SERIE “LA REVOLUCION DEL GENERAL JUAN VELASCO ALVARADO” (I)


La Revolución del 03 de octubre de 1968 y las guerrillas de 1965

Militares derrotaron a los guerrilleros, pero se produjo un proceso de transmutación en que los vencedores hicieron suyos los ideales revolucionarios de los vencidos.

Victor AlvaradoVÍCTOR ALVARADO

LIMA. El golpe de estado del 03 de octubre de 1968 que dirigió el general Juan Velasco Alvarado y depuso al gobierno democrático de Fernando Belaunde Terry, no fue un golpe de estado más como sus críticos de todas las raleas políticas lo motejan, sino una ruptura con un pasado semifeudal, con una economía dependiente y atada a las corporaciones norteamericanas y una estructura social muy atrasada, donde en el campo los hacendados disponían hasta la vida de los campesinos, y los campesinos y obreros protagonizaban duras confrontaciones con los gobiernos de turno para salir de sus estados de postración y expoliación.

1. El general Juan Velasco Alvarado anuncia al país el inicio de la revolución peruana no capitalista ni comunista

1. El general Juan Velasco Alvarado anuncia al país el inicio de la revolución peruana no capitalista ni comunista.


2. Tanques toman Palacio en cumplimiento del golpe que depuso al presidente Fernando Belaunde Terry

2. Tanques toman Palacio en cumplimiento del golpe que depuso al presidente Fernando Belaunde Terry

Al igual que la mayoría de movimientos populares del continente, en esa época, las vanguardias políticas de los campesinos y obreros se mostraban dispuestos a reeditar en el país una versión de la revolución cubana de Fidel Castro, entonces dominante en el espectro político latinoamericano, y que estaría en el substrato de los fallidos brotes guerrilleros registrados en pleno primer gobierno de Fernando Belaunde Terry .

Velasco y el grupo de militares que irrumpirían en el escenario político ese 3 de octubre de 1968, por obligación constitucional y mandato de los gobiernos de turno, tuvieron que actuar como instrumentos de represión de las protestas sociales obreras y campesinas, en particular de la insurgencia guerrillera que lideraron Luis de la Puente Uceda, al frente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y Héctor Béjar Rivera, del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Transmutación

3. Belaunde Terry marchó al exilio acompañado de la que sería su esposa Violeta Correa Miller.

3. Belaunde Terry marchó al exilio acompañado de la que sería su esposa Violeta Correa Miller.

La intentona guerrillera fue aplastada inmisericordemente, porque la consigna militar, obediente del gobierno de turno, fue no capturar prisioneros, sino abatirlos a todos, con fusilamientos por medio como ocurrió con De la Puente, e incluso el empleo de bombas napalm que desaparecieron los enclaves aparentemente inexpugnables de los guerrilleros, con el aval del gobierno de turno.

Pero, lo que no previeron los gobernantes de turno, es que esa práctica represiva antipopular y antiguerrillera fue un laboratorio de aprendizaje y de toma de conciencia política y social para los militares que se convertirían en revolucionarios, porque no se trataba de “cachacos” de tomo y lomo, sino de seres humanos privilegiados por una elevada sensibilidad social y creciente formación política y social.

Más de un científico social ha reconocido esta transmutación en el que los vencedores de la contienda hicieron suyos las ideas de los vencidos, de los que murieron durante la ofensiva militar, en reconocimiento de que se trataban de ideas justas.

Insurgencia

4. Luis de la Puente dirigió las guerrillas aplastadas a sangre y fuego por los militares que hicieron suyo su programa politico

4. Luis de la Puente dirigió las guerrillas aplastadas a sangre y fuego por los militares que hicieron suyo su programa politico.

En “situ”, los futuros oficiales revolucionarios descubrieron que habían estado eliminando no a “delincuentes terroristas”, sino a luchadores sociales y políticos, que habían elegido el camino de las armas, porque los otros caminos para los cambios por la vía pacífica, estaban cerrados.

Es entonces que los militares insurgentes decidieron volver sus armas contra los  verdaderos responsables del cuadro de injusticia social que imperaba en el campo y ande peruanos, e iniciaron un proceso de insurgencia política, que lamentablemente ninguno de ellos alcanzó en vida a narrar sucintamente o testimoniar sobre sus detalles.

Velasco, según es posible advertir en su biografía, ese 1965 año de la explosión guerrillera se desempeñaba como agregado militar en París, donde se bañó intelectualmente en las ideas revolucionarios que preñaban esta nación, por lo que no habría estado en primera fila en el combate contra las guerrillas.

“Eran peruanos”

Algunos investigadores insisten en sostener lo contrario, que se desempeñaba en el teatro de operaciones como jefe del servicio de inteligencia del ejército, con el  grado de mayor, lo que parece que fue cierto pero en años anteriores.

Excepto, los documentos oficiales que el Ejército emitió en esa época sobre el final de las acciones guerrilleras, no hay una historia, hecha por los vencedores, sobre el desarrollo de las acciones, excepto la difusión de que la jefatura de las misiones antiguerrilleras descansó sobre los hombre del coronel EP Alejandro Sierralta Morote, sobre el cual no hay una sola semblanza de su perfomance, ni menos él dejó memoria alguna que repase esa perfomance.

De ese trance histórico, solo se conoce una entrevista hecha por el entonces jefe de prensa de Palacio de Gobierno, Augusto Zimmermann Zavala a Velasco, en la que el jefe de la revolución reconoció que los guerrilleros eran “idealistas y peruanos”, y que los sucesos de 1965 “fue una guerra entre peruanos”, lo cual dijo textualmente: “nos hizo pensar que debíamos llegar a soluciones de fondo, porque el peligro era la división interna (…).

El gobierno militar revolucionario, consecuente con su aprehensión histórica del mensaje de los guerrilleros vencidos, los reivindicó liberándolos de las cárceles y más aún invitándolos a incorporarse en puestos de dirección del proceso de cambios.

Curas revolucionarios

5. Pobladores invaden arenales en lo que es ahora la comunidad autogestionaria de Villa El Salvador

5. Pobladores invaden arenales en lo que es ahora la comunidad autogestionaria de Villa El Salvador

Pero esta transmutación no fue exclusiva de los militares, también lo fue de la Iglesia Católica Peruana, hasta entonces motejada como la “iglesia de los ricos”, la de mayor presencia en la feligresía peruana, pues en ese lapso de los años 60, como resultado de la influencia del Concilio Vaticano II, los curas peruanos desarrollaron un proceso de acercamiento a las organizaciones populares de base, léase a los trabajadores y sindicatos y se convirtieron en catalizadores de las luchas sociales.

Este proceso, sin duda, fue facilitado por la creación de la llamada Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), creada por la jerarquía católica liderada por el cardenal Juan Lándazuri y que tuvo como primer director al sacerdote Luis Bambarén, de hondo protagonismo en la Iglesia Católica.

También por la Oficina Nacional de Información Social (ONIS), institución formada por sacerdotes y religiosos de una variopinta de congregaciones de orientación progresista, que tuvo entre sus principales animadores a Romeo Luna Victoria S.J., los diocesanos Gustavo Gutiérrez (fundador de la Teología de la Liberación), Julián Salvador, Tadeo Fuertes, Ricardo Antoncich S.J., Wenceslao Calderón, Alejandro Cussianovich y al obispo José Dammert Bellido, entre otros.

Un mismo proceso

10 ENERO DEL 2008 ENTREVISTA AL MONSENOR, LUIS BAMBAREN, OBISPO DE CHIMBOTE.CUMPLE 40 ANOS DE SU NOMBRAMIENTO COMO OBISPO. FOTO: MUSUK NOLTE/EL COMERCIO

6. El obispo Luis Bambaren aclamado por los pobladores de Villa El Salvador como el Obispo de los Pueblos Jovenes.

Los curas, puede decirse, desarrollaron, sin haberse puesto de acuerdo, el mismo proceso de los “militares revolucionarios” peruanos y al producirse el golpe insurreccional del 03 de octubre de 1968, ambos formaron parte de un mismo movimiento, con algunos aislados desencuentros, como el protagonizado por el entonces ministro del Interior, Armando Artola (que no era del ala revolucionaria militar, sino de la derechista), quién en el colmo de la intolerancia mandó preso a Luis Bambarén, uno de los curas progresistas y primer director del CEAS.

Velasco, apenas conoció de este hecho, reprendió a Artola y liberó a Bambarén, y fue más allá, el gobierno impulsó la creación de la primera Comunidad Autogestionario de Villa El Salvador, hoy uno de los distritos más grandes de Lima y donde la impronta velasquista está perennizada con su nombre en calles y plazas.

Detonante

Juan Velasco AlvaradoLa presencia de Velasco en París habría sido determinante para la gestación del movimiento revolucionario de los militares e igualmente su amistad con notables políticos, como Carlos Delgado Olivera, un ex aprista que se alejó del Apra luego de la convivencia apro-odríista y fue el diseñador del Sinamos que se convirtió en el movilizador de las energías populares orientadas al cambio revolucionario de la sociedad.

 El agua que rebalsó el vaso de la paciencia del movimiento militar revolucionario, liderado por Velasco, fue sin duda la renuncia del gobierno de Belaunde Terry de recuperar el yacimiento petrólifero talareño de La Brea y Pariñas, regentado por la transnacional International Petroeum Company – IPC, que lo había prometido en su campaña electoral y había claudicado como quedó en evidencia con el escándalo de la pérdida de la página 11, que fue el detonante del golpe militar del 03 de octubre de 1968.

En la madrugada de 03 de octubre de 1968 , Palacio de Gobierno fue ocupado por los tanques del Ejército, Belaunde sacado de Palacio y expatriado a Argentina. Se iniciaba la revolución peruana.



Categorías:América Latina y el Caribe

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1 respuesta

  1. Quienes pueden ofrecer una senblanza real del Coronel Sierralta Morote, son los deudos de los campesinos de la comunidad de Ongoy, masacrados por él, como respuesta a la toma de su hacienda, donde embriagó al destacamento policial que descargó sus armas de fuego contra los humildes campesinos. Una delegación de comuneros de Ongoy, Apurimac, sobrevivientes de la masacre, llegó a la capital de la República para denunciar ante el Congreso de la República el hecho de sangre, matanza que incluyó el empleo de un degollador al que nunca se detuvo. Los campesinos que en formación en la Plaza Bolivar frente al Palacio Legislativo, llevaban banderitas blanquirojas y se disponían a hacer su denuncia ante el primer poder del Estado, fueron detenidos y enviados a la isla penal de El Fronton, El Sexto y al penal de Arequipa, por orden del entonces Presidente del Congreso de la República, Oscar Trelles Montes, primo del Coronel Sierralta Morote. Los residentes de la Comunidad de Ongoy residentes en Lima, hicieron un mitin frente al Palacio de Justicia para que se encarcele a los autores de la masacre y no a los deudos de las víctimas, pero no fueron escuchados. Es bueno recordar que la toma de la hacienda de los Sierralta Morote, formó parte de la ola de recuperación de tierras que recorrió el ande peruano, luego del levantamiento de los campesinos del Valle de la Convención y Lares, bajo el liderazgo de Hugo Blanco. Por la forma en que se produjo la masacre de campesinos en su hacienda, podemos imaginar la forma brutal con que el Coronel Sierralta Morote condujo la represión contra el campesinado y luego contra la guerra de guerrillas. Los Sierralta Morote vivieron sus ultimos años tal vez en un lugar muy distinguido de Lima, como la Urbanización Camacho, gozando de total impunidad, porque el Poder Judicial no tenía ojos para los humildes masacrados. El Arquitecto Fernando Belaunde Terry prefirió morir antes que responder ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación sobre hechos de sangre como estos que nunca deben repetirse. Investigaciones posteriores dieron la razón a la comunidad de Ongoy al ubicarse un titulo concedida por la Corona Española a su favor el año de 1689, con lo que se revela que las comunidades fueron usurpadas y arrinconadas a las tierras menos fértiles por el gamonalismo, que se reservó para sí las tierras más fertiles, convirtiendo al campesinado en siervo. La masacre de San Pedro será recordada como una muestra del mal uso del poder por un oficial de las Fuerzas Armadas.

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