Lima: Los huariques donde se come rico


Eduardo Abusada Franco“Gastón, no visites mi huarique, ¡por favor!”

Escribe: Eduardo Abusada

Como buen gordito peruano que se respeta (la foto de esta columna y el Photoshop son muy benevolentes), tengo varios huariques. Esos lugares que creemos poco ubicables, pero que en verdad todo mundo conoce, donde comemos rico y a precios democráticos.

El sábado pasado fui a uno de ellos. Una chicharronería en el Cercado que tiene más de 60 años, y donde normalmente se comía un buen sanguchón de chanchito asado a menos de 9 soles. Pero ahora está por los 15 soles. Una madre y su hijo, que venían del Rímac (ya me recomendaron sus buenos huariques también allí), me comentaron la causa que escucho siempre: “Es que desde que vino Gastón, han subido los precios”.

De un tiempo a esta parte, una visita del buen Gastón Acurio a un huarique es como una declaratoria de guerra: de pronto los precios se van hasta las nubes. Un ‘ppkausa’ diría que la respuesta es simplemente: el mercado, oferta y demanda. Un gordo misio como yo diría: pura especulación, o agiotaje, para ponernos en lenguaje de saco y corbata. Es que a diferencias de las guerras, donde hay un motivo real o al menos una percepción muy fuerte de un desastre y/o escasez, no veo un motivo objetivo de por qué tienen que subir los precios luego de la visita del rey Midas de nuestra gastronomía. Se diría que por cuestiones metodológicos, los economistas colocarían tal fenómeno en ‘condición ceteris paribus’ para sus análisis económicos, pues los cambios en la curva de la demanda pueden ser notables, pero más que nada por expectativas, lo cual, en teoría, debería durar un periodo limitado. Pero, citando a Jarabedepalo: “De según como se mire, todo depende”. Y ya poniéndonos quisquillosos y ‘contreras’, un contrato —como el que celebras al comprar algo en tu huarique— como cualquier otro intercambio de prestaciones, debe guardar cierta razonabilidad. No lo dice exactamente el Código Civil, pero por extensión, ya pegándomelas de jurista pulpín, detecto lo que se podría llamar “excesiva onerosidad de la prestación”. Traducción: “Estás bien fumado si crees que es justo cobrar 20 soles por una leche de tigre en un vasito”. La doctrina habla también de ello en los contratos leoninos (inspirados en la fábula de Esopo), aunque la situación no es exactamente la misma, pues una de las partes ha de estar en situación de evidente superioridad y la otra por debilidad aceptar. Más se aplicaría a las empresas de transportes que suelen hacer esto. Aunque adaptada la situación a mi particular hambre y antojo, esta me pone en evidente debilidad ante un invencible sánguche de chicharrón.

Los ejemplos sobran. La tía Grimanesa, la de los anticuchos, ya no es algo que pueda ir a comer a diario, como hacían antaño siendo vecino miraflorino. También pasó con los ceviches de mercado luego de la campaña de Acurio “Cebiche con sentimiento”, en que buscaba el mejor de estos platos en mercados y carretillas. Ya solo puedes encontrar los ceviches baratos en las carretillas en que venden los de pota. Los vendedores, desde luego, saben de esto. En Surquillo, por ejemplo, por la calle Dante, hay un cruce de calles con tres chicharronerías. Y una de ellas ha tenido el descaro de colgar gigantografías con montajes de Gastón. Son tan burdos que superan los montajes de Castañeda. En uno se ve el matrimonio de probablemente la hija de los dueños, y entre los invitados vestidos de traje y la novia de blanco, sale una Gastón en zapatillas. Quieren, pues, decir que tienen la bendición del gran chef. Resultado: los precios suben exponencialmente.

Desde luego, Gastón no tiene la culpa y no hay en sus visitas mala intención, él simplemente es un buen difusor de la gastronomía. Hasta hace obra social auspiciando a la escuela de cocina de Pachacutec, que ahora es Fundación Pachacutec. No es, desde luego, un mal tipo Gastón, sino que algunos se aprovechan desmedidamente de su gloria y fama (de los políticos que también hacen esto, ya ni se diga) en perjuicio de nosotros, los que buscamos huariques buenos y baratos. Así pues, querido Gastón, te lo pide un gordo de recursos limitados, no vayas a mis huariques favoritos. Te lo pediría de rodillas si mi abdomen me lo permitiera. Trataré de elaborar una lista de ellos.

http://diario16.pe/noticia/60867-lea-gaston-no-visites-mi-huarique-por-favor-columna-eduardo-abusada



Categorías:América Latina y el Caribe

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1 respuesta

  1. Nota muy simpática y muy cierta

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