No por mucho madrugar, se hace uno político más temprano


Eduardo Abusada FrancoEscribe: Eduardo Abusada Franco

Comparto con ustedes este breve texto sobre mi recién iniciada experiencia en la política vecinal, y algunas reflexiones sobre la militancia, la democracia y la carrera política desde abajo y barrial.

 “En el Perú, vemos que ha pasado lo mismo. Hijos de ministros (muchos corruptos), o “chicos bien” con sus postgrados en inglés y que “hablan bonito”, o mujeres por sus caras lindas, han terminado siendo lo referentes políticos, algunos sin mayores talentos que el de su red de contactos. Pero, referentes ¿de qué?”

Para correr, primero hay que aprender a caminar, y antes de eso, saber gatear. La política, como toda actividad humana, es similar: hay que ir por partes y cucharadas, quemar etapas, ya que se aprende más de los errores que de los aciertos. El general Simón Bolívar, con todo su genio militar y visión geopolítica, tuvo tal vez más derrotas que victorias. Él mismo murió convencido de que todo había sido en vano. “He arado en el mar”, dijo. Sin embargo, la historia —que tiene el poder de encajar las piezas— terminó por darle la razón en mucho de lo que vaticinó en sus escritos como la ‘Carta de Jamaica’. Así, la experiencia, sencilla o épica, enseña y forma el carácter.

El pasado 08 de octubre me presenté a los comicios para las Juntas Vecinales de Miraflores. Salí electo presidente en mi zona. Se trata de la representación de un área de poco más de 15 manzanas. El proceso contó con la participación de la ONPE y el JNE. Tal vez, luego de las elecciones para delegado o presidente del salón de clases, la elección popular más humilde que existe. Sin embargo, por discreta que sea, es un cargo que he aceptado con orgullo y honor y en el que estoy tratando de dar lo mejor de mí.

A pesar de que ya no soy tan joven, y tengo ya un tiempo ejerciendo militancia política y articulando movimientos, en estas dos primeras semanas en el cargo —ad honorem, por cierto—, he descubierto que la política vecinal-barrial es sumamente intensa. Es más, supera un defecto que encuentro en la –‘democracia representativa’. En esta, el pueblo delega parte de su soberanía en alguien o en una institución que ejecuta el poder por él. El problema con el surgimiento del Estado Nación y las grandes urbes, es que uno en verdad no conoce bien a quién le delega su cuota de soberanía. Salvo que seas vecino, amigo de infancia o quizás pariente, la gente de a pie no lo conoce más allá de la publicidad que este sujeto elegido haya hecho. Y ya sabemos que la publicidad es el arte de venderte lo que no necesitas. En cambio, la política vecinal supera este defecto, pues uno conoce a la gente de su barrio, aprecia sus virtudes y sabe bien de qué pie cojea. Y es en esa relación más cercana, en que se foguea la política más sincera, pues el “arte de mentir” ya no es tan fácil para los charlatanes.

Es dentro de aquella tropa de habladores donde precisamente surge el tipo de líderes que creen conocer mejor que nadie lo que conviene para todos, son esos “iluminados”, aquellos que creen ser presidenciables desde que empiezan a gatear… porque los hados así lo han predestinado. Recuerdo uno que ni había acabado la universidad, sin haber quemado grandes etapas, y querían ponerlo ya de teniente alcalde de la segunda plaza política más importante del Perú. El resultado fue una gestión que perdió una oportunidad histórica para la izquierda: la olvidable administración de Villarán.

En la polis griega la política terminó siendo ejercida por los que tenía tiempo para ella: la aristocracia de entonces. En el Perú, vemos que ha pasado lo mismo. Hijos de ministros (muchos corruptos), o “chicos bien” con sus postgrados en inglés y que “hablan bonito”, o mujeres por sus caras lindas, han terminado siendo lo referentes políticos, algunos sin mayores talentos que el de su red de contactos. Pero, referentes ¿de qué? Por eso la civilización se levantó contra esa argolla y se desarrolló el concepto platónico de República. Es en la política barrial donde se puede combatir con mejores armas —por la horizontalidad y la necesidad de menos recursos— a esa argolla de casta. Es decir, empezar desde abajo como un proceso fundamental, y ser elegido por la gente, legitimado por el pueblo, no significa necesariamente una nueva forma de hacer política, sino recuperar la política en su sentido esencial.

Sea este pues mi humilde consejo, empieza en la política, por pequeña que sea tu articulación, desde abajo. En tu familia, en tu barrio, en tu promoción de universidad o de colegio, con tus amigos. Quema tus etapas, y lo demás caerá por su propio peso.

29/10/2016

http://plazatomada.com/opinion-ensayos-2/no-por-mucho-madrugar-se-hace-uno-politico-mas-temprano

 



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