Donald Trump y la debilidad del imperio 


Hugo SalinasEscribe: Dr. Hugo Salinas

31/01/2017

Donald Trump se hace elegir, contra todo pronóstico, como presidente n° 45 de los Estados Unidos. Una vez elegido tira por la borda todos los convenios, incluido el TPP, gestionado por su antecesor Barack Obama. ¿Es tan cierto esta “actitud desequilibrada” del nuevo presidente de los Estados Unidos?

Lo cierto es que, de más en más, se siente el debilitamiento del imperio americano. Las manifestaciones callejeras se hacen notar y, lo que es insólito, por la primera vez, más de 2 millones de americanos no se reconocen públicamente en su presidente Donald Trump. Por otro lado, abiertamente China anuncia ocupar su lugar en los acuerdos de comercio internacional, y la Unión Europea le envía una señal de “mise en garde”. Un debilitamiento del imperio que se hace más evidente con la decisión de una jueza federal que bloqueó parcialmente la orden ejecutiva migratoria del presidente Trump contra 7 países musulmanes.

Pero esto no nos debe hacer olvidar que quien maneja la economía de un país no es el presidente de la república, así sea de Estados Unidos. Los que mueven los hilos del poder mundial son las empresas multinacionales. Corporaciones a nivel mundial que tienen como única divisa, la de maximizar las utilidades de sus empresas. Y Trump ha sido elegido, cierto, por el pueblo americano, pero a quien representa es a estas grandes corporaciones mundiales para quienes no existen ni fronteras nacionales, ni divisas nacionales, ni lengua oficial, menos aún juicios de valor como la ética comercial. ¿La prueba?

Las primeras órdenes ejecutivas firmadas por Donald Trump han tenido por efecto un alza inusitada del índice Down Jones de la bolsa de valores americana. Supera por la primera vez en su historia la barra de los 20 mil puntos. Y por otro lado, Trump promete disminuir los impuestos a todas las transacciones bursátiles; mejor dicho, facilitará los movimientos especulativos y, en general, todas las transacciones financieras. Este es el Trump que adoran los empresarios y las grandes corporaciones mundiales.

Los verdaderos patrones de Donald Trump y de Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, se aprecian cuando ellos se apresuran a reflotar dos oleoductos enterrados por la opinión pública: tanto el extenso oleoducto Keystone XL y el que atravesará territorio indígena en Dakota del Norte. Corrientemente se dice que es el poder del Dinero, pero estamos muy equivocados si nos quedamos en este nivel de análisis.

La concentración de riquezas en poquísimas manos es el resultado, no del poder del dinero, sino de uno de los dos elementos del modelo socio-económico actualmente imperante. Se trata de la Repartición Individualista del resultado de la actividad socio-económica. Un mecanismo que permite la acumulación de riquezas, tanto en stock como en flujos, a nivel local, nacional, regional y mundial. Nuestro enemigo no es Donald Trump, es la Repartición Individualista.

Lima, 31 de enero del 2017



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