Perú: Chungui, un pueblo olvidado por el Estado


La única vía accesible a “Oreja de Perro” es desde la ciudad de Andahuaylas, pero los vehículos llegan solo al puente rústico de Kutinachaca después de tres horas de viaje. Desde este punto, los comuneros tienen que caminar cuesta arriba para llegar a Oronccoy en una caminata de 8 horas.

Chungui. Ayacucho

Pobreza extrema. Toda una familia comparte esta vivienda en la comunidad de Oronccoy. No tienen servicios básicos, ni escuelas, ni carreteras de acceso a la zona.

Elías Navarro

Ayacucho. La República recorrió durante cuatro días las comunidades alto andinas del distrito de Chungui, provincia de La Mar, en plena “Oreja de Perro”. Comprobamos el abandono en que se encuentran estos comuneros que sobrevivieron a la violencia terrorista y a la brutal represión del Estado.

La inclusión es letra muerta para los pobladores de las comunidades de ‘Oreja de Perro’, ubicado en el distrito de Chungui, provincia de La Mar, en Ayacucho.

Según la CVR, Chungui fue el distrito más afectado del país, con el mayor número de víctimas (1,381 personas muertas y desaparecidos que representan al 17% de la población), sin contar las viviendas incendiadas y postas de salud y caminos y destruidos. Sus pobladores sobrevivieron entre dos fuegos: la insania terrorista de Sendero Luminoso y la brutal represión de las Fuerzas Armadas y Policiales. Todo esto provocó un éxodo de pobladores a otras provincias en busca de refugio. Fueron los primeros desplazados.

En 1993 más de 300 comuneros repoblaron los 15 anexos del Centro Poblado de Oronccoy. Para llegar a sus lugares de origen reconstruyeron con sus propias manos el puente Kutinachaca (“puente del retorno”) que había sido destruido por Sendero. Desde este puente se inicia la vía de difícil ascenso a la zona de ‘Oreja de Perro’.

El alcalde de Oronccoy, Braulio Orihuela Taipe, expresó con impotencia y preocupación la desdicha que vive su pueblo a causa de las secuelas de la violencia social. Explica que viven aisladas dedicándose a la agricultura y la ganadería como medio de subsistencia, pues a falta de carreteras no pueden sacar sus productos hacia los mercados.

“Estamos totalmente olvidados y abandonados por el Estado. Sufrimos por tener una carretera. A lomo de bestia llevamos los pocos productos durante viajes de 8 a 12 horas para canjear con sal, azúcar, vela y algunos víveres. Nuestros hijos están sin educación ya que no vienen los profesores. El puesto de salud está totalmente abandonado. A nuestros enfermos los llevamos en chakanas hasta la ciudad de Andahuaylas, y muchas veces mueren en el camino”, dijo Braulio Orihuela.

También señala que a falta de docentes, sus hijos no tienen una buena educación quedando truncos sus aspiraciones y proyectos de vida. Hay una escuela en Oronccoy, pero los escolares vienen de distintos anexos (Santa Carmen, Huallhua, Yerbabuena, Mollebamba, Ninabamba y otros) en una caminata de cuatro horas a pie llevando como fiambre su canchita, su charki y su papa sancochada.

De Chungui a Oronccoy no existe carretera y tienen escasa vinculación con la capital del distrito por ser una zona de difícil acceso.

La única vía accesible a “Oreja de Perro” es desde la ciudad de Andahuaylas, pero los vehículos llegan solo al puente rústico de Kutinachaca después de tres horas de viaje. Desde este punto, los comuneros tienen que caminar cuesta arriba para llegar a Oronccoy en una caminata de 8 horas.

Una vez al mes, los campesinos de los 15 anexos de Oronccoy se ven obligados a bajar al Puente Kutinachaca, donde se realiza la feria, para vender los pocos productos que llevan en acémilas (frijoles, quinua) y con ese dinero comprar víveres: sal, azúcar, velas, conservas de atún, hoja de coca, etc. de los comerciantes que también bajan desde la ciudad de Andahuaylas.

Tierra de muertos 

La violencia terrorista empezó en la zona de “Oreja de Perro” en 1982, cuando SL incursionó y destruyó la comunidad de Chapi. Durante varios años empezaron a hostigar y acabar con la vida de los dirigentes campesinos.

Como resultado de la violencia social que azotó a estos pueblos, en la zona de “Oreja de Perro” hay decenas de fosas clandestinas con restos de cientos de víctimas.

En Occoro vivían 20 familias y tenían una escuela. En 1984 ingresaron los senderistas pretendiendo organizar una base de apoyo. Luego, los militares ingresaron y asesinaron a casi toda la población, quemaron sus chozas y la escuela. Solo el adolescente Rómulo Ramírez Huamán logró escapar.

Diez años después, en 1995, Rómulo Ramírez retornó a Occoro para establecerse con su esposa y sus diez hijos. A su cónyuge Isabel Ccorahua la encontramos en la puerta de su choza. Sus hijos muestran las manos y pies cuarteados por el frío y sus mejillas de color granate. Solo comen papa con sal.

A unos ochenta metros de su choza pudimos observar una fosa común con restos de por lo menos 30 personas asesinadas, a la espera de que las autoridades los exhumen y logren identificar los cuerpos de las víctimas.

“Vivimos entre los muertos. Abandonados por el gobierno. Sufrimos mucho, mis siete hijos estudian en Oronccoy y tienen que ir cuatro horas a pie y a veces no hay profesores. Cuando nuestros hijos se enferman solo curamos con yerbas. El puesto de salud de Oronccoy también está abandonado”, dijo Isabel Ccorahua.

Sin inclusión 

Señaló que a estos pueblos no llegan los programas sociales del Estado: Vaso de Leche, Qali Warma, etc. A falta de los servicios básicos sus hijos estudian con vela y toman agua de riachuelos.

“Solo por la radio escuchamos que el presidente Ollanta Humala inaugura obras en diferentes pueblos, y nos preguntamos: nosotros también somos peruanos, ¿por qué el olvido a este pueblo que ha sido muy golpeado por el terrorismo? Nos respondimos diciendo: también tenemos derecho a vivir como personas, con los servicios básicos, con carreteras, tener puestos de salud. Ojalá el gobierno nos escuche y venga a este pueblo a conocer nuestra realidad”, expresó la campesina Isabel Ccorahua.

Los asesinatos y arrasamiento de los pueblos se produjeron en todas las comunidades. No existió anexo o comunidad que se librara de la intervención terrorista o militar que implicaba las ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, quema de viviendas y escuelas.

Chillihua fue otra comunidad destruida por el terrorismo. Actualmente viven diez familias, quienes retornaron en 1995, pero ellas todavía no pueden cerrar las heridas de la violencia social. Para comprar provisiones tienen que caminar cuatro horas hasta la comunidad de Pallccas, donde también se realiza la feria.

“Por el olvido del gobierno vivimos en la peor pobreza. Nuestros hijos no tienen esperanzas de superación por falta de colegios. Todas las comunidades de ‘Oreja de Perro’ estamos olvidados. Necesitamos carretera, escuelas, puestos de salud, y servicios de agua y luz, sin eso no podemos desarrollarnos ni progresar”, expresó Orlando Castro Baldeón.

Totora también es otro pueblo sumido en la pobreza. En 1985 los militares saquearon el pueblo y asesinaron a los pobladores y quemaron sus rústicas viviendas. Diez años después, 60 familias retornaron para reconstruir su pueblo, pero por la ausencia del Estado también se sienten abandonados.

“Si bien ya no hay matanzas como antes, la pobreza es nuestro principal enemigo que mata de hambre y desnutrición a nuestros hijos”, afirma Romualdo Castro Oscco, dirigente de Totora.

Los mochileros

Desde hace diez años la zona de “Oreja de Perro” se ha convertido en el corredor de los mochileros o “cargachos”, jóvenes que cargan droga en sus mochilas desde las selvas del VRAEM hasta la frontera de Apurímac: distritos de Andarapa, Ongoy y Huaccana.

Por esta zona pasan entre 10 y 25 “cargachos”, pero todos resguardados por senderistas o los denominados “chalequeros”. Cada mochilero lleva en sus espaldas entre 10 y 15 kilos de droga a cambio de un pago de 50 dólares por kilo.

Para los lugareños es común ver o escuchar que han pasado por la ruta un pelotón de mochileros, o también encontrar cadáveres en medio del camino, pero nadie se atreve a denunciarlos por temor a los soplones.

Precisamente, las rutas de herradura que conduce hacia los puentes Kutinachaca, Qanchi, Pichus, Pucapampa, Pumachac y Santa Rosa son utilizadas por los trasteadores de droga.

La mayoría de estos caminos son controlados por los senderistas del clan Quispe Palomino, quienes cobran cupos de guerra a los narcotraficantes.

No obstante, a pesar de estar bien armados, los mochileros tienen que enfrentarse a otra amenaza: los asaltantes que los esperan camuflados para emboscarlos y arrebatarles sus cargamentos de droga. Es como una vendetta entre narcos que, según fuentes de la policía, ha provocado la muerte de 20 mochileros en los últimos meses.

Reclamo edil 

El alcalde de la Municipalidad distrital de Chungui, Elvin Ccaicuri Santi, dijo que la situación de los pobladores de la zona de “Oreja de Perro” es muy preocupante, y la Municipalidad poco puede hacer por ellos, pues solo cuenta con 2 millones 400 mil soles provenientes del FONCOMUN y que únicamente alcanza para la elaboración de perfiles y expedientes técnicos.

Agregó que estos pueblos necesitan la atención del gobierno central con obras de infraestructura vial y obras de desarrollo social productivo.

Precisó que el gobierno central ha ingresado con los Programas Sociales “Juntos” y “Pensión 65”, pero “no ha coberturado en todas las comunidades. A falta de carretera los beneficiarios tienen que caminar durante dos días para cobrar en el Banco de la Nación de Chungui”.

La autoridad edil también señaló que, por la lejanía del lugar, los docentes no acuden a las escuelas o están unos meses y luego abandonan el colegio y la Unidad de Gestión Educativa Local de la provincia de La Mar no resuelve el problema de contrata de los docentes. “Por esta razón, la Municipalidad viene asumiendo la remuneración de los docentes y trabajadores del sector Salud a través del Programa Apoyo a la Educación y la Salud”, manifestó.

Muchos expedientes, nada de obras 

La zona de ‘Oreja de Perro’ abarca las comunidades de San José de Soccos, Sonccopa, Pallqas, Chupón, Totora, Putucunay, Tastabamba, Oronccoy, Chillihua, Occoro, Pallccas, Vacahuasi, Huallhua, Yerbabuena, Ninabamba, Mollebamba y Santa Carmen.

El alcalde distrital de Chungui, Elvin Ccaicuri Santo, reveló que “la Comisión Multisectorial para la Pacificación y Desarrollo Económico Social de los Valles de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Codevraem), mediante el DS 077- 2013, ha viabilizado los perfiles y expedientes técnicos para interconectar a los pueblos de Villa Aurora, Belén, Chape, Pumachaca, Yerbabuena, Mollebamba, Pahuana, Mollebamba, Oronccoy… pero todo quedó en papel. Por eso es que necesitamos apoyo del gobierno regional y el gobierno central para atender la demanda de estos campesinos”.

Los comuneros repoblaron con la esperanza no solo de reconstruir su pueblo y vivir en paz, sino de tener servicios básicos (agua, desagüe, luz y teléfono), tener carreteras, contar con una señal de televisión y electrificación.

No quieren que la funesta historia de los años 80 y 90 se repita

Sin embargo, la falta de carreteras es un verdadero escollo para que puedan salir adelante y cambiar su nivel de vida, y por esta razón, más de 30 comunidades de esta zona altoandina de Chungui continúan postergadas en su desarrollo y viven sumidas en la extrema pobreza.

http://www.larepublica.pe/02-03-2015/chungui-un-pueblo-olvidado-por-el-estado


Categorías:América Latina y el Caribe

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