Refundar México


Escribe: Alberto Carral            

19/12/2016

El gobierno espurio de México es un huérfano del neoliberalismo que camina como zombi entre las ruinas del capitalismo salvaje. Como en la película de Los Otros, aún no sabe que está muerto. No acierta a comprender que el mundo “moderno” —su geopolítica, su economía, su relación con la naturaleza— se mueve a toda velocidad hacia otro tipo de arreglo, e ignora que no está invitado al festín.

Si algo va a ser distinto en la nueva y complicada etapa que se perfila, es el rol global que juega Estados Unidos, y tal cambio impactará, con toda su fuerza y en primerísimo lugar, al Sur de su frontera, es decir a nosotros, el vecino con quien mantiene una muy peculiar relación de “socios” en la que el imperio somete sin misericordia al vasallo.

Esto va a cambiar, ya lo está haciendo. Lo cual no implica que las cosas vayan necesariamente a mejorar para México. Al contrario. Lo que se aprecia es una tendencia al recrudecimiento de la expoliación, el racismo y la imposición. Pero se está descorriendo el velo de Isis. Con la irrupción de Donald Trump no sólo se derrumbó el absurdo y ridículo sueño de que la integración suicida de nuestro país en América del Norte traería bonanza para nuestro pueblo ¡Vaya ingenuidad! También ha sido revelado que el “sueño americano” se ha convertido en una amarga pesadilla, aun para los propios estadounidenses. Como en su momento fue advertido: al incorporarse al flamante TLCAN (Tratado de Libre Comercio para América del Norte) en 1994, México, en efecto, se subió a un moderno y elegante trasatlántico, lo malo es que se trataba del Titanic.

Ha llegado la hora de que el pueblo tome las riendas y se disponga a construir el futuro que se merece, porque, como decía Paul Valery, el futuro ya no es lo que era.

Como nunca, se impone la necesidad de refundar la nación mexicana: su proyecto social y productivo debe transformarse radicalmente hacia uno que sí sea viable, que no destruya la naturaleza y la convivencia humana, que ponga en una justa dimensión la —hasta ahora— asimétrica relación con Estados Unidos, que recupere sus lazos de hermandad con los pueblos de América Latina y del mundo entero.

Ha llegado la hora y estoy cierto de que estaremos a la altura. Sé que evitaremos la balcanización de nuestro territorio y que fundaremos un nuevo México, digno y generoso.

Diciembre 17 de 2016

http://www.alainet.org/es/articulo/182452



Categorías:Actualidad, Análisis, Centroamérica

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