Perú: Recordando a Eduardo Calderón Palomino, “El Tuno”


El Tuno y la vieja cultura peruana invaden el mundo. Y eso me hace dudar: Quizás a él no lo soñé: fue él acaso el que soñó conmigo, contigo y con todos nosotros allá donde se encuentra ahora, en esa otra tierra de Dios en la que todos los sueños son eternos.


Mi compadre convertido en un cerro

Eduardo Gonzáles Viaña

4322Una mañana, El Tuno apareció en mis sueños en mi casa de Oregon, para hacerme saber su muerte ocurrida en el Perú hacía unos días.

 Lo hizo porque yo había publicado hacía algunos años: Habla, San Pedro. Llama a los brujos, un libro dedicado a contar la vida de este hombre, Eduardo Calderón Palomino, también llamado El Tuno, chamán, ceramista, pecador, cocinero y maestro de escuela, y a describir la gracia, la coherencia y los prodigios de su impar sabiduría.

 De entonces para acá hace décadas que mi compadre –como cariñosamente me designó– no ha parado de hacer noticia. El “National Geographic Magazine”, la mas importante revista de divulgación científica en el mundo le dio una cobertura de decenas de páginas. El antropólogo norteamericano Douglas Sharon publicó con él hasta cuatro libros y filmó un largo metraje dedicado a sus artes de curandero.

 Los artículos y noticias acerca de él bien pueden contarse por millares, y mucho mayor es el número de turistas y curiosos extranjeros que durante todo este tiempo han viajado al Perú y, en vez de tomar el avión al Cusco se han desviado hacia Trujillo para conocer al Tuno.

 Fue en el verano del 78, cuando comencé a entrevistarlo en la playa de las Delicias de Moche, Trujillo.

 El reportaje iba a aparecer en la televisión holandesa, y el libro que terminaría por escribir lo publicaría “Argos Vergara” en Barcelona. Pensando que el público europeo tenÍa una imagen bien diferente acerca de los brujos, se lo dije, y El Tuno no había parado de reírse.

 “¿Cómo dices? ¿Qué los ascetas no trabajan? ¿Asceta, yo? ¿Vegetariano?… Mira, eso debe ser en otros lugares y entre otra gente. Aquí somos muy pobres, y no podemos pasarnos el día meditando”:

 Una proclama rotunda de felicidad envuelve todo lo que El Tuno me contó, y yo narré a mis lectores acerca de los brujos del Norte del Perú, los encantamientos de esa región, la vida cotidiana de un chamán y las diversas formulas de cortesía que usted debe utilizar para acercarse a un San Pedro, hablar con él e iniciar una gran amistad con ese cactus.

 Se trata, como ustedes saben, de un alucinógeno que es empleado para suscitar la visión y la catarsis en las sesiones de brujería. El Tuno me habló de su eficacia terapéutica y me dijo que ese nombre le ha sido dado porque tiene las llaves de la noche y del día, del cielo y de la tierra.

 Gracias a Eduardo, el San Pedro dejó de ser tan solo la rama del cactus que se vende en nuestros mercados para que la gente se lave la cabeza, y comenzó a ser objeto –¿o sujeto?– del estudio de los especialistas. Psiquiatras, médicos, antropólogos e historiadores vieron allí una puerta que podía conducirlos hacia los más diversos caminos.

 Y se recordó su nombre científico –Trichocereus pachanei– al igual que se divulgó sus cualidades e incluso mostró cerámicos de la Cultura Chavín (1200-600 a.C), los cuales sugieren que el alucinógeno jugó un importante rol mágico y ritual desde los albores de nuestra cultura, hace mas de 3 mil años.

 La próxima semana en Italia comienzo a presentar mi libro sobre la vida del chamán. Será en la Feria del Libro de Roma, y luego seguirán otras ciudades.”Don Tuno, il signore dei corpi astrali” es el nombre que lleva en italiano. La traducción ha sido hecha nada menos que por Giulia Spagnesi.

 El Tuno y la vieja cultura peruana invaden el mundo. Y eso me hace dudar: Quizás a él no lo soñé: fue él acaso el que soñó conmigo, contigo y con todos nosotros allá donde se encuentra ahora, en esa otra tierra de Dios en la que todos los sueños son eternos.

http://diariouno.pe/columna/mi-compadre-convertido-en-un-cerro/



Categorías:América Latina y el Caribe

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