Perú. Ayacucho 1985: Una masacre brutal que el pueblo de Accomarca no olvida


Accomarca 1985, el testigo invisible  

Texto sobre la brutal masacre de hombres, mujeres, niños y ancianos, perpetrada hace 30 años en Accomarca.

AccomarcaFacundo Roldán no recordaba exactamente qué era lo que había ocurrido cuando el soldado lo detuvo, lo encañonó y le ordenó avanzar. En ese momento se le acababan los recuerdos. Quizás, lo había llevado hasta el cuartel y lo había entregado.

Quizás, en ese lugar, no había sufrido torturas porque era innecesario. Solamente era necesario ultimarlo porque era un sobreviviente de la matanza de Accomarca. Por eso, quizás lo mataron de un balazo o dos, y lo habían enterrado secretamente en algún lugar de la propia instalación militar.

Mientras hacía tiempo para que llegara el alférez, Facundo alzó los ojos al cielo y se preguntó si allí había un lugar para más difuntos. Tal vez en ese momento Telmo entró, y sus ojos pasaron a través del hombre que le había temido tanto, y no lo vio

Una comisión enviada por el Senado de la República iba a interrogar al militar.

Este hombre está más muerto que los muertos, se dijo Facundo Roldán y quiso comentarle al periodista que estaba a su costado:

—Los muertos por fin descansan. Este hombre no descansará jamás.

La comisión senatorial estaba presidida por Javier Valle Riestra y la integraban Jorge del Prado, Javier Diez Canseco y César Delgado Barreto. Era el 18 de setiembre de 1985 y habían pasado cuatro semanas de la masacre.

—¿En su reglamento se establece que usted puede proceder a eliminar si lo considera necesario?, preguntó Diez Canseco.

—Sí.

—¿Y los niños?

—Desde muy chicos los instruyen.

—¿Desde qué edad los consideraría usted peligrosos?

—Los comienzan a adoctrinar desde los dos años, tres años, cuatro años, así sucesivamente, respondió.

—No vamos a discutir si los niños son capaces de hacer una emboscada. ¿Usted piensa que eso, la masacre, estuvo bien? ¿Usted no ha sentido remordimiento?, emplazó Del Prado.

—No quiero responder a esa pregunta.

Dos periodistas que estaban al lado del testigo fantasma comentaron que el alférez estaba asumiendo toda la culpa para evitar que aquélla manchara a sus superiores. Era evidente que había acatado órdenes y que las mismas consistían en arrasar con todo, en hacer una guerra sin prisioneros.

—Usted aplicó la pena de muerte.- le dijo Diez Canseco.

—Fue una decisión que he tomado.

—¿Y cómo llamaría a esa decisión?, presionó el senador.

—He tenido la orden de destruir eso, la comunidad. Yo la he aplicado y he cumplido con la misión de acuerdo con lo que yo interpreto en una zona guerrillera.

—Subteniente, ¿podría describir cómo eliminó a las personas?

—No recuerdo en estos instantes.

—¿Usted personalmente participó? ¿O se lo ordenó a su personal?

—Yo he participado.

—¿Utilizó granadas?- le preguntaron. Los senadores trataban de entender por qué los cuerpos de las víctimas estaban calcinados.

—Sí, las he utilizado.

—¿Su personal es responsable junto a usted de lo ocurrido?

—Yo no considero que mi personal sea responsable.

—¿Por qué?

—Porque el oficial es responsable de las cosas que pasan.

En ese momento, Facundo descubrió que él mismo estaba debidamente muerto. Pasó por en medio de los periodistas y después a través de las paredes y por fin llegó hasta los calabozos donde decenas de hombres y mujeres esperaban la llegada de los torturadores.

Le pidió a Dios que les diera la paz de la muerte, que se quedara dormido o se hiciera invisible. En ese momento, se trató de mirar las manos, pero aquellas se habían tornado transparentes. Entonces, el mundo comenzó a girar con mayor velocidad.

Y mientras el planeta se movía, Facundo Roldán desapareció de todas partes. La tinta que escribía su nombre se evaporó, y dejó de estar en los documentos oficiales. Su vida terminó incluso en las novelas donde se le menciona.

Con otros centenares y miles de hombres y mujeres, apaciblemente, comenzó a disfrutar del placer lento de morir.

http://diariouno.pe/columna/accomarca-1985-el-testigo-invisible/



Categorías:América Latina y el Caribe, Derechos humanos

Etiquetas:, ,

4 respuestas

  1. Provoca indignación leer todo ello y desgraciadamente quien responde es un ser humano, un pobre hombre sirviente de los grupos de poder, él defiende intereses que no le pertenecen, el sistema lo llevó a convertirse en un monstruo.

    Me gusta

  2. Con tal de hacer prevalecer el sistema neo-liberalismo y mantenerse en el poder económico a las vidas no respeta en absoluto y los derechos humanos existe solo para ellos sector dominante y los militares solo son unos instrumentos estúpidos cachacos adoctrinados como perros que solo saben obedecer las ordenes de sus amos…

    Me gusta

A %d blogueros les gusta esto: