LENIN Y MARIÁTEGUI. UNIDAD DE LOS REVOLUCIONARIOS


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Escribe: Gustavo Espinoza M. (*)

Hace 93 años, el 21 de enero de 1924, falleció Vladimir Ilich, Lenin. Lo recordamos esta noche en  el primer acto que organizamos celebrando el centenario de la Revolución Socialista de Octubre porque queremos significar, con  este acto, que  Lenin  no murió en esa circunstancia, que vive en el corazón, y en la conciencia de los pueblos.

Y al iniciar  este homenaje, lo primero que debemos hacer es evocar  la circunstancia en la que Lenin vino hacia nosotros. Fue un  peruano -Josè Carlos Mariátegui- el que lo trajo a nuestro suelo.

Fue él -recordemos- el primero que saludó la Revolución del 17, y  vio en ella la herramienta de liberación humana. A fines de 1917 y a inicio de 1918 Mariátegui comenzó a mirar la experiencia rusa. Por eso la derecha peruana se ocupó pronto de él, y el diario “El Comercio” pretendió burlarse del Amauta y sus compañeros diciendo: “han surgido aquí los bolcheviques peruanos”. Y Mariátegui reivindicando el hecho,  aceptó:  “Si, Bolcheviques y peruanos, pero más peruanos que bolcheviques”.  Fue esa una manera de de subrayar su visión nacional de los problemas y  su sentido de patria.

Ya en esa época y en relación con el tema, de Mariátegui hay que rescatar  dos elementos: su admisión del concepto “Bolchevique” y su adhesión al Socialismo. Por que data precisamente de 1918 una frase que hizo  historia: “asqueado de la política criolla, me orienté resueltamente al socialismo”. Lo dijo textualmente José Carlos en su mini auto biografía que muchos conocen.

De esta adhesión, Mariátegui extrajo tres lecciones: la necesidad de una Revolución, la importancia de una ideología, y la necesidad apremiante de  una fuerza en lucha, los trabajadores.

A partir de estos tres conceptos, y teniendo como telón de fondo la excepcional figura de Lenin, se vinculó al movimiento obrero enfrentando el anarco-sindicalismo. La idea fue crear los sindicatos como frentes únicos, en los que estaban los trabajadores, independientemente de su filiación política o credo  religioso, unidos por una causa común: su condición proletaria.

Siguiendo ese derrotero, se fue a Europa. Trabajó en Italia, y visitó Francia, Alemania y otros países. No pudo ir a Rusia –como él mismo confesó que quería- por  razones de orden personal, pero estudió como nadie la experiencia soviética.

De ella, no olvidemos, extrajo su manera de ver el mundo. Y apreció  así, tres fenómenos: el surgimiento del fascismo el ascenso de la clase obrera y sus grandes luchas, y el proceso de formación de los Partidos Comunistas, como herramientas de clase del proletariado.

Mariátegui recogió las ideas de Lenin referidas al Frente Único de Clase y al papel de la clase obrera como herramienta decisiva para la transformación revolucionaria de la sociedad. Y pudo darse cuenta del inmenso papel que jugó Lenin, como  conductor de la epopeya de Octubre en sus primeros años.

Con ese mensaje y esa visión del mundo, fue que  Mariátegui retornó al Perú. Y lo hizo para cumplir sus tres tareas esenciales. Por eso fue que publicó  la revista “Amauta”, a fin de introducir las ideas socialistas; y el periódico “Labor”, para llevar más directamente su mensaje a los trabajadores.

Por eso fundó luego el Partido Revolucionario,  que él mismo designó como Partido Socialista. Lo concibió como el instrumento llamado a conducir a la clase obrera en la lucha por la construcción de una nueva sociedad.

Y por eso, finalmente, en mayo de 1929,  creó la Confederación General de Trabajadores del Perú, la CGTP. Y la concibió como debió ser siempre: Un Frente Único de los Trabajadores para luchar en defensa de sus más legítimos intereses de clase.

Hasta el fin de sus días, el Amauta siguió  su obra con el mayor empeño. Y hasta el fin también   admiró a Lenin,  y respaldó su obra sin descanso.

Y es que desde su inicio y casi hasta el fin, la Unión Soviética fue baluarte de los pueblos en la lucha por la liberación humana.

Fue un baluarte en la lucha contra el colonialismo. Con su apoyo, fue que pude desmoronarse el oprobioso sistema colonial y los pueblos de África y Asia conquistaron su Independencia.

Salvó al mundo del horror del fascismo y  derrotó a la Alemania Nazi en épicas jornadas.

Fue un  baluarte en la lucha contra el imperialismo y su política de guerra y exterminio. Esa política ayudó a la victoria de la Revolución China, en 1949; a la victoria de  Corea en 1953. Al heroico triunfo del pueblo Vietnamita.

Fue un baluarte en el apoyo a las luchas de la clase obrera en Europa,  y otros continentes.

Y en América Latina, el aporte de la URSS fue decisivo para la consolidación y victoria de la Revolución Cubana;  para el triunfo de Salvador Allende y el  gobierno de la Unidad Popular;  para la lucha del Chile antifascista, después de Golpe de Pinochet.

Y los peruanos supimos del  papel de la Unión Soviética cuando le dio generosamente la mano al único gobierno decente que tuvo el Perú en el siglo XX, el gobierno de Juan Velasco  Alvarado.

Hoy, miramos todo eso. Y lo apreciamos en su mayor dimensión. Es verdad que existen diferencias, referidas al proceso de la historia.

Todo eso, lo vamos a tratar en el transcurso del año del centenario. Hay que estudiar y analizar las  experiencia;  no con el punto de vista del historiador, sino con la murada crítica del político. Mirar la historia no para ver el pasado, sino para otear el porvenir. Porque ése es, el que pertenece a las nuevas generaciones.

Es en ese es fuerzo y esa voluntad, que hemos forjado este Comité del Centenario. Lo hicimos cuando llegamos a la conclusión que resultaba indispensable leer a Marx,  a Lenin, a Mariátegui. Recoger lecciones, y aprender de la historia.

No somos un Comité “cerrado”. Ni es nuestra tarea un  esfuerzo cerrado. Creemos que hay que sumar,  también en esto. Y llamamos a todos a  hacerlo. No pretendemos imponer nada a nadie, sino invitar a todos. Si quieren, pueden venir a nuestro Comité. Y si prefieren no hacerlo, respetamos la idea. Pero igual,  evoquen la experiencia de Octubre,  y valoren la Revolución Rusa.

Será esa una manera práctica de hacer la unidad. Se ha  hablado mucho de la unidad, pero se ha construido la división. Se ha dicho muchas veces que para “hacer la unidad”, hay que “tener programas”. Cada Partido ha esbozado “programas” y ha constituido “comisiones programáticas”. Hay 400 programas, pero no hay Unidad

Lenin hizo la unidad con un  programa muy simple. Solo enarboló cuatro ideas: Pan, Paz, Tierra y Libertad. Fue suficiente.

Pero entendió, al obrar así, que era esa la forma de dar consistencia a la lucha Un lucha que pasa en todas partes, y ocurre aquí también,  por el cumplimiento de cuatro tareas básicas: construir la unidad, organizar a los trabajadores, concientizar a la población y promover y alentar las luchas populares. Por esa vía, será posible siempre  avanzar en el camino revolucionario.

Lo que ocurre es que algunos que hablan  de unidad, sólo piensan en  ella en términos electorales. Buscan la unidad, para participar en elecciones. Pero la unidad, tiene objetivos más altos: construir el Poder Popular, hacer la  Revolución Social, transformar el país  cambiando radicalmente su esencia. La Unidad que ha que construir, es la unidad política.  Y tiene que comenzar desde abajo como en Conga, Tía María, Las Bambas, Puente Piedra. Ahí está el ejemplo.

Para esa lucha, hay que juntarse y  sumar fuerzas. Esa es nuestra voluntad. Y con ella es que decimos esta noche:

¡VIVA EL CENTENARIO DE LA REVOLUCION DE OCTUBRE!

¡VIVA SIEMPRE EL LEGADO DE LENIN!

¡VIVAS LAS ENSEÑANZAS DE JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI!

¡VIVA EL PERÚ!

( *) Homenaje a Lenin. 20 de enero de 2017. Casa del Maestro. Acto organizado por el Comité del Centenario de la Revolución Socialista de Octubre

 



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1 respuesta

  1. A propósito del comentario sobre Lenin y Mariategui, que hace el conocido revisionista y oportunista de casi toda su vida Gustavo Gutiérrez, quien recibió su formación política en los buenos tiempos de la Unión Soviética, no me sorprende la forma en que castra y acomoda la interpretación de los aportes ideológicos y políticos que hicieron a los procesos revolucionarios en todo el mundo la triunfante revolución bolchevique liderada por Vladimir Lenin y los estudios que hiciera de ese proceso José Carlos Mariategui y su aporte ideológico y político en la construcción del partido de la clase obrera y que por razones que todos conocemos en la historia del proceso de la lucha política en nuestro país, no llegó a concretarse por la desaparición física del Amauta. Es mucho lo que se tendría que discutir sobre lo mencionado por Gustavo Gutiérrez. Pero que Lenin hizo la unidad con un programa muy simple de cuatro ideas básicas de: pan, paz, tierra y libertad, esto suena a un claro contrabando ideológico y político de un personaje que no ha cambiado y que no cambiará por toda su trayectoria que jugó cuando era uno de los más recalcitrantes defensores de la Unión Soviética y de su política revisionista y conciliatoria con el imperialismo yanqui desde los años 60 para adelante, su papel que jugó en la división de la izquierda peruana por décadas y su oportunismo barato y reformista durante los años 60, 70 y comienzos del 80 pintan de cuerpo entero a este personaje que además fue un conocido bombero de la revolución peruana por la que nunca hizo nada, ni tuvo el coraje en sus mejores años de su vida de comprometerse con ella. Que debemos leer a Marx, Lenin, Mariategui, también a Fidel Castro y el Che como a otros y recoger lecciones y aprender de sus experiencias y conocimientos políticos e ideológicos que hicieron en determinados momentos de la historia mundial y nacional de sus respectivos países, es un deber moral y político de todos aquellos que quieren cambiar este sistema capitalista y reemplazarlo por un sistema socialista que se adapte a los requerimientos de cada país y sociedad en la cual hoy se continúa en la lucha política y social por el cambio estructural social, económico y político, de cara a este nuevo siglo XXI que nos ha tocado vivir. Que la unidad es necesaria para avanzar y hacer más cercana la fecha en que podamos tener el control de nuestro propio destino y soberanía en la construcción de la patria socialista e independiente por la que entregaron su vida tantos peruanos y peruanas, es en este proceso de la lucha que la tarea de la unidad es y será una deber permanente de todos aquellos peruanos/as, que honestamente quieren ver el cambio revolucionario de nuestro país y de todos los paises en el continente Latinoamericano y el mundo. Unidad para luchar y vencer! Unidad para construir organización política de las masas y avanzar! Sin luchas no hay victorias!

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