Hezbolá y la guerra que perdió Israel


Primera publicación:  Con el titulo “Hizbollah and the war Israel lost”, publicado en International Socialism, no. 112 (2006).
Traducción al castellano:  Por Laura Candle, Ernest Álvaro, Luís Vélez y Manel Ros.
Edición en castellano:  Chris Harman, “Hezbolá y la guerra que perdió Israel” / http://www.enlucha.org/site/?q=node/145.
Esta edición: Marzo 2012, gracias a En lucha.

Por primera vez, las fuerzas de defensa de Israel no pudieron sostenerse en una guerra total. — Olivier Roy, del periódico británico ‘The Financial Times’

Lo nuevo, e incluso dramáticamente nuevo de esta campaña, es su resultado. Prontamente los árabes la apodaron la sexta guerra árabe-israelí y, para algunos de ellos, y en efecto para algunos israelíes, ya figura, en sus consecuencias políticas, psicológicas y estratégicas, como quizás la más significativa desde la guerra de la independencia israelí en 1948… Un pequeño grupo de irregulares mantuvo a raya a uno de los ejércitos más poderosos del mundo durante más de un mes, y le causó pérdidas destacables. — David Hirst, veterano corresponsal en el medio oriente, del periódico británico ‘The Guardian’.

LEBANON-HEZBOLLAH-PARADE-ASHURA


Las autoridades militares de Israel hablaban de las “operaciones de limpieza” de sus soldados al sur del río Litani, pero para los libaneses parece que es Hezbolá el que ha estado “limpiando”. Anoche, los israelíes todavía ni siquiera habían podido recuperar el personal muerto de un helicóptero, derribado el sábado por la noche, que estalló en un valle libanés. — Robert Fisk, del periódico británico ‘The Independent’, en el último día de la guerra.

Hezbolá no podría infligir una derrota contundente a Israel, una posibilidad que fue descartada por el evidente desigual número de fuerzas. De la misma manera que hubiera sido imposible para la resistencia vietnamita imponer una gran derrota militar al ejército de EEUU, tampoco podría Israel consolidar una derrota contra Hezbolá. En este sentido, Hezbolá es sin duda el verdadero triunfador político e Israel el gran perdedor en esta guerra de treinta y tres días. — Gilbert Achcar, marxista libanés residente en Francia.

Hezbolá se ha mantenido como era. No ha sido destruido o desarmado, ni siquiera desplazado de donde estaba. Sus luchadores han demostrado su valor en la batalla e incluso se han ganado elogios de soldados israelíes… En Israel hay ahora un ambiente general de decepción y abatimiento. —Uri Avnery, escritor israelí.

La misma conclusión vino de todos los frentes después de la guerra que duró 33 días este verano por parte de Israel contra Hezbolá y Líbano. Lo que empezó como un ataque bastante premeditado por el Estado israelí, con la intención de destruir a Hezbolá, terminó en una humillación para Israel.

Este resultado no solo ha sacudido a los militares israelíes. También fue un golpe tremendo para George Bush y su socio Tony Blair en su intento por rescatar la hegemonía global estadounidense del desastre de su aventura en Iraq. El gobierno estadounidense por lo menos se insinuó en su complicidad con el ejército israelí y es muy probable que estuvieran involucrados en la planificación del ataque que se desató el 12 de julio, según el periodista estadounidense Seymour Hersh.2 Su objetivo era sencillo. Los israelíes iban a asestarle un golpe tremendo a la influencia iraní en el Líbano —y esperaban también golpear la influencia que ejercía Irán sobre los chiíes en Iraq— como parte de la ofensiva contra Irán mismo.

Como dijo Charles Krauthammer en el periódico estadounidense Washington Post:

La derrota de Hezbolá sería una pérdida enorme para Irán, psicológica y estratégicamente. Irán perdería su influencia en el Líbano. Perdería su mayor posibilidad desestabilizadora de introducirse en el corazón del medio oriente. Se pondría en evidencia que había contraído demasiadas obligaciones intentando establecerse como la superpotencia regional.3

Los gobiernos de Israel y de los Estados Unidos de América asumieron que la victoria sería fácil. Hani Shukrallah (el redactor ejecutivo del influyente periódico semanal de El Cairo, Al-Ahram Weekly) ha explicado en detalle cómo lo vieron ellos:

Los cabecillas de Hezbolá parecían ser el blanco perfecto. Un año antes, un gran sector del pueblo libanés se había sublevado contra el poder político y militar de Siria en su país… Washington había encontrado un aliado dispuesto, aunque inusual, en París, el que fuera representante supremo de la ‘vieja Europa’… Los regímenes árabes tenían sus propias razones al esperar que Hezbolá simplemente desapareciera… refunfuñando sobre la amenaza creciente de un ‘arco chií’ entre ellos… Tanta confianza tenían los americanos y los israelíes en el éxito de esta estrategia, que le dieron una semana para funcionar.4

Pero las cosas se desarrollaron de una manera muy diferente:

Una semana se convirtió en dos, luego tres, y Líbano no se agrietaba nada… Diecisiete días después del comienzo del ataque israelí en Líbano, Israel estaba retirando su brigada élite Golani del pueblo del sur de Líbano, Bint Jbeli, que, según ellos, habían tomado una semana antes.5

Lo que pretendía ser un gran avance militar y político para Israel y EEUU se transformó en lo opuesto:

Todos estaban cambiando de tono. Los israelíes, quienes al principio hablaban de aplastar a Hezbolá, ahora estaban hablando de prevenir que cohetes de Hezbolá alcancen pueblos del norte de Israel. La Secretaria de Estado estadounidense Condoleeza Rice, quien había estado literalmente sacando la lengua a la opinión pública mundial mientras Washington continuaba vetando el alto al fuego apenas una semana antes, estaba volviendo a la región y hablando de los ‘grandes sacrificios’ que los dos lados tenían que hacer. Los europeos, que habían estado contentos haciendo la vista gorda, refunfuñando sobre una respuesta ‘desproporcionada’, ahora estaban… hasta dispuestos a salir a condenar la brutalidad y la matanza de ciudadanos… Y los ‘amigos árabes’ tenían problemas —una vez más. Frente a la ira cada vez más intensa de su pueblo, ahora estaban revoloteando unos encima de otros con el afán de encontrar una retórica impactante y a la vez florida con la cual expresar su condena contra el Estado de Israel.6

No podría haber contraste más importante con las anteriores guerras árabe-israelíes. Éstas mostraron victorias rápidas para las fuerzas israelíes, con los ejércitos árabes rápidamente pidiendo tregua. La guerra de 1967 fue el ejemplo más claro, viendo a las fuerzas israelíes aplastando tres fuerzas árabes en seis días, tomando el control de Cisjordania, la franja de Gaza, los altos de Golan (los cuales retienen después de 39 años) y la península del Sinaí (la cual devolvieron a Egipto después de un acuerdo de paz en 1977).

Para toda una generación de nacionalistas árabes la derrota de 1967 fue la muerte de un proyecto que buscaba la independencia del imperialismo y la liberación de Palestina. Ahora se trata de un ejército árabe que ha salido victorioso.7 Las consecuencias de este hecho para el medio oriente en su totalidad pueden ser inmensas.

Detrás de la victoria de Hezbolá

Había dos razones principales para la facilidad de Israel de vencer en el pasado, además de la superioridad general de sus armamentos (debido a la inmensa ayuda militar por parte de EEUU desde el principio de los años cincuenta): 8

Los soldados del ejército israelí estaban mucho más entregados a su trabajo que sus opositores árabes. Habían tomado posesión de tierras ajenas y estaban convencidos de que no tenían otra opción que la de luchar para mantenerlas. Hasta este punto mostraban las características de un ejército del pueblo, a pesar de su situación privilegiada con respecto a los árabes. En cambio, los ejércitos de las naciones árabes consistían en dos grupos que presentaban poco interés en luchar seriamente, como señaló Tony Cliff en los tiempos de la Guerra de 1967.9 Al cuerpo de oficiales le preocupaba más mantener su privilegiado estatus social en sus propios estados que el hacer sacrificios en nombre del pueblo palestino. Y la gran mayoría del campesinado no esperaba que lucharan a muerte en defensa del derecho a sus tierras, sabiendo que a duras penas tenían este derecho en sus propios países.

El ejército israelí, que consistía en su mayoría de colonizadores cultos, era mucho más hábil en el uso de armamento sofisticado y moderno que los ejércitos árabes, ya que estos se componían principalmente de reclutas campesinos con poca educación.

Las cosas fueron diferentes para ambos frentes en la guerra de este verano.

Hezbolá no estaba conformado por un gobierno establecido y dirigido por miembros de un grupo privilegiado que se interesaba principalmente por avanzar en su posición social. En cambio, éste se formaba desde abajo, por gente que reaccionaba frente a las experiencias de opresión por parte de otros grupos de la sociedad libanesa y por la ocupación militar de las fuerzas israelíes en 1982 y después. Fue forjado en las luchas por gente que tiene claro que lucha por mantener lo que ha conseguido, por poco que en algunos casos parezca.

Al mismo tiempo, décadas de avance lento en la educación significan que hoy miles de personas salen cada año de las universidades árabes con las habilidades técnicas necesarias para manejar armas sofisticadas. Como señala el libro de un miembro de Hezbolá: Con una presencia creciente de miembros cultos se volvió posible emplear las ventajas del uso de ordenadores, comunicaciones y varias tecnologías en la ingeniería moderna.10

Esto ha permitido a Hezbolá combinar la flexibilidad descentralizada de ‘una fuerza guerrillera’ y la sofisticación de un ejército nacional, usando armas como el misil anti-buques Noor C-802 de orientación por radar (una imitación iraní del ‘silkworm’ C-802 chino) que atacó un buque de guerra israelí el 14 de julio.11

Mientras que finalmente una fuerza árabe con estas características ha surgido, el ejército israelí ha perdido algunos de sus puntos decisivos. La sociedad colonizadora del pasado, con el compromiso de crear una nueva sociedad en tierras ajenas, ha dado paso a una sociedad dominada por segundas y terceras generaciones, las cuales no han experimentado ningún sentimiento de amenaza a su bienestar durante cuatro décadas. Estos nuevos colonos (como el millón de rusos, de quienes muchos hacían dudosas afirmaciones sobre sus orígenes judíos12) vienen a disfrutar de los beneficios de esta sociedad establecida, y no a luchar por construirla. Han sido llamados a filas para participar en la ocupación de Cisjordania, pero eso ha implicado el bombardeo de civiles desde la seguridad de las garitas, no una lucha verdadera.

El antiguo ministro israelí Yossi Sarid ha sostenido:

Las fuerzas de defensa israelíes (FDI) no estaban realmente preparadas para esta nueva guerra en Líbano… En vez de funcionar y prepararse como un ejército, el FDI se desplegó en la zona y ha estado comportándose como una legión extranjera o casi una fuerza policíaca… Se les dijo a los soldados jóvenes y oficiales durante los años de la intifada que estaban en guerra… Pero cualquier similitud entre las luchas en los territorios y la guerra es como mucho insuficiente… Intentos por detener a terroristas buscados por rodear una casa, eso no es guerra; asesinatos selectivos, eso no es guerra; asaltar fábricas, eso no es guerra; inclusive sitiar la oficina central de Yasser Arafat en Ramallah no es una campaña militar que será conmemorada en los libros. Casi todo lo que pasa en los territorios ocupados, desde el día en que el FDI los ocupó, ha sido realmente solo una forma plástica o lujosa de guerra.13

El resultado fue que después de fracasar en su intento de someter a Hezbolá mediante la creación de terror con el bombardeo aéreo de blancos civiles, las fuerzas israelíes entraron en Líbano por la fuerza con sus tanques, y sus soldados encontraron que eran blancos fáciles para los misiles antitanques de Hezbolá. De trabajar con EEUU y Gran Bretaña para evitar una llamada al alto el fuego por parte de la ONU en los primeros días del conflicto, pasaron al suspiro de alivio un mes después, frente al empuje por parte de EEUU y Francia a la resolución 1701 con la promesa de una intervención militar internacional que buscaba conseguir lo que los israelíes hasta entonces no habían hecho: frenar toda actividad de Hezbolá en la zona entre la frontera israelí y el río Litani.

Las razones del éxito de Hezbolá

Un miembro de Hezbolà explica los mayores éxitos militares de esta organización, comparados con anteriores etapas de la resistencia árabe a Israel, basándose en dos cosas: la creencia de ‘los luchadores’ en la causa14 y el hecho de no encontrarse ‘atrapados’ por subordinación a la política de ningún régimen político.15

Pero no fue solamente por estar dirigidos por gobiernos la razón por la cual los ejércitos árabes anteriores fracasaron en resistir las agresiones israelíes. Fue porque los gobiernos y sus ejércitos reflejaban la composición de clase de las sociedades a las que pertenecían. Los ejércitos que lucharon y fracasaron en 1948 eran los ejércitos de regímenes que representaban los intereses de las antiguas clases latifundistas feudales, impuestas por las potencias coloniales occidentales —con el ejército más efectivo, el de Jordania, recibiendo órdenes de oficiales británicos. Los intereses divergentes entre las diferentes clases dirigentes significaron que no había coordinación estratégica ni militar, y la guerra fue tanto un disputa entre ellos para apropiarse de tierra palestina como una batalla contra los israelíes.

Cuando llegó la guerra de 1967, movimientos revolucionarios y golpes militares habían reemplazado esos regímenes con otros que estaban comprometidos verbalmente con el nacionalismo árabe, y que hablaban sobre una sola nación árabe ‘del Atlántico hasta el Golfo’ que representaría los intereses de la mayoría de la población. Se efectuaron reformas sustanciales, con la desintegración de los grandes latifundios y la nacionalización de gran parte de la industria. Pero a la larga fueron reformas que defendieron los intereses de la clase de donde provenían los militares que las dirigían, un sector de la clase media que aspiraba a la movilidad social ascendente y que avanzaba en sus propios intereses por medio del estado. Esto se reflejaba en el comportamiento de la mayoría del cuerpo de los oficiales mismos, quienes mostraban mucha menos dedicación, valor o competencia que en 1948. Y por mucho que usaban una retórica sobre ‘la nación árabe’, sus propios intereses de clase eran la prioridad, unos intereses estrechamente vinculados con el avance de su propio estado particular y no con una lucha unida y coordinada contra Israel. Esto se reflejaba en una ineptitud estratégica y táctica y una falta de voluntad de involucrar al ejército israelí en formas de lucha guerrillera que pudieran perjudicar sus propios intereses materiales.

Al escribir casi inmediatamente después de la derrota de 1967, Tony Cliff comparó el enfoque catastrófico del más importante de los regímenes nacionalistas árabes, el de Nasser en Egipto, con el enfoque del Frente Nacional de Liberación de Vietnam contra EEUU:

La fuerza de todo movimiento de liberación anti-imperialista está en manos de las masas de trabajadores y campesinos movilizada, está en su propia actividad por un lado y la correcta elección del punto débil en la cadena imperialista por otro. De ahí que el Frente Nacional de Liberación de Vietnam (FNL) tuviera toda la razón en depender de grupos y ejércitos guerrilleros numerosos. El potencial de fuerza del movimiento anti-imperialista árabe reside en la masa de trabajadores y campesinos. Sus blancos de ataque deben ser los yacimientos petrolíferos, los oleoductos y las refinerías. Los campesinos deberían realizar una reforma agraria revolucionaria, creando así la base para una guerra de guerrillas. La confrontación militar de Nasser con Israel es precisamente opuesta a las políticas y las tácticas del FNL.16

Los regímenes nacionalistas árabes, como regímenes clasistas vinculados al capitalismo, no fueron capaces de implementar el tipo de guerra que se necesitaba para derrotar a Israel y sus patrocinadores imperialistas. Y una vez que habían fracasado en su intento de derrotar a Israel por tercera vez en la guerra de ‘Yom Kippur’ de 1973, a pesar de algunos éxitos iniciales, establecieron una lógica y, uno después de otro, llegaron a acuerdos con el imperialismo e inclusive, en el caso de los sucesores de Nasser en Egipto, con Israel.

La trayectoria de Hezbolá ha sido diferente, no porque no sea un estado, sino porque surgió de una organización de lucha desde abajo.

Los chiíes de Líbano fueron históricamente el sector más reprimido del país. Esto no significaba que eran todos campesinos o trabajadores. Había siempre un puñado de familias muy adineradas y una capa de dependientes, comerciantes y profesionales de clase media. Pero una proporción mucho mayor de los chiíes pertenecía a las clases bajas, como era el caso de los otros grupos religiosos del país —fueron “sobre representados entre la clase trabajadora en los sectores subdesarrollados de la industria y la agricultura.”17 Incluso la clase media se encontraba exprimida por la estructura del estado legada por el imperialismo francés, que dividía el poder político entre los líderes de los cristianos maronitas, los musulmanes sunítas y los Druze. En la época de la independencia de los franceses, el 40 por ciento de los cargos más altos de la administración pública eran maronitas, 27 por ciento Sunita y solo 3,2 por ciento Chií,18 y tanta discriminación se mantuvo vigente, aunque en proporciones menos descaradas, hasta el acuerdo Tarif, el cual detuvo la guerra civil del país en 1989.

Dos elementos tuvieron que ver en el surgimiento del movimiento de Hezbolá. El primero fue la manera como la revolución iraní de 1979 trajo al poder a un régimen dirigido por clérigos chiíes. Algunos del clero chií en Líbano tenían vínculos íntimos educacionales y familiares con los vencedores en Irán y estaban inspirados por su ideología de dominar la represión y la pobreza por medio de la creación de una ‘comunidad’ islámica que unía los ricos y los pobres, acabando con la avaricia y la atomización que eran provocadas por ‘influencias occidentales’. Buscaban provocar un cambio, combinando el predicar religioso con el establecimiento de “un movimiento socio-político con la misión principal de aliviar la pobreza”, sobretodo en el sur del Líbano, el Bekaa del este, y “municipios de miseria alrededor de Beirut.”19

El segundo fueron las invasiones israelíes de Líbano en 1978 y 1982, que tenían el objetivo de aplastar a los palestinos. Pronto quedó claro que la población libanesa local, compuesta mayoritariamente por chiíes, era la más castigada por la ocupación israelí. El clero chií radical empezó a trabajar en el valle Bekaa con un gran despliegue de Guardias Revolucionarios iraníes para crear una organización guerrillera capaz de ofrecer resistencia a la ocupación israelí.

La formación no fue solamente militar. Presentaba un contenido religioso muy alto, y tenía el objetivo de crear una intensa dedicación a la lucha. Según un informe:

Los luchadores de Hezbolá tienen que sufrir la gran jihad, esto es, una transformación religiosa espiritual, si quieren llegar a dominar la jihad menor, es decir, una lucha armada que requiere el martirio. En la superación de sus deseos personales y mortales, por la aceptación de las virtudes del martirio, los luchadores de Hezbolá han podido provocar miedo y pánico entre sus enemigos”.20

La voluntad de aceptar el martirio se consideraba esencial para la lucha —el desequilibrio del poder provocado por la superioridad armamentística de los israelíes solo podría ser igualado por medio del martirio.21 Un compromiso religioso muy profundo por parte de los chiíes era necesario para establecer la mentalidad requerida. Pero los ataques suicidas no eran la forma de lucha predominante ni mucho menos.

La prioridad se encuentra en los métodos que no requieren el martirio… Solo doce operaciones ejecutadas mediante coches bomba fueron registradas. La mayoría de martirios fueron mediante operaciones fuera de lo común, donde las muertes eran un resultado esperado.22

La clave de la estrategia de Hezbolá contra la ocupación del sur de Líbano por parte del ejército israelí desde 1982 hasta el año 2000, era atacar al enemigo de forma imprevista y no entrar en luchas supuestamente heroicas pero en realidad desastrosas si tenían lugar bajo las condiciones del enemigo. Así, el número de operaciones aumentó de 100 en 1985-89 a 1.030 en 1990-95, luego a 4.928 en 1996-2000,23 cuando la confusión entre las tropas israelíes a la hora de retirarse le dio un enorme empuje a la popularidad de Hezbolá. Fuentes afirman que hace tres años Hezbolá tenía “20.000 luchadores y 5.000 agentes de seguridad.”24

Tanta ha sido su popularidad que han tenido a no-chiíes queriendo participar en sus actividades de resistencia, y han creado grupos guerrilleros especiales para ellos —aunque aseguran que el control global está en manos de los ‘devotos’. Según Hamzeh, la corriente islámica de Hezbolá incluye a grupos de suníes que coordinan sus actividades con Hezbolá, además de las Brigadas de Resistencia Libanesas, que incluyen a islámicos y no-islámicos.25 En la guerra de 33 días también coordinó sus actividades con grupos de resistencia independientes, como por ejemplo los que son dirigidos por el Partido Comunista Libanés.

Si Hezbolá no comenzó únicamente como una organización militar, hoy en día es mucho más que eso. Su red social de clínicas, hospitales, escuelas y becas educativas para la comunidad se ha expandido considerablemente, incluso hasta, según algunas fuentes, es mayor que la del estado libanés en algunos suburbios en la parte sur de Beirut, en el Valle de Bekaa y en el sur del Líbano.26 De sus unidades médicas, por ejemplo, se dice que atienden a medio millón de personas por año. Y con el fin de consolidar su apoyo, ha pasado de proveer ayuda únicamente a la comunidad chií a abrigar a algunos sunitas, cristianos y druzas en sus localidades.

Gestionan un canal de televisión, llamado al-Manar, el cual tiene un ambiente corporativo con varios cientos de empleados27 y sus grupos sindicales tienen representantes en la Federación Laborista Libanesa, la Unión de Trabajadores Libaneses, la Unión de Agricultores Libaneses, la Asociación de Facultades de la Universidad de Líbano, la Asociación del Sindicato de Ingenieros y la Asociación Estudiantil de la Universidad de Líbano.28

Es esta red de actividades y organizaciones de alta acogida la que explica el grado de apoyo popular que ha construido, el cual le ha permitido operar bajo las mismas torrecillas de los tanques israelíes. Esta red también les ha permitido penetrar en el mismísimo nido de las instituciones públicas libanesas, con influencia sobre las autoridades locales, sus ministros y, desde el año pasado, dos miembros del gabinete.

Consecuentemente, esto implica dos diferentes tipos de compromisos.

Los primeros son respecto a sus fundamentos religiosos. Lo chiíes son una minoría en la sociedad libanesa, aunque sean actualmente la minoría mayor, ya que hay otras fuerzas políticas entre los chiíes aparte de Hezbolá. Para incrementar la influencia de su organización en semejantes condiciones y a la vez evitar someter al país a otra guerra civil sectaria, el liderazgo de Hezbolá ha dejado de lado su insistencia en un estado islámico chií, mediante la cual fueron fundados bajo la influencia de Jomeini.29

El historiador sobre la organización de Hezbolá, llamado Qassem, cita el Corán oponiéndose a la coacción en la religión y argumenta que, seguidamente, “la creación de un estado islámico no es un proceso de carácter adoptivo por parte de un solo grupo o rama y una imposición consecuente para otros grupos. Hezbolá, según él escribe, hace un llamado a la implementación del sistema islámico basado en la directa y libre elección por parte del pueblo y no mediante la imposición por la fuerza… y que creemos que nuestra experiencia política en Líbano ha demostrado un patrón en armonía con una visión islámica dentro de una sociedad mezclada, de un país que no sigue una manera de pensar islámica.”30 En las elecciones municipales Hezbolá hizo hincapié en problemas económicos y sociales “e introdujo a sus candidatos de una manera no sectaria, enfatizando la honestidad y la seriedad en las labores municipales.”31

Esto no significa que Hezbolá se haya transformado a sí misma en una organización liberal y de mente abierta. Anteriormente han usado su armamento para lidiar con quienes se les han opuesto, como fue el caso, a principios de los años ochenta, de la Resistencia Comunista y de su rival chií denominado Amal, (aunque muchos activistas comunistas se les unieron poco después y hoy en día colaboran con estas organizaciones) y sus líderes siguen comprometidos con una visión religiosa y hacen lo posible para que se acepten sus planteamientos, como el velo para las mujeres, en las zonas que controlan. Intentan administrar estos territorios usando su propia versión del sharia, la cual otorga un peso enorme al papel de los jueces islámicos en la mediación de conflictos, con la intención de romper con las antiguas tradiciones de venganzas entre familias.32

Pero el hecho de que sus líderes intenten conectar con los no chiíes y hasta con fuerzas no religiosas para poder enfrentarse al ‘Gran Satán’ de EEUU y al ‘Pequeño Satán’ de Israel, entra en contradicción con el estrecho punto de vista religioso con el que empezaron, y en el pasado ha sido uno de los factores que provocaron divisiones entre la dirección de Hezbolá.33 Es una contradicción que crecerá a medida que la resistencia no chií y no musulmana al imperialismo crezca a nivel internacional.

De todas formas, esta contradicción está conectada con acuerdos de otro tipo —con el Estado libanés, los otros partidos políticos del país, incluidos los alineados con el imperialismo y los otros estados árabes. El sistema político libanés se mantiene sobre acuerdos donde los líderes políticos de cada grupo religioso hacen tratos con los líderes de otros grupos para poder conseguir suficiente apoyo del Estado para mantener la lealtad de sus seguidores. En este tipo de sistema puede haber muchos conflictos entre los diferentes partidos, incluidos conflictos armados, sin que la esencia del sistema político y económico nunca se ponga en duda. Después de denunciar este sistema durante los primeros días de su existencia, Hezbolá ha preferido unirse a él. Esto ha supuesto acuerdos electorales, no sólo con la izquierda anti-imperialista, sino también con la derecha pro-imperialista. En las elecciones han ido en listas conjuntas con el Partido Comunista en Nabatiyyah y Tyre —pero en Beirut se unieron a las listas formadas por Saad Hariri, el multimillonario conectado con Arabia Saudita, hijo del primer ministro asesinado Rafic Hariri. Justificaron el acuerdo con oponentes políticos e ideológicos para mantener el balance entre sectas religiosas.34 Los pactos más recientes han sido con el que fue general y primer ministro maronita en la última etapa de la guerra civil en los años 80, Michel Aoun. Se dice que estos pactos protegieron un poco a Hezbolá durante la confrontación con Israel. Aoun, para progresar en su propia ambición para ser presidente después de 15 años de exilio, proporcionó algo de apoyo a Hezbolá, por ejemplo, organizando la estancia de miles de refugiados en pueblos cristianos de Monte del Líbano. Pero el bloque pro-occidental de Hariri que domina el gobierno, puso sus esperanzas en que Israel acabara con Hezbolá, para que ellos mismos pudieran tomar control del sur del país. 35 La protección real de Hezbolá vino de su amplia base social y de su habilidad de luchar —si eso hubiera fallado en algún momento, muchos de sus ‘aliados’ los hubieran apuñalado por la espalda en nombre de sus amigos de Washington, París o Riyadh. Lo que sin duda hacen estos tratos es reducir su habilidad para actuar.

Solían votar contra los presupuestos de Rafic Hariri porque decían que veían al gabinete libanés actuar como un ‘consejo de dirección’ —con Hariri tratando al país como si fuera su propio negocio.36 Al unirse al Gobierno el año pasado, optó por aceptar esa manera de gobernar. Esto debilitará la habilidad de Hezbolá de conseguir mejoras en las condiciones de vida de los más pobres, que ha sido lo que le ha proporcionado una fuerte base social y socavar la influencia que varios políticos sectarios ejercen sobre sus seguidores. Hezbolá puede ser que consiga implementar ciertos servicios sociales a través de sus propias redes de caridad. Pero no podrán ser un substituto para el tipo de servicios que deben ser proporcionados por el estado a causa de su compromiso con el capitalismo neoliberal.

Este tipo de tratos políticos también ha recortado la capacidad de Hezbolá de seguir la lucha contra el imperialismo y el capitalismo como a ellos quizás les gustaría. En el escenario de la guerra de los 33 días hubo una gran presión sobre Hezbolá para firmar un acuerdo de tregua final, el cual finalmente concedió. Pero eso dejó a las fuerzas israelíes en Líbano, y el bloqueo israelí intacto, y permitió la entrada en el país de fuerzas de Francia —aunque el Gobierno francés había acordado con EEUU que Hezbolá debía ser desarmada. El líder de Hezbolá, Nasrallah, decía que “Nos enfrentamos a los razonables y posibles resultados naturales de la enorme firmeza que los libaneses han expresado desde sus diferentes posiciones.”37

El Gobierno pro-americano estaba en ‘peligro de colapsar’ al esperar una rápida victoria de Israel. Su “propia supervivencia dependía de Hezbolá. El partido no ve otra alternativa que la de ‘ampliar el consenso’. Aunque desde la victoria de Hezbolá el Gobierno de Sinhora ha estado trabajando duro para bloquear y dinamitar el esfuerzo de reconstrucción mientras aceptaban dinero de EEUU… El ejemplo más reciente es el veto del Gobierno a las ayudas para los que se quedaron en paro durante la guerra —una medida propuesta por el ministro de trabajo, representante de Hezbolá en el Gobierno.”38

Pero no solo está comprometido en el ámbito doméstico. Hezbolá se ha apoyado durante mucho tiempo en su alianza con Siria. Naim Qassem, reflejando la postura oficial de Hezbolá, argumentaba que “es una cuestión natural que las visiones de Hezbolá coincidan con las de Siria, ya que nadie está a salvo de la ambición de Israel; ya que cree en la existencia de relaciones estratégicas entre Siria e Irán desde la revolución islámica y que la relación con Siria es “la piedra angular para afrontar mayores obligaciones regionales.”39 Pero está claro que el régimen de Siria no está motivado por ningún principio anti-imperialista —ni tan siquiera anti-sionista. De buena gana trabajó para ayudar a EEUU en la primera Guerra contra Irak. Antes de eso, en 1976, intervino en Líbano para evitar la alianza de la izquierda y los palestinos para salir victoriosos en la primera fase de la Guerra Civil y más tarde, en la mitad de los 80, siguió la política de evitar el restablecimiento de bases armadas palestinas en el sur. Qassem admite: “Siria masacró a 27 miembros del Partido [Hezbolá] cuando entró en Beirut para parar la Guerra Civil en 1987.”40 Es un secreto a voces que Siria estaría dispuesto a hacer un trato con Israel (y EEUU) mañana mismo si se le devolvieran los Altos del Golán, ocupados por Israel desde 1967.

Pero Hezbolá no solo se fija en Siria. Qassem es inflexible al afirmar que ningún estado árabe, por muy comprometido que esté con el imperialismo y el sionismo, ha de ser derrocado. Solo “necesitan adoptar una serie de cambios dirigidos a alcanzar la reconciliación con su pueblo41 y las fuerzas sociales en activo necesitan trabajar rápidamente y contribuir a la transformación positiva a través de medios políticos, lejos del conflicto armado.”42 Pero “cualquiera que tome el slogan de liberar a los régimen árabes como prerrequisito para liberar Palestina está en el camino equivocado y solo complica más la tarea de la liberación.”43

En línea con este enfoque:

Hezbolá acogió con agrado la implicación de Qatar en el sur. A los qataríes, a pesar de sus cercanas relaciones con EEUU e Israel, se les ha dado luz verde para reconstruir el sur. Esto vendrá con una etiqueta con precio político. Ha habido muy poca condena a Egipto o Arabia Saudí desde las bases del partido —aunque sí de mucha gente cercana a él.44

Una lección del pasado

Ningún ejército árabe ha conseguido tanto como lo que consiguió Hezbolá durante la Guerra de los 33 días. Pero esta no es la primera vez que una guerrilla con suficiente capacidad se ha levantado para luchar de una forma que los Estados árabes no pueden hacer. Ese movimiento emergió durante la formación de la Organización por la Liberación de Palestina (OLP) durante la derrota de 1967,44 no solo con el apoyo de palestinos, sino con activistas provenientes de todo el Oriente Próximo, los cuales la veían como un polo de atracción después del fracaso de los regímenes árabes, tanto de los nuevos como de los viejos, de tipo nacionalista. Un estudiante palestino usando el nombre de Ibrahim Ali escribió a principios de 1969:

La guerra de junio ha expuesto hasta cierto punto la corrupción y la bancarrota de estos regímenes, ha forzado a los palestinos a hacer una nueva evaluación de su posición frente a estos estados… Esto se ha manifestado en un masivo apoyo popular hacia las organizaciones guerrilleras, que operan de forma independiente de los gobiernos árabes.46

Fatah fue capaz de canalizar este sentimiento y tomar el liderazgo del movimiento palestino a través de una remarcable victoria sobre las fuerzas israelíes en marzo de 1968, solo nueve meses después de la derrota de 1967. Los israelíes lanzaron un gran ataque sobre la población jordana de Karameh, donde Fatah tenía su cuartel general. La resistencia de la guerrilla contuvo el ataque israelí el suficiente tiempo para implicar al ejército jordano en la batalla, que dejó 28 israelíes muertos, 80 heridos y la pérdida de 4 tanques.47

Pero Karameh sólo fue un éxito pasajero. La victoria se dio gracias a que los israelíes avanzaron en una zona donde los palestinos ya estaban armados y a la implicación del ejército regular jordano. No proporcionó un enfoque capaz de enfrentarse al ejército israelí a través de Jordania y en la misma Palestina. Como Ibrahim Ali dijo correctamente:

Los ataques de las guerrillas… no han ido acompañados del establecimiento de bases de la guerrilla en los territorios ocupados por Israel. Esto solo se puede explicar en base a la vigilancia israelí y su política masiva de represalias. Muchos funcionarios de Cisjordania recibían dobles salarios (de los jordanos y de los israelíes). El tráfico comercial regular entre el la zona este y oeste de Cisjordania continuaba mientras Israel bombardeaba con Napalm poblaciones árabes. Israel está usando una política de doble filo —masiva represión por un lado y concesiones por el otro. Ninguna organización guerrillera ha puesto en marcha un programa democrático bi-nacional palestino, aunque todos hacen un llamamiento a toda lucha armada no-sionista.48

Solo habría habido una manera para las organizaciones guerrilleras palestinas de cambiar la relación de fuerzas a su favor. Ésa habría sido ayudar a llevar a cabo un cambio revolucionario en alguno de los países árabes fronterizos con Israel. Existían grandes posibilidades de conseguirlo, especialmente en Jordania. La monarquía era cada vez más inestable, su ejército había perdido la mitad de su tierra fértil a manos de Israel (Cisjordania fue parte del reino de Jordania en 1967) y más de la mitad de la población en la zona bajo control jordano era palestina. Su debilidad se mostró por la manera en que se vio forzada a permitir el liderazgo de la OLP por parte de Fatah, la cual operó virtualmente como un estado dentro del estado. Pero en vez de organizar un derrocamiento revolucionario de la monarquía que había sido impuesta por los británicos y que había llevado a cabo tratos secretos con los israelíes para la partición de Palestina en 1947-48, la dirección de Fatah siguió una política de ‘no intervención’ en Jordania. Enfrentada con la cuestión de qué hacer con los estados árabes reaccionarios, hasta las figuras más a la izquierda en Fatah usaron el refrán árabe para decir que no había ninguna necesidad de recoger la fruta de un árbol cuando una tempestad estaba a punto de agitarlo, y la tempestad sería la derrota del sionismo.49 Mientras tanto la OLP buscaba fondos entre los varios estados árabes, incluyendo las más reaccionarias monarquías en el Golfo, y adaptó sus políticas en consecuencia.

Las consecuencias se vieron cuando la monarquía jordana decidió echar a la OLP del país en el Setiembre Negro de 1970. Incluso en medio de esos ataques, en vez de seguir una estrategia revolucionaria diseñada para romper la lealtad de los soldados jordanos con su monarquía, la dirección de Fatah acordó varias treguas temporales que permitieron a la monarquía reforzar la disciplina en sus fuerzas armadas antes de empezar un nuevo ataque. En medio de la catástrofe, el líder de Fatah, Yaseer Arafat, fue fotografiado abrazando al rey de Jordania, Hussein, como un ‘hermano árabe’.50 Hussein le correspondió forzándole a él y a sus fuerzas a salir del país en una mejor posición para organizar una guerra de guerrillas en Israel.

El comportamiento de Fatah solo puede comprenderse si entendemos las relaciones de clase. Aunque había una enorme identificación con Fatah por parte de la gran mayoría de campesinos, trabajadores y refugiados palestinos, estaba dirigida política y militarmente por miembros de las clases medias, muy similares en sus actitudes a aquellos que dominaban los gobiernos nacionalistas árabes. Arafat y los otros líderes de la guerrilla eran los típicos palestinos profesionales —ingenieros civiles y parecidos— que habían empezado carreras en los ricos estados petroleros del Golfo. Fatah estaba organizada de forma jerárquica, con gente de procedencia similar al mando y recibiendo salarios muchas veces por encima de los luchadores corrientes. Y la gente que procedía de esta clase social dio por hecho que tenía que apelar políticamente a las clases medias y altas palestinas, oponiéndose a la ocupación israelí pero sin desafiar las relaciones de clase de sus propios privilegios tanto en Palestina como en el exilio.

Una lógica similar surgió después del Septiembre Negro, cuando la OLP estableció una base en el sur de Líbano. La posibilidad para una acción revolucionaria apareció en 1975, cuando las fuerzas palestinas y la izquierda libanesa se unieron en un movimiento basado en la lucha contra las privaciones sociales y económicas que estuvo a punto de derrocar al régimen. La intervención siria, apoyada por EEUU, fue necesaria para derrotar al movimiento. Después de eso, de todas formas, el control de la OLP del sur de Líbano tomó algunas de las características de una ocupación extranjera, con alegaciones de represión, acoso a la población local y bandidaje. Una organización palestina de clase media que funciona de arriba a abajo no podía gobernar de manera que no pisoteara los intereses de los que estaban por debajo.

Finalmente, cuando la primera Intifada de 1987-90 forzó a los israelíes a negociar seriamente, estaba preparada para establecer su poder en territorios aislados en Cisjordania y Gaza. Tenían la esperanza de poder tener, a una escala más pequeña, la posibilidad de usar el Estado para hacer avanzar sus intereses, de una forma que no se hubiera podido llevar a cabo a gran escala sin un desafío revolucionario a través de todo el mundo árabe. Su intento no solo dejó a Israel las manos libres para expandir sus asentamientos, sino que también provocó la formación de instituciones palestinas casi estatales que se hicieron famosas por su corrupción, incompetencia y represión, como si todos los defectos de los regímenes árabes se hubieran concentrado en el intento por parte de la OLP de imitarlos en los pequeños enclaves donde tenía permitido actuar.

Las relaciones de clase de Hezbolá

Hezbolá, al confiar en sus tratos con su propio estado y al rechazar una propuesta revolucionaria para los otros estados, corre el peligro de ir por el mismo camino que recorrió la OLP unos años atrás. Si lo hace, su victoria del pasado verano no se traducirá en una estrategia activa para enfrentarse a la dominación por parte del Estado de Israel de los palestinos o a los planes imperialistas para toda la región.

Hasta ahora la manera de funcionar de Hezbolá la ha ligado a acuerdos y compromisos. Las redes de organizaciones de ayudas sociales que son tan importantes a la hora de cimentar su base popular no han salido de la nada. Tienen que ser financiadas. La financiación viene principalmente de dos fuentes: del estado de Irán, dentro del cual hay influyentes fuerzas políticas que harían un trato con EEUU si Irán fuera aceptado como un poder regional significativo, y de la clase media chií con intereses en negocios fuera y dentro de Líbano. De acuerdo con Hamzah, se mantiene con “donaciones individuales, de grupos, tiendas, compañías y bancos, al igual que sus homólogos en países como EEUU, Canadá, América Latina, Europa y Australia, y las inversiones en los negocios de Hezbolá, que saca ventaja de la economía de libre mercado del Líbano con docenas de supermercados, gasolineras, tiendas, restaurantes, constructoras y agencias de viaje”.51

No debe sorprendernos que una organización que dependa tanto de su funcionamiento dentro del capitalismo en la realidad acepte un programa económico ‘conservador’52 en casa y rechace el derrocamiento de los gobiernos árabes vecinos. Uno se acuerda del grado en que el radicalismo social del IRA/Sinn Fein se moderó a causa de la dependencia del dinero proveniente de prósperos partidarios en EEUU aunque proseguía con la guerra de guerrillas en Irlanda del Norte.

Pero trabajando dentro del sistema Hezbolá se arriesga a otras consecuencias, como le pasó a la OLP. Sus compromisos implican a los clérigos anti-imperialistas y anti-sionistas en lo alto de la organización, dependiendo de una capa de profesionales de clase media muy móvil para sostener sus redes políticas. Los candidatos o listas apoyadas por Hezbolá en 2004 consistían básicamente en individuos de profesiones como ingenieros, doctores, abogados y hombres de negocios.53 Con este tipo de gente dominando la implantación práctica de su política, quizá no es tan sorprendente que las demandas económicas y sociales en su programa de acción para las elecciones locales fuera a duras penas más radical que el del nuevo laborismo de Tony Blair en Gran Bretaña:

Animar a los ciudadanos a jugar un papel más activo en el proceso de selección de los proyectos de desarrollo; Aumentar las funciones y el poder de los municipios en el suministro de educación, sanidad y aspectos socioeconómicos; Involucrar a gente cualificada en los proyectos de desarrollo; Financiar proyectos de desarrollo desde los ingresos municipales y las donaciones; Ejercer control sobre el trabajo público y prevenir la malversación de fondos; Renovar las estructuras físicas y administrativas de las municipalidades y proveerlas de instalaciones con ordenadores personales.54

Hezbolá se ha vuelto dependiente de fuerzas en el Líbano que apoyarán las actividades de la guerrilla mientras detengan los ataques de las fuerzas israelíes y sus intentos de ocupación del país. Pero estas mismas fuerzas actuarán como un freno a cualquier idea sobre una acción ofensiva contra Israel (o hasta provocaciones en la frontera diseñadas para atraer a las tropas israelíes dentro de Líbano). En gran medida, desbaratarán cualquier ambición de apoyo directo a los palestinos contra el Estado de Israel.

Respuesta de la izquierda

La guerra de Líbano produjo una enorme ola de oposición, no sólo en países árabes, sino también en Europa y en Latinoamérica. Estos países no solo vieron las manifestaciones más grandes desde el primer año de la Guerra de Irak, sino que también existía en ellos una voluntad sin precedentes de hacer frente a las agresiones israelíes. Esto estaba en marcado contraste con la opinión de la mayoría de la izquierda en relación a las guerras de 1967 y 1973 o incluso la invasión de Líbano en 1982, con un gran número de víctimas de Líbano y Palestina.

Aun así, había debilidad en algunos de los argumentos y eslóganes de varios sectores de la izquierda. Éstos giraban en torno a las cuestiones relacionadas con el ‘alto el fuego’ y ‘el derecho del estado Israelí a defenderse’.

Tomemos, por ejemplo, el acercamiento de un columnista de izquierdas del periódico The Guardian, George Monbiot. No dudó en oponerse a la agresión israelí. Pero también se sintió obligado a criticar a Hezbolá por actuar contra el gobierno israelí, aunque éste había estado lanzando violentos ataques contra la franja de Gaza. Escribió:

Sí, el gobierno libanés debió haber desarmado y retirado a Hezbolá de la frontera con Israel. Sí, la incursión y el ataque con cohetes del 12 de Julio fue injustificado, estúpido y provocativo, como casi todo lo que ha sucedido cerca de la frontera en los últimos seis años.

Luego, después de abogar por la retirada de los territorios ocupados en Palestina y Siria, también pidió defender la frontera mientras se mantiene la presión diplomática en Líbano para desarmar a Hezbolá. (Como cualquiera puede ver, esto sería mucho más factible si la ocupación terminara).55

Estos argumentos prevalecían en muchos sectores de la izquierda liberal socialdemócrata. Por eso, muchos de los que daban apoyo a la coalición Stop the War en Gran Bretaña no estaban contentos con los libaneses que llevaban pancartas de apoyo a Hezbolá, como si la única forma de acercarse al problema fuera el pacifismo. E incluso en los sectores más izquierdistas había gente que tomaba la posición con respecto a la guerra de no apoyar la agresión israelí ni la resistencia liderada por Hezbolá en Líbano. Por ejemplo, el Socialist Party/CWI escribía en su periódico, ‘The Socialist’:

Los que están pagando un precio terrible son la gente corriente de Líbano, Israel y Gaza. Ningún bando puede ganar. Hezbolá nunca podrá vencer al poder del estado de Israel y liberar al pueblo palestino de la ocupación. Y el último conflicto solo puede dividir todavía más los trabajadores de Israel, Líbano y las zonas palestinas.

Citaba a un ‘socialista israelí’ que decía lo siguiente: Este conflicto trata de ver quién gana más en términos de prestigio político. La gente que realmente pierde son las clases trabajadoras de ambos bandos… La raíz de estos conflictos nacionales es una lucha de poder entre las diferentes clases gobernantes en la región apoyadas por diferentes poderes imperialistas. El mismo periódico incluía un folleto que exponía:

Hezbolá, con su objetivo de destruir Israel y crear un estado islámico como el régimen reaccionario en Irán, no puede tener éxito. Sólo puede dividir a las poblaciones multiétnicas / multirreligiosas de Líbano y Oriente Medio.

Su eslogan no era ‘Solidaridad con la resistencia’, sino un llamamiento abstracto a ‘una Palestina socialista y un Israel Socialista como parte de la confederación socialista de Oriente Medio’. De manera similar, la dirección del ahora virtualmente desaparecido Scottish Socialist Party calificó a Hezbolá como “una de las más feroces organizaciones terroristas de todo el mundo”. También criticaron la organización por sus incursiones ilegales y sin escrúpulos a lo largo de la frontera.56

Las carencias de todos estos argumentos se pudieron ver una vez el alto el fuego fue efectivo. Las maquinarias de propaganda de EEUU, Israel y Gran Bretaña se pusieron a trabajar para pedir la rápida formación de una fuerza de la ONU que, amparándose en la resolución 1701, trabajara con el ejército libanés para desarmar Hezbolá y sellar las fronteras de Líbano; también para proveer a Israel con medios alternativos de ‘defensa’, además de desarmar a Hezbolá.

De hecho, estaban pidiendo que fuerzas extranjeras ocuparan el Líbano. Por supuesto, nadie habló de ocupar Israel con fuerzas internacionales para evitar ataques diarios a la franja de Gaza y Cisjordania. Todos aquellos izquierdistas que se oponían a la acción militar por parte de ambos bandos y simplemente pedían el alto el fuego abrieron la puerta a estos argumentos.

Estas confusiones dejaron dos cuestiones de importancia para toda la izquierda internacional: el análisis del estado de Israel y la actitud hacia las organizaciones islamistas que luchan contra el imperialismo y el sionismo.

El carácter del Estado israelí57

Los comentaristas de la izquierda liberal y la derecha pro-estadounidense y pro-israelí repiten un único argumento una y otra vez: ‘El Estado de Israel tiene derecho a existir’. Cualquiera que cuestione esto es acusado de anti-semitismo y de querer un nuevo holocausto, esta vez en Oriente Medio. Pero el ‘derecho a existir’ de un estado no tiene nada que ver con el ‘derecho de sus habitantes a seguir viviendo’. La primera mitad del siglo XX vio la destrucción o desintegración de numerosos estados, el Imperio Austrohúngaro o el Imperio Otomano. Nadie en la izquierda liberal lamentó la desaparición de estos estados, o se quejó de genocidio cuando ocurrió. De forma similar, los últimos 17 años han visto la desaparición de la URSS, Checoslovaquia y Yugoslavia sin que nadie gritara que esos estados tenían ‘derecho a existir’.

Dar apoyo u oponerse a la existencia continuada de cierto estado no depende de ningún ‘derecho a existir’ abstracto, sino de su carácter y de cuáles son las alternativas a su existencia.

El rasgo más importante que hay que entender en el caso del estado de Israel es que se trata de un estado colono, esto es, uno de esos estados formados por colonos europeos que acompañaron el crecimiento de los imperios europeos. Hace unos 120 años la población judía de la Palestina histórica (los actuales territorios de Israel, Gaza y Cisjordania) era de sólo unos pocos miles, y la población árabe, de cientos de miles. El censo otomano de 1893 daba a la población judía 9.817 habitantes.58 Luego, las recientes inmigraciones subieron la cifra hasta unos 25.000, contra una población árabe que oscilaba entre 400.000 y 600.000 habitantes.59 El crecimiento de la población judía fue aumentando hasta un 55%, resultado de la colonización masiva. Esto se ve, por ejemplo, en el hecho de que en la década de 1960 sólo el 24% de la población adulta israelí había nacido en Palestina y, de ellos, sólo el 4% era de padres nacidos en Palestina.60

Una población así sólo podía expandirse y, finalmente, en 1948-49, establecer un estado rodeando tres cuartas partes del área, desposeyendo a los habitantes originales del mismo. Tal y como dijo el general y político israelí Dayan en 1956:

Somos una generación de colonos, y sin el casco de acero y el cañón no podemos plantar un árbol o construir una casa. No nos acobardemos ante el odio de los cientos de miles de árabes que hay a nuestro alrededor.61

En esto, era igual que en otros estados colonos impulsados por estados colonizadores europeos, siempre a expensas de la población local en Norteamérica, Australia, la parte de Algeria dominada por Francia, la Rhodesia dirigida por la clase blanca o la Sudáfrica del apartheid. El hecho de que muchos de los colonos fueran gente que huía de la opresión en Europa (especialmente de las secuelas del holocausto) no alteró el hecho básico de que la colonización tuvo lugar a expensas de la población indígena. La mayoría de colonos norteamericanos huían de la pobreza o de la persecución por razones religiosas, muchos de los colonos australianos llegaron deportados de Gran Bretaña y muchos de los colonos de Algeria llegaron deportados por haber participado en la revolución de 1848 o en la comuna de París. De igual forma, el asentamiento judío se nutrió de colonos que habían sufrido una seria opresión en Europa. Pero una vez llegados, sólo podían subsistir mediante acciones contra la población ya existente. La lógica de cualquier asentamiento de colonos es que los que han sido oprimidos se convierten en opresores.

Había diferentes modelos de colonización. El modelo norteamericano y australiano conllevaba el exterminio casi total de la población autóctona, para que finalmente no representara ninguna amenaza para la población de colonos y para que los descendientes de la población indígena tuvieran poco o ningún efecto en el carácter del estado. El modelo en la Algeria francesa, la Rhodesia blanca y la Sudáfrica del apartheid conllevaba usar la población indígena como mano de obra barata para granjas y otros negocios propiedad de blancos, de tal manera que la totalidad de la población blanca identificaba las funciones represivas del estado como el sistema para mantener sus propios privilegios, hasta tal punto que un millón de algerianos franceses emigraron a Francia cuando Algeria consiguió la independencia en 1963. El modelo sionista en Palestina conllevó que los colonos echaran a la población indígena para establecer asentamientos y negocios enteramente judíos.

Tal y como explicó Tony Cliff, que fue criado en Palestina en los años 20 y 30, una serie de tragedias humanas llevó a los judíos a Palestina: los ‘pogroms’ de la Rusia zarista, la persecución en Europa del este y el holocausto nazi. Cuando llegaron a Palestina, encontraron que estaba habitada por árabes. Cualquiera que fuera la motivación que empujó a los judíos, un conflicto creciente entre colonos sionistas y árabes era inevitable. Los colonos compraban tierras a los terratenientes árabes y luego echaban a los campesinos árabes, excluyendo a la población autóctona de cualquier beneficio monetario.

Los campesinos árabes ofrecían trabajo y producción a muy bajo precio. ¿Cómo podía un obrero europeo encontrar trabajo bajo tales condiciones? La única solución era que ningún empresario judío contratara a trabajadores árabes. La noche de la fundación del estado de Israel, Tel Aviv tenía apenas 300.000 habitantes, no había ni un solo trabajador o habitante árabe.

Los sionistas evitaron que los fellahs (campesinos) vendieran sus productos en el mercado judío. Y cuando, bajo la presión del hambre, un fellah se atrevía a romper el boicot, era atacado y agredido.

Cada miembro de la federación de sindicatos, el Histadrut, tenía que pagar dos impuestos obligatorios: (1) ‘Para el trabajo judío’ (fondos para organizar piquetes, etc, contra el empleo de trabajadores árabes; y (2) ‘Para la producción judía’, para organizar el boicot de la producción árabe. Ni un partido sionista, ni siquiera la izquierda más extrema de Hashomer Hatzair, ahora Mapam, se opuso al boicot de los trabajadores y campesinos árabes. El boicot hacia los árabes era inherente al sionismo: sin el boicot, ningún trabajador o campesino europeo hubiera sobrevivido económicamente.62

Acciones de este tipo inevitablemente encendieron las iras de las masas árabes. Sólo había un modo de que los colonos se protegieran de esa ira. Se trataba de llegar a algún tipo de acuerdo con uno u otro país imperialista. Por eso, en los años 20, 30 y principios de los 40 colaboraron con los británicos (que por ejemplo ayudaron a Israel militarmente aplastando las revueltas palestinas de 1936-39). El entrenamiento militar que recibieron con ayuda británica les permitió, con el apoyo de Estados Unidos y sectores de Europa del este, hacerse con gran parte de la Palestina histórica a través de tres ofensivas militares (intercaladas por dos treguas) cuando los británicos dejaron el territorio en 1948. También fueron capaces de usar el terror para expulsar a la mayoría de la población palestina de las áreas en las que habían tomado el control. En las décadas que siguieron, los intereses imperialistas británicos fueron eclipsados por los de Estados Unidos. E Israel encontró en el país norteamericano un nuevo aliado.

El periódico liberal israelí Ha’aretz resumió la relación de Israel con el imperialismo el 30 de septiembre de 1951:

El papel de Israel no es diferente del de un perro guardián… Occidente puede cerrar sus ojos por una razón u otra, pero puede confiar en que Israel castigará severamente a aquellos estados vecinos cuya falta de educación hacia Occidente haya excedido todo límite.63

Israel, a pesar de su relativamente pequeño tamaño, recibe por haber jugado este papel un tercio de todas las ayudas a ultramar de Estados Unidos, mucho más que cualquier otro país. Una estimación es que la ayuda total de Estados Unidos al país ascendió a 84 billones de dólares entre 1949 y 1997. Eso es más de 14.000 dólares para cada ciudadano israelí.64 Gran parte de esta ayuda se usa para dotar a Israel de la tecnología militar más avanzada para intimidar, y si es necesario, atacar a otros estados de Oriente Medio. En 2003 se le prometieron a Israel 720 millones de dólares en ayuda económica, así como 2,04 billones de dólares en asistencia militar.65

Un análisis marxista clásico del estado de Israel por Haim Hanegbi, Moshe Machover y Akiva Orr ha señalado que dicha ayuda también ha permitido a Israel expandirse económicamente de forma barata.

Entre los años 1949 y 1965 los bienes y servicios importados por Israel superaban a los exportados por 6 billones de dólares, esto es, 2.650 dólares por persona en 21 años… En el período entre 1949 y 1965 la media de ahorro de la población era de 0. Pero las inversiones suponían un 20 por ciento del Producto Nacional Bruto.

La sociedad israelí no es solo una sociedad de colonos. También es una sociedad beneficiada por privilegios únicos. Disfruta de un influjo de recursos materiales llegados desde el exterior de gran calidad y en gran cantidad… Israel es un caso único en Oriente próximo. Está financiado por el imperialismo sin ser económicamente explotado por el mismo.66

Sostienen que entre los beneficiarios está la clase trabajadora judía.

El trabajador judío no obtiene su beneficio en términos de dinero en efectivo, sino en términos de casas nuevas y relativamente baratas, en empleo industrial que no podía haber empezado o ser mantenido sin subsidios externos, en términos de un estándar de vida que no corresponde a la producción de la sociedad.67

Ciertamente, la ayuda de Estados Unidos ha sido usada para reducir, aunque no parar, el impacto de las crisis económicas. Como el anuario judío-americano de 1990 expuso, “durante la crisis económica de 1984-85, la ayuda de emergencia de Estados Unidos… ayudó a Israel”,68 mientras a principios de 2003, cuando la economía de Israel estaba “sufriendo una de las peores crisis en la historia del país”, una delegación israelí fue a Estados Unidos para pedir “un paquete de ayudas de emergencia valorado en 12 billones de dólares”.69

Nadie esperaba que las ayudas fueran gratis. Lo que Israel ofrecía a cambio era, tal y como dice el Anuario, cooperación estratégica con Estados Unidos, que sobrevivió gracias “a la percepción de que los lazos con Israel eran de interés para América”.70 En la misma línea, parte de la ayuda que Israel quería en 2003 era para “mejorar su preparación defensiva”71 para la posterior guerra contra Irak dirigida por Estados Unidos.

El estado de Israel no podía haber sido establecido sin estos acuerdos y tampoco puede mantenerse sin ellos. Sin los subsidios que recibe no habría incentivos, para la gente judía de cualquier parte del mundo, para emigrar a Israel. Y muchos israelíes, acostumbrados a los estándares de vida de Europa o Norte América, emigrarían a Europa o Norte América para intentar conseguirlos.

Pero enfrentados a las posibles crisis económicas que causarían descontento y cuestionarían la racionalidad de un estado completamente judío, los políticos sionistas no se limitan a cruzarse de brazos y sentarse a esperar las ayudas. Tienen interés en animar a Estados Unidos a que tomen una actitud agresiva en la región, desestabilicen regímenes, y confíen más en Israel como su perro guardián. Por eso existe una afinidad natural entre los sionistas israelíes y los neoconservadores americanos. Todavía más, por eso, la parte del Partido Laborista más inclinada a la paz siempre termina dando su apoyo a ese tipo de políticas. Cuanto más desorden haya en la región, más importante será el papel del poder militar de Israel para ayudar a paliar este desorden, y el estado tiene más posibilidades de recibir ayudas. Existirán también más posibilidades de realizar las ambiciones sionistas de expandirse más en la región. La inestabilidad en la región es también una precondición para presentarse a sí mismos ante los judíos de cualquier parte del mundo como continuamente amenazados y, por lo tanto, con necesidad de continuo socorro.

Esto tiene un impacto inevitable en la actitud de la clase trabajadora israelí. La mayoría de la población de Israel, igual que en los demás países industrializados, trabajan y son explotados por sus empresarios. Pero en el caso de Israel, las ayudas de Estados Unidos que reciben a través del estado significan que tienen un seguro ante parte del impacto de esta explotación. Se identifican con el estado y con su colaboración con el imperialismo, ya que sin esta colaboración tendrían que vivir en los estándares de vida mucho peores que los suyos de Oriente Medio. Su identificación con el estado en contra de los palestinos tiene raíces materiales. Incluso aquellos cuyas condiciones son pésimas, tienden a ver la solución en una mayor identificación con el estado. Los judíos que emigraron a Israel desde cualquier otra parte de Oriente Medio en las décadas de los 50 y los 60 tienden a dar mayor apoyo a los partidos sionistas del ala más derecha, a pesar del hecho de que normalmente viven peor que los que llegaron de Europa.

En este sentido son como los trabajadores blancos de Sudáfrica, incluso los más pobres estaban en contra de la caída del apartheid.

Haim Hanegbi, Moshe Machover y Akiva Orr señalaron en los 70: En 50 años de experiencia no ha habido ni un solo ejemplo en que los trabajadores israelíes se movilizaran para cuestionar el régimen israelí en sí mismo.72

El desarrollo desde entonces no ha cambiado esta conclusión. Ha habido un alejamiento del estado de bienestar y una adopción, bajo gobiernos dirigidos por el partido Likud, de políticas neoliberales que han producido niveles de desempleo de hasta el 11 por ciento y recortes en subsidios del paro. Pero el efecto acumulativo de las ayudas del imperialismo todavía significa que los trabajadores israelíes pueden vivir bajo unos estándares de vida muy por encima de los que hay en Palestina o en países árabes vecinos. De esta manera, el sueldo mínimo a principios de 2004 era de 3.335 Nuevos Sheckels (cerca de 700 dólares al mes) cuando en el vecino Egipto es de 28,40 dólares al mes. El análisis detallado muestra que el beneficio que recibe la clase trabajadora del gasto social es equiparable al europeo.73 Están siendo atacados, pero las ayudas todavía están al nivel de Occidente, no al del Tercer Mundo, nivel al que se encontraban los palestinos expulsados en 1948 y sus descendientes. Pero sólo obtienen esta ayuda gracias a los tratos que el gobierno de Israel hace con los imperialistas. Y por eso sus luchas contra los recortes salariales, peores condiciones laborales o un mayor gasto social siempre pueden ser contenidas por el estado, cuya respuesta ante estas luchas siempre es apoyarse en Estados Unidos.

Hay contradicciones. Hay grandes intereses económicos en Israel, intereses cada vez más vinculados con capitales de multinacionales americanas o europeas, que ven un futuro negocio en la apertura mercantil del resto de Oriente Medio, y que, por lo tanto, tienen cierto interés en la paz. Pero estas presiones por sí mismas no han sido suficientes para que el estado de Israel abandone las posturas agresivas frente a los palestinos que viven en los territorios ocupados o frente a cualquier otro estado de Oriente Medio. Las multinacionales invierten en Israel porque el estado pretende obtener la hegemonía en la región. Comparten con el capital israelí interés por un estado que tiene poder militar para intimidar a sus vecinos a través de la paz armada, y eso requiere una postura suficientemente agresiva para movilizar a la población y que ésta dé apoyo al estado siempre que sea necesario.

Bajo todas estas circunstancias, aquellos que defienden “el derecho del estado de Israel a existir” están defendiendo un estado que necesariamente actúa como una herramienta del imperialismo y se comporta de forma agresiva con sus vecinos.

Se debe insistir en que oponerse al Estado de Israel no es lo mismo que querer lanzar a todos los judíos al fondo del mar, igual que oponerse al apartheid no significaba desear la erradicación de la población afrikáner, que había vivido en el país durante 350 años con elementos propios de identidad nacional (lengua, literatura, instituciones religiosas y demás). En Sudáfrica significó el desmantelamiento de un estado basado en la discriminación por parte de los descendientes de colonos hacia la población autóctona. En el caso de Israel se trata de desmantelar un estado basado en la expulsión de la población autóctona de su territorio, en la continua expansión hacia los ‘territorios ocupados’ y en una enorme y sangrienta represión militar contra todo aquel que lucha contra la ocupación y la expansión por parte de un asentamiento o contra aquellos que luchan para recuperar la tierra de la que sus familias fueron expulsadas.

Hay dos hipotéticos modos de desmantelar el estado colono. El primero sería que la población israelí aceptara el derecho de los palestinos que fueron expulsados en 1948 a volver a sus tierras, así como que terminaran la ocupación y los asentamientos en Cisjordania. El segundo modo sería la disolución de Israel en un estado unido, secular y democrático que ocupara toda el área de la Palestina histórica, en el que todos los habitantes tuvieran los mismos derechos de ciudadanía. En la práctica ambos caminos acabarían en el mismo punto. Tal y como dicen continuamente los sionistas, el ‘derecho al retorno’ de los palestinos destruiría toda racionalidad del estado colono, desapareciendo los privilegios de los ciudadanos de origen judío, y se abriría la posibilidad de un estado secular unificado. Por eso una pequeña minoría de activistas e intelectuales israelíes están empezando a aceptar que la única alternativa real al patrón de represión, asentamientos y guerra es el camino del estado secular.

Pero ¿qué poder puede llevar esto a cabo? El punto clave del argumento anterior es que la llave para llevar a cabo una solución no reside en Israel. Mientras el estado sionista tenga suficiente fuerza como para seguir recibiendo ayudas de los imperialistas que den, a los habitantes judíos más pobres, privilegios mayores que los que tienen los palestinos de Gaza, Cisjordania y los campos de refugiados de Jordania y el Líbano, la mayoría de habitantes de Israel darán apoyo al estado. El estado puede ser debilitado por la lucha de clases, pero nunca será suficiente como para derrumbar al estado, su política agresiva y su constante trabajo en pro del imperialismo. Se debilita cuando sectores de la juventud israelí se rebelan contra el servicio militar, la ocupación continua y las constantes guerras. En el proceso, al menos algunos pueden llegar a ver la realidad a la que ha llevado el sueño sionista.

Pero el desarrollo de esta oposición depende de que el estado de Israel pierda su capacidad de mantener una guerra de forma virtualmente gratuita, tanto en términos económicos (gracias a las ayudas de EEUU) como en términos de vidas israelíes. En otras palabras, se trata de que Israel sufra una seria derrota militar. Solo una derrota puede causar un shock en Israel tan grande como para llevar aun gran número de gente a ver que solo hay un camino seguro: romper totalmente con la idea sionista de construir un estado étnicamente puro, y hacer que las clases dirigentes de EEUU se pregunten si sus ayudas a Israel sirven de algo.

Tal y como Hanegbi, Machover y Orr sostuvieron hace 30 años, la participación en las luchas internas de la sociedad israelí, incluyendo la lucha de los trabajadores, “debe ser subordinada a la estrategia general de la lucha contra el sionismo”.74 Esta conclusión todavía es válida hoy. Aquellos que no son capaces de ver esto y toman una posición de ‘ni sí ni no’ frente a guerras como la de Líbano, aceptando la legitimidad de las fronteras israelíes, debilitan la lucha contra el imperialismo y el sionismo, da igual lo bienintencionados que sean sus motivos.

Romper la fuerte influencia que ejerce el sionismo sobre la gran mayoría de la población israelí es todavía un objetivo a largo plazo. La derrota en el Líbano solo fue una derrota parcial, de la que los líderes israelíes y el grueso de la población esperan recuperarse rápidamente.

Todo esto ha abierto una ventana en la que se puede ver la posibilidad de una reconfiguración de los viejos conflictos que hay detrás de la reciente guerra. Ahora que el ‘status quo’ ha sido apartado, quizá incluso veamos un F.W. De Klerk emerger en Israel (con sus indispensables apoyos internacionales).75 “Un avance revolucionario en el mundo árabe”76 sigue siendo una condición indispensable para que aparezca un desafío al estado de Israel que pueda hacer caer al sionismo. Todavía no ha ocurrido nada parecido.

El impacto de la victoria

Hezbolá consiguió una victoria notable en verano, la cual ha debilitado las pretensiones de Israel y ha dado ánimos a todas aquellas fuerzas que luchan por un cambio fundamental en todo el Medio Oriente. Pero Hezbolá no puede ser la herramienta política para obtener ese cambio. No tanto por sus concepciones religiosas, sino por la confianza que mantienen en fuerzas de clase que no pueden ir más allá de cierto punto en sus confrontaciones con Israel y el imperialismo. Hay que repetirlo una y otra vez: la victoria contra el imperialismo en cualquier país no puede ser conseguida con una lucha limitada a ese país, así como la victoria contra el sionismo no puede ser conseguida con una lucha limitada a Palestina. Se necesita un gran paso adelante en un país que pueda desatar un proceso revolucionario en toda la región. La victoria de Hezbolá contribuirá a ello en la medida que infunda optimismo sobre lo que es posible, tal y como la derrota de 1967 sumió a los activistas de la región en el más hondo pesimismo.

A corto plazo, probablemente se incrementará la atracción hacia ciertas formas de islamismo. Pero también puede haber un cambio importante en las versiones del Islam más populares. Las derrotas del pasado dieron fuerza a versiones del Islam que ponían más énfasis en la pureza religiosa, por un lado, y en la acción directa individual del tipo yihad, por el otro. Ya que estas ideas fracasaron estrepitosamente en las luchas contra los estados de Egipto y Algeria, muchos activistas volvieron a formas medias de reformismo religioso. El hincapié en el purismo religioso también puso en contra a aquellos que defendían diferentes interpretaciones religiosas, no solo a musulmanes contra aquellos que no lo eran, sino también a sunníes contra chiíes. Estas divisiones podían entonces ser manipuladas por el imperialismo y sus agentes, tal y como sucedió en Pakistán, o de forma mucho más sangrienta, en Irak. También por oportunistas que intentaban establecer una base política para ellos mismos.

La victoria de Hezbolá servirá para debilitar estos procesos. El propio ejemplo de Hezbolá servirá para ver que se pueden establecer alianzas que pasen por encima de fronteras religiosas. Los regímenes árabes ya están preocupados por la victoria que Hezbolá puede tener entre sus propias mayorías sunníes. Pero el tema va más lejos. Las victorias ensanchan los horizontes de la gente. Ven posibilidades donde antes no las veían. Y los ejemplos de acciones anti-imperialistas por todo el mundo (como las manifestaciones anti-guerra por toda Europa y Estados Unidos o la retirada del embajador venezolano en Israel por parte de Hugo Chávez) pueden abrir las ideas de la población para que vean que tienen aliados no musulmanes de la misma forma en que tienen, en los regímenes árabes existentes, enemigos musulmanes.

Vale la pena repetir mil veces, si es necesario, que los métodos de Hezbolá son opuestos a los de Al-qaeda. No solo porque Hezbolá rechaza matar civiles mediante bombas, ya sea en occidente o en países del Tercer Mundo, sino también porque su propio éxito militar depende de su trabajo de masas. Su limitación es que no ve que el trabajo de masas se necesita en esos países que sufren del imperialismo y de sus aliados capitalistas locales en cualquier lugar del mundo árabe. Su victoria, sin embargo, pondrá las cosas más fáciles para aquellos que buscan un público, incluyendo a algunos con ciertas concepciones islamistas.

¿Qué pasará ahora con Estados Unidos?

La situación del imperialismo estadounidense en general y de la administración Bush en particular es seria. El golpe con el que pretendían destruir Hezbolá y debilitar Siria e Irán ha tenido el efecto contrario al deseado. Incluso antes de que se conocieran los resultados de la guerra de los 33 días, el prestigioso Royal Institute for International Affairs (Instituto Real de Asuntos Internacionales) avisaba de que Irán era el gran ganador de la debacle de Irak:

Irán ha sido el mayor beneficiario de la guerra contra el terror en Oriente Medio; hay pocas dudas sobre ello. Estados Unidos, con el apoyo de la Coalición, ha eliminado dos de los gobiernos rivales de Irán en la zona: Los Talibanes en Afganistán en Noviembre del 2001 y el régimen de Saddam Hussein en Irak en Abril del 2003, pero no han conseguido reemplazar a ninguno de los dos con estructuras políticas coherentes y estables.77

Irán ve a Irak como su propio patio trasero, y ahora ha suplantado a EEUU como el poder más influyente en la zona, lo cual le da un papel clave en el futuro de Irak. Irán también tiene una presencia prominente en Afganistán.78 Ahora Hezbolá ha incrementado enormemente su prestigio y ha dado un golpe de efecto sobre regímenes árabes a los que les hubiera gustado ver a Hezbolá fracasar rotundamente, al menos verbalmente. La organización también ha demostrado su habilidad para luchar contra el estado de Israel.

¿Cómo reaccionará ahora Estados Unidos?

La reacción menos probable sería aceptar la lógica de la derrota y seguir el consejo de aquellos como el Instituto Real de Asuntos Internacionales que urgen a EEUU a aceptar la fuerza de Irán y llegar a un acuerdo con ellos.

Irán está en una posición regional valiosa y su cooperación e influencia positiva son necesarias para ayudar a apagar los muchos fuegos que actualmente hay encendidos… La resolución de muchas de las crisis que afectan a la región de Irán requerirán, en parte, una mejora de sus relaciones con Occidente a través de cuidadosos y pacientes actos diplomáticos. Irán es a menudo descrito como un estado manipulador e instigador de la violencia en Oriente Medio; el régimen iraniano es cauteloso en estos aspectos e intenta no provocar un caos generalizado en la región porque es esencialmente conservador y busca mantener su ‘status quo’.79

Bush debería seguir el precedente de la visita a China de Richard Nixon en 1972, después de que quedara claro que la victoria era imposible para EEUU en Vietnam, para pactar con el poder regional, previamente descrito como fuente de todo mal en la Tierra.

No hay señal de ello. La administración Bush ha apostado por reforzar su hegemonía global para mantenerla durante el ‘nuevo siglo. Dicha administración teme que cualquier pacto con Irán no solo ponga en peligro esa ambición, sino que también reduzca su influencia.

El hecho de que una potencia de poder medio como la de Irán tenga éxito al obligar a EEUU a cambiar sus planes podría animar a otros a seguir el mismo camino de desafío. La única diferencia entre la facción que apoya a Bush y la corriente que le critica es que la última cree que EEUU debe arreglar sus diferencias con la ‘vieja Europa’ y Rusia para ejercer presión sobre Irán, hacerle capitular simbólicamente y que abandone su programa nuclear. Thomas Friedman, influyente periodista y defensor del imperialismo, comparó el asunto con la guerra de Líbano.

Pero ahora la administración debe admitir lo que cualquiera (incluyéndome a mí mismo) que crea que se debe acertar en Irak debe admitir: No se está acertando, y no podemos seguir desperdiciando vidas y más vidas… Pero ahora lo mejor es abandonar Irak. Porque la peor opción (la que más le gusta a Irán) es quedarnos en Irak, sangrando, y en una posición favorable para ser golpeados por Irán si atacamos su programa nuclear… Necesitamos pactar con Irán y Siria, pero desde una posición de fuerza, y eso requiere una gran coalición. Cuanto más tiempo mantengamos una estrategia débil en Irak, más difícil será construir dicha coalición.80

Pero un compromiso profundo con la Vieja Europa y Rusia (dejemos China aparte) es complicado. El motivo de la guerra contra Irak no se reducía al mero hecho de tomar control sobre el petróleo del país para los intereses corporativos de EEUU. Se trataba, por encima de todo, de acabar con lo que los neoconservadores veían como una pérdida de tiempo en la estrategia global de EEUU en los 90: obtener un poder tan grande sobre la materia prima más importante del mundo, el petróleo, como para ejercer un gran dominio sobre las demás grandes potencias y asegurar ‘un nuevo siglo americano’.81

Incluso si la administración de EEUU es finalmente forzada a comprometerse plenamente con Europa, Rusia y China, intentará primero asegurar su poder. Esto hace que una nueva ofensiva militar en Oriente Medio sea no solo posible, sino también probable.

La guerra de Israel contra Líbano era, desde el punto de vista de la administración de EEUU, un desvío para favorecer la humillación de Irán. El desvío se convirtió en un callejón sin salida. El instinto de la administración Bush conducirá ahora a EEUU a llevar a cabo algún tipo de ataque sobre Irán. Su problema es que ese camino es muy accidentado, con baches tan enormes que podrían hacer descarrilar sus esfuerzos. Baches llamados chiíes en el sur de Irak, la confianza y fuerza de los aliados de Irán en Líbano, y la simpatía masiva en todo el mundo islámico hacia los únicos que han podido hacer frente al ejército israelí en 58 años.

El informe del Instituto Real de Asuntos Internacionales advierte:

Existe una posibilidad real de que, si EEUU ataca Irán, éste infligirá una derrota devastadora sobre EEUU en Irak, y también propagará la lucha contra EEUU por todo Oriente Medio. Incluso ahora las Fuerzas Internacionales están luchando para llevar el desarrollo político en las regiones sur y centro del Éufrates en Irak, donde la población es mayoritariamente chií, y la insurgencia árabe sunní sigue siendo una presencia mortal, perpetrando pérdidas catastróficas sobre las nacientes fuerzas de seguridad iraquíes y sus aliados estadounidenses. Estas situaciones podrían ser magnificadas por la intervención iraniana, hasta el punto que la coalición podría verse obligada a evacuar Irak, dejando Irán no solo como una fuerza innegable en Irak, sino también como fuerza hegemónica indiscutible en el golfo.82

Lo que estamos presenciando es una aguda crisis del imperialismo estadounidense, en la que se tiene que enfrentar con dos opciones muy poco atractivas. Una es retirarse después de las debacles de Irak y Líbano. Pero eso significa que la administración Bush debería admitir que su ‘guerra sin fin’ por la hegemonía global ha fracasado y sufriría las consecuencias, en términos de una pérdida de influencia neoconservadora en su propio territorio y de la propia habilidad para abrirse camino en cualquier frente. La otra opción es apostar fuertemente por un ataque a Irán, o al menos una futura ofensiva israelí sobre Líbano. A pesar de los inmensos peligros de esta opción, es la más probable.

Una bestia herida es una bestia peligrosa, y es incluso posible que antes que la gente lea estas líneas, una nueva guerra haya estallado con un mayor ataque sobre Líbano o con un ataque sobre Irán. También hay posibilidades reales de que las tropas francesas e italianas, bajo presión estadounidense e israelí, intenten desarmar a Hezbolá.

La guerra de los 33 días enfatizó la naturaleza impredecible de la ‘guerra sin fin’ de Bush, a juzgar por la manera en que la mecha está chisporroteando. La situación puede explotar violentamente, sumiendo estados enteros en la crisis y sacudiendo las ideas de la gente en cualquier parte del mundo. No se trata de la última vez que esto ocurrirá. Tampoco es la última vez que veremos una resistencia masiva, resistencia que puede desestabilizar a los gobiernos clientes del imperialismo en Oriente Medio y hacer avanzar los movimientos anticapitalistas en sus respectivos centros.


Notas

1. Gracias a Gilbert Achcar, Anne Alexander, Simon Assaf, Lindsey German, Ghassan Makarem, John Rose y Sabby Sagall por los comentarios y correcciones.
2. S.Hersh, Watching Lebanon, New Yorker, 21 agosto 2006.
3. Washington Post, 4 agosto 2006.
4. H.Shukrallah, It Didn’t Work, Agosot 2006, se puede conseguir en http://www.indymedia.ie/article/77854
5. Ibíd.
6. Ibíd.
7. Por supuesto, la primera victoria de Hezbolá fue la que forzó a Israel a dejar el Líbano en 1990; pero no fue tan dramática en términos de sus efectos en la percepción de la gente ya que esta vez contestaban la masacre del ejército israelí recogida por todos los medios de comunicación del mundo.
8. El apoyo de EEUU y la URSS (con armas de Checoslovaquia) aseguró su victoria en 1948-49, pero fue a finales de 1950 cuando la masiva ayuda de EEUU se volvió algo permanente.
9. El análisis escrito de Tony Cliff en ese momento se puede encontrar en http:// www.isj.org.uk/index.php4?id=230, pero él mismo hizo varios matices pertinentes en algunas charlas que no están reflejados en ningún texto escrito.
10. N.Qassem, Hizbullah: The Story from Within (Londres, 2005), p68.
11. M.Williams, Counterpunch, 14 agosto 2006.
12. El Estado de Israel incentivó la inmigración desde la antigua URSS de cualquier persona con la más mínima conexión ‘judía’. El objetivo ha sido mantener la expansión de la población ‘judía’ de Israel más rápida que la población palestina en Israel y los territorios ocupados. Ver por ejemplo Mark Reutter en www.news.uiuc.edu/gentips/03/07israel.html;Lucy Ash en la web de la BBC, en news.bbc.co.uk/1/hi/programmes/crossing_continents/4038859.stm. La política trata de substituir a un cuarto de millón de trabajadores temporales de lugares como Filipinas, por trabajadores árabes de Cisjordania y Gaza.
13. Del periódico israelí Ha’aretz, http:// www.haaretz.com/hasen/spages/743767.html
14. N.Qassem, ob. cit. p69.
15. Ibíd. pp72-73.
16. Tony Cliff sobre la guerra Árabe-israelí de 1967, ob. cit.
17. A.N.Hamzeh, In the Path of the Hizbullah (Syracuse University Press, 2004), p13.
18. Ibíd. p11.
19. Ibíd. p13. Los primeros esfuerzos de construir un ‘Movimiento de los Necesitados’ empezó en 1974 por Musa al-Sadr (el cual desapareció durante un viaje a Libia en 1978), pero su temprano desarrollo fue pronto tapado por el estallido de la Guerra Civíl libanesa.
20. Ibíd. p87.
21. N.Qassem, ob. cit. p74.
22. Ibíd. pp74-75.
23. A.N.Hamzeh, ob. cit. p89.
24. Ibíd. p75.
25. Ibíd. p77.
26. Ibíd. pp50-55, da cifras de sus diferentes fuentes de gastos, pero un examen de éstas me hace sospechar que él (o su mecanógrafo) ha puesto algunos ceros en el lugar incorrecto.
27. Ibíd. p59.
28. Ibíd. p67.
29. Para un análisis más extenso del giro de Hezbolá en su enfoque hacia este tema ver A Saad-Ghorayeb, Hizbu’llah, Politics and Religion (Londres, 2002), pp34-59.
30. N.Qassem, ob. cit. p31.
31. A.N.Hamzeh, ob. cit. p 123.
32. De acuerdo con el informe de A.N.Hamzeh, ob. cit. pp105-108.
33. Los dos Hamzeh y Qassem discuten sobre esta división, aunque desde puntos de vista diferentes.
34. A.N.Hamzeh, ob. cit. p126.
35. De acuerdo con la correspondencia privada de Simon Assaf en Beirut, 6 de septiembre 2006.
36. Citado en A.N.Hamzeh, ob. cit. p121.
37. Citado por G.Achcar en Lebanon: The 33-Day War and UNSC Resolution 1701, www.zmag.org/content/showarticle. cfm?ItemID=10767. Este artículo provee un excelente relato de las maniobras sobre la formulación de la resolución.
38. Correspondencia de Simon Assaf en Beirut, 6 de septiembre 2006.
39. N.Qassem, ob. cit. p243.
40. Ibíd. p240.
41. Ibíd. p243.
42. Ibíd. p244.
43. Ibíd. p245.
44. Correspondencia de Simon Assaf en Beirut, 6 septiembre 2006.
45. La OLP y Fatah fueron fundadas a mitad de los años 50, pero no fue hasta después de la guerra de 1967 que llegaron a ser hegemónicas en la lucha palestina.
46. I Ali, Palestine: Guerrilla Organisations, ‘International Socialism’, primeras series, 36 (Abril-Mayo 1969).
47. Ver, por ejemplo, el breve informe en: en.wikipedia.org/wiki/Karameh
48. I Ali, ob. cit.
49 Esto se basa en mis discusiones personales en Amman en agosto de 1969.
50. Otra vez mis recuerdos personales de mi asistencia a la conferencia de la OLP en Amman durante la primera fase de la Guerra Civil del Septiembre Negro en 1970.
51. N.Qassem, ob. cit. p64.
52. La descripción es de una conversación con Gilbert Achcar.
53. A.N.Hamzeh, ob. cit. p135.
54. Ibíd. p123.
55. G.Monbiot, The Guardian, 8 de Agosto de 2006.
56. Páginas centrales, Scottish Socialist Voice, 21 de Julio de 2006.
57. Para una elaboración más completa de la historia del sionismo y el carácter del estado israelí, ved el excelente librito de John Rose: Israel, The Hijack State, disponible en Bookmarks, Londres y también en versión digital en www.marxists.de/middleast/rose/ 4-origin.htm
58. Ved la discusión acerca de la validez de los resultados del censo entre Ronald Sander y Yehoshua Porath en el New York Review of Books, 16 de Enero de 1986.
59. Y.Porath, New York Review of Books, Ibíd.
60. Las cifras para 1968 se dan en: H.Hanegbi, M.Machover, A.Orr, The Class Nature of Israeli Society ‘New Left Review’ 65, Enero-Febrero de 1971, p4.
61. Ibíd. p5.
62. Tony Cliff sobre la guerra entre árabes e Israel de 1967, ob. cit.
63. Ha’aretz, 30 setiembre de 1951, citado en H.Hanegbi, M.Machover, A.Orr ob. cit. p11. Estas cifras son del Washington Report on Middle East Affairs, verhttp://www.washington-report.org/html/ us_aid_to_israel.htm
65. Economist Tallies Swelling Cost of Israel to US, ‘Christian Science Monitor’, 9 de Diciembre de 2002, en http://www.csmonitor.com/2002/1209/p16s01-wmgn.html
66. H.Hanegbi, M.Machover, A.Orr, ob. cit. p9.
67. Ibíd. p10.
68. Anuario Judío Americano, 1990, p270.
69. BBC Noticias, domingo 5 de enero de 2003, 02:23 GMT http://news.bbc.co.uk/2/hi/ business/2627561.stm
70. Anuario Judío Americano, 1990, p270.
71. BBC Noticias, domingo, 5 de enero de 2003, 02:23 GMT http://news.bbc.co.uk/2/hi/ business/2627561.stm
72. H.Hanegbi, M.Machover, A.Orr, ob. cit. p6.
73. Ver, por ejemplo, R.Cohen y Y.Shaul, Protección Social en Israel y Dieciséis Países Europeos. (Jerusalén, 1998), http://www.issa.int/pdf/jeru98/theme3/3-6d.pdf. Concluyen en que, comparados con los países de la UE antes de su reciente expansión, Israel tiene un nivel medio en permisos de maternidad y beneficios en bajas laborales, pero tiene niveles relativamente bajos en términos de subsidios de desempleo, con unos subsidios peores que los de países como Alemania o Francia, pero similares a los británicos.
74. H.Hanegbi, M.Machover, A.Orr, ob. cit. p11.
75. George Galloway en Hizbullah’s Victory has Transformed the Middle East, ‘Guardian’, 31 agosto 2006.
76. H.Hanegbi, M.Machover, A.Orr, ob. cit. p11.
77. R.Lowe y C.Spencer, Iran, Its Neighbours and the Regional Crises (Chatham House, agosto de 2006), p6. Disponible en http://www.chathamhouse.org.uk
/pdf/research/mep/Iran0806.pdf
78. Ibíd.
79 Ibíd.
80. New York Times, 4 de Agosto de 2006.
81. Para mi versión de esta discusión, ver mi artículo Analysing Imperialism en ‘International Socialism’ 99 (verano de 2003).
82. R.Lowe y C.Spencer, ob. cit.

https://www.marxists.org/espanol/harman/2006/001.htm



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