¡¡¡S.O.S. universal: vacuna contra la estupidez!!!


guillermo giacosa 1Escribe: Guillermo Giacosa

Siempre me fascinó el tema de la estupidez humana. Recuerdo haber citado en un viejo artículo mío publicado en otro diario, un supuesto diálogo entre Galileo Galilei y Johannes Kepler en el que el primero le habría dicho a su interlocutor “Creo que debemos reír cordialmente de la estupidez sin límites de la gente”.

Einstein, que cada día que pasa me parece más brillante y más visionario, decía, por su parte, que el espacio y la estupidez humana son infinitos y que sobre el espacio no estaba tan seguro.

Como una de las pruebas de esa estupidez me gustaría citar la historia de un personaje que siempre me ha conmovido: Giordano Bruno. Este filósofo excepcional fue quemado vivo por la Inquisición romana en febrero del 1600 (pasado ya el Renacimiento e ingresando a la Edad Moderna), por afirmar que no solo la Tierra no era el centro del universo, sino que el universo mismo carecía de centro y que Dios, en su omnipotencia, no podía mantener una posición privilegiada con una parte cualquiera de su creación.

“Si el poder de Dios es infinito –decía Bruno- debe haber creado un universo infinito y una pluralidad de mundos donde deberían existir otras humanidades”. Debemos agregar, para mayor sorpresa de tanta libertad de pensamiento y tan espléndidas reflexiones, que Giordano Bruno era sacerdote católico y licenciado como lector de teología en un convento de Nápoles.

El enorme error o el enorme acierto de Bruno fue leer a algunos herejes como Erasmo y Copérnico, cuyos pensamientos enriquecieron su conciencia crítica y lo arrimaron a la hoguera en la que acabaría sus días.

Cuando la Inquisición romana leyó la sentencia de muerte Giordano Bruno dijo estas palabras: “El miedo que sentís al imponerme esta sentencia tal vez sea mayor que el que siento yo al aceptarla”.

Y tanto miedo le tenían que para evitar que su maravillosa inteligencia dijera algo que iluminaran al obnubilado público que asistía a las ejecuciones, le paralizaron la lengua con una rienda de cuero. Sus cenizas fueron arrojadas al río Tíber.

Lo dramático de lo relatado es que, con nuevas técnicas y actitudes, la estupidez suprema de no aceptar que nadie discrepe del pensamiento “oficial” sigue perdurando.

La inquisición moderna tiene una fachada que son los medios monopólicos de comunicación y un detrás que son las grandes corporaciones económicas. Esos titiriteros de neuronas son quienes deciden, no los políticos que elegimos para que administren un estado democrático.

Ya, felizmente, podemos discrepar con la supuesta palabra de Dios, pero ¡ay del que discrepe con las teorías económicas y políticas que están arrastrando al planeta a guerras tan interminables como absurdas y a la Naturaleza a una lenta agonía.

Es verdad, maestro Einstein, se puede dudar de la infinitud del universo, más no de la infinita ponzoña que transforma las maravillosas capacidades de nuestro cerebro, en conductas decididamente estúpidas y necrófilas.

La última de ellas le pertenece a Hillary Clinton, la candidata demócrata a la presidencia de los EEUU: rodear a la China de misiles. Cómo vemos Trump no está solo en este certamen por ganar el Oscar de la estupidez humana.

http://diariouno.pe/columna/s-o-s-universal-vacuna-contra-la-estupidez/



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