programas de transferencias monetarias que se dan en varios países, lo que indica la efectividad de los mismos en cumplir con su cometido que es sacar de la pobreza a la gente, pero esto no resuelve el problema de fondo.

La desigualdad en el centro
La desigualdad es otro indicador que nos muestra la debilidad de nuestras economías en cuanto a la repartición de los beneficios – o pérdidas – durante los periodos de bonanza. Si bien el índice de Gini ha venido mostrando mejoras para América Latina en los últimos años, seguimos siendo la región más desigual en el mundo – 0,5 en promedio para la región frente al 0,3 de la OCDE – , y esto tiene que ver con aspectos más estructurales y la forma en que la región se inserta en el escenario internacional, dejando el camino libre para que siga siendo una pequeña parte de la población la que concentra la riqueza generada por el crecimiento.

La variación porcentual del índice de Gini en los períodos que van entre 2002 y 2008, y entre 2008 y 2012, muestra que hay caídas en los índices de desigualdad durante el segundo período superiores a las registradas en el primero. Entre ellos, Bolivia y Uruguay presentan las mayores reducciones, mientras que en Costa Rica, Panamá y el Paraguay la desigualdad se incrementó en los últimos años (ver gráfico. 1).

La cuestión tributaria

La distribución de la riqueza está estrechamente ligada con los sistemas fiscales existentes en los países, por lo que es importante tener en cuenta las políticas que son aplicadas tanto para la captación de los recursos para el fisco como hacia dónde está dirigido el gasto público.

Según la CEPAL, sobre 17 países de América Latina analizados se obtiene que el coeficiente de Gini solo cae en 3 por ciento tras la aplicación de los impuestos directos y el pago de las transferencias monetarias, mientras que en los países de la OCDE este indicador disminuye en 17 por ciento después de la aplicación directa de las políticas fiscales. La mayor parte de esta reducción (63 por ciento) en la región se consigue por las transferencias públicas en efectivo y el restante por el impuesto a la renta, lo que significa que hay mucho que hacer aun en fortalecer la recaudación de los impuestos directos.

“La desigualdad es otro indicador que nos muestra la debilidad de nuestras economías en cuanto a la repartición de los beneficios – o pérdidas – durante los periodos de bonanza. Si bien el índice de Gini ha venido mostrando mejoras para América Latina en los últimos años, seguimos siendo la región más desigual en el mundo.”

Cabe destacar que en países como Argentina, Brasil y Uruguay, la reducción del índice de Gini en mayor que en otros países de la región debido al impacto que tienen las políticas de pensión no contributiva.

ESTRUCTURA PRODUCTIVA
Pobreza. grafico 2Por otro lado, una estructura productiva de mayor complejidad es otro factor que incide en la mejora de la equidad en las sociedades. Se ha constatado que los países con mayores niveles de productividad son los que mejor han logrado reducir las desigualdades debido a la promoción de la diversificación de sus economías y la generación de empleos de mayor calidad. Un ejemplo de ello son los países escandinavos que han sabido combinar políticas de gasto social y de mejora de la productividad en sus economías, lo que los coloca en mejor situación que otros países industrializados que no han seguido el mismo camino (ver gráfico 2).

AQUÍ VA LA FOTO

Pactos para la igualdad: Hacia un futuro sostenible
Las líneas indican la evolución de la productividad laboral y el gasto social entre los dos años considerados (alrededor de 1990 y de 2010). La desigualdad se representa por medio del tamaño de los círculos, que corresponden a los índices de Gini (los círculos mayores indican un mayor nivel de desigualdad).

La posición de los latinoamericanos en el gráfico que compara el gasto social y la productividad laboral, muestra que estamos muy por debajo de los países desarrollados, y a pesar de que algunos países como Brasil y Argentina presentan altos porcentajes de gasto social, esto no es suficiente para alcanzar una mayor equidad.

Mientras nuestras economías sigan estando basadas en la explotación de los recursos naturales y la exportación de materias primas, por más que exista una época de bonanza de precios internacionales y demanda sostenida de los países desarrollados por nuestras exportaciones, esto no nos llevará necesariamente a un cambio en nuestra realidad que cierre las brechas de la desigualdad.

Esto pone de relieve nuevamente la importancia que tiene el impulso de una visión de desarrollo que esté menos acoplado a los mercados internacionales, a través de la ejecución de políticas coordinadas entre los países que, por un lado, promuevan la diversificación productiva de las economías de modo que se generen empleos con miras a la industrialización basada en la tecnología, y por otro, que mejoren la distribución de la riqueza por medio de políticas fiscales progresivas. Solo de esta forma, y en el marco de una mejor cooperación y nueva arquitectura financiera regional, se podrán avanzar en el logro de sociedades más justas.

http://diariouno.pe/2014/10/08/pobreza-y-desigualdad-despues-del-boom/



Categorías:América Latina y el Caribe, Análisis, Economía

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