El Museo de Oro o la gesta de un peruano de oro


descarga-50Miguel Mujica Gallo abrió un camino continuado por Rafael Larco Hoyle y Yoshitaro Amano

Estaría faltando un gran sistema que una sus experiencias con las que registran tumbas reales de sipán, sicán, bruning, señora de cao y huaca del sol y la luna, entre otros.

Escribe: Víctor Alvarado

02/03/2017

 Uno de los museos que los peruanos deben visitar es el Museo de Oro del Perú y en verdad no hacerlo es una omisión lamentable, porque como pocos de los que existen en el país, nos descubre la grandeza de los orfebres precolombinos, las características de culturas de niveles tan iguales e incluso superiores en algunos aspectos a las del mundo antiguo europeo y asiático; y de un mundo que de no haber sido arrasado por el fenómeno depredador y sanguinario de la conquista española, seguramente se hubiera preservado como felizmente pudieron hacerlo la China e India, entre las pocas culturas antiguas sobrevivientes.

Este gozo cultural que significa el Museo de Oro del Perú no sería posible de no haber mediado la proeza de su fundador, el eminente peruano, don Manuel Mujica Gallo (1910- 2001), un empresario singular, que dedicó su fortuna en los años 50, 60 y 70 proveniente de negocios agrícolas, bancarios y de seguros, a adquirir piezas precolombinas de oro, extraídas ilegalmente y ofertadas por los saqueadores conocidos como “huaqueros”, para evitar sus festinaciones en el exterior o sus fundiciones en las joyerías de inescrupulosos comerciantes, y al hacerlo evitó que se hubieran perdido definitivamente.

Mujica Gallo es un siugeneris prócer cultural y luchador por preservar nuestra herencia precolombina en una época de mucha inconsciencia social y cultural, de un Perú atrasado, con un agro semifeudal, de hacendados de horca y cuchillo y empresarios ególatras interesados en enriquecerse y afincar sus fortunas en Miami o Londres, no importa si hipotecando o vendiendo la Patria, entre los que felizmente no estuvo el fundador del Museo del Oro.

BUNKER

El Museo de Oro, edificado en Monterrico, Surco, se levanta en una edificación de dos pisos, un verdadero bunker subterráneo antiterremotos y antibombardeos, con puertas blindadas de un grosor que asemejan puertas de bóvedas bancarias, y alberga casi 7,000 piezas de oro, plata, algunas de platino, textiles, ceramios, momias y fardo funerarios.

Y además por si fuera poco, alberga otro museo, el Museo de Armas del Mundo, el único en su género en el planeta, con más de 20,000 piezas, entre las que se incluyen uniformes de guerra, monturas de caballo, armaduras de caballeros medioevales, espuelas, entre otros.

La pasión que puso para no perder ninguna oferta de piezas de oro y plata, lo convirtió en un investigador de nuestro pasado histórico y pronto supo darle a su tarea un horizonte en el que estuvieron reunidas las principales culturas precolombinas como Vicus, Mochica, Lambayeque, Chimú, que se desarrollaron a lo largo del litoral norte.

UN PORTENTO

También incluyó legados del Incario, del cual conserva y exhibe una placa de oro, un verdadero portento arqueológico, porque revestía un muro de un templo inca y constituye una de las joyas emblemáticas del Museo de Oro.

Previsoramente, en 1993, mucho antes de cumplir los 91 años de edad, para asegurar la supervivencia del museo, donó su colección a la Nación y la convirtió en una Fundación que lleva a su nombre, designando administradora a su hija Victoria Mujica Diez Canseco.

La fundación, según su testamento, es una entidad sin fines de lucro, sujeta a la intervención del Estado y desde entonces funciona, como lo soñó su fundador, difundiendo nuestro valioso pasado precolombino y enseñando a los peruanos a conservar, defender e internalizar los valores de nuestras culturas antiguas.

RAFAEL LARCO

Los peruanos aún no han reivindicado plenamente la gesta de Mujica Gallo, así como la de otros grandes conservacionistas peruanos, entre los que cabe mencionar a Rafael Larco Hoyle (1901- 1966), fundador del museo arqueológico que lleva el nombre de su padre “Rafael Larco Herrera”, localizado en el distrito limeño de Pueblo Libre, de quién heredó su pasión por la arqueología y una colección inicial, que él multiplicó en vida.

Al igual que Mujica, Larco Hoyle invirtió sus ganancias de dueño de las ex haciendas azucareras Chiclín y Salamanca (Trujillo), en recuperar un rico patrimonio arqueológico de nuestro pasado precolombino de por lo menos 4,000 años de antigüedad.

YOSHITARO AMANO

También corresponde destacar la importante contribución de Yoshitaro Amano (1898- 1982), ciudadano japonés, pero peruano de corazón, fundador del Museo Amano, que invirtió su fortuna proveniente de su trabajo de empresario pesquero en recuperar, juntamente con su esposa peruana nisei, Rosa Watanabe, los milenarios textiles precolombinos de la cultura Chancay

Su hijo Mario, continuador de su obra, los conserva y expone en un excepcional museo de la calle Retiro, en el distrito de Miraflores, que lleva el apellido de su progenitor. Amano solía decir: “Los hilos han tejido el mundo”, al justificar su pasión de coleccionista de los milenarios textiles de la cultura Chancay y refrendar su convicción de que también tejieron al Perú.

Por supuesto, hay otros peruanos que al igual que Mujica, Larco y Amano hicieron de sus vidas un apostolado de devoción y amor al

Perú profundo, a través de la recuperación y conservación de nuestro rico pasado histórico, y mencionarlos sobrepasaría la extensión de esta página, tarea que deberá ser asumida más adelante.

DESAFÍOS

Tuvo que producirse en Perú y América Latina, un remezón de las estructuras sociales, políticas y económicas, como lo marcaron la Revolución Cubana, las experiencias guerrilleras de Luis de la Puente y Héctor Béjar, el golpe de los militares nacionalistas liderados por Juan Velasco Alvarado, la explosión neoliberal y la revolución informática, entre otros acontecimientos, para que nuestros pueblos tomen conciencia de sus herencias culturales y surja una gesta para revalorarlas, y que ahora el llamado neoliberalismo, por ser opuesto a las culturas nacionales, quisiera desaparecerlas.

Gracias a este desenlace cultural, han surgido otros grandes esfuerzos de rescate y revalorización de nuestro patrimonio precolombino, como lo grafican la existencia de los museos Bruning, Tumbas Reales de Sipán, y Sicán, en Lambayeque; Señora de Cao y Huaca del Sol y la Luna, en La Libertad, solo por citar a los más significativos surgidos en las últimas décadas, a los cuáles esperan añadirse otros hallazgos tan impactantes como aquellos, como “Ventarron”, también en Lambayeque, un conjunto de pirámides en Cahuachi (Nazca, Ica) y el asombroso Caral.

Pocos han reparado que cada una de estas valiosas experiencias de rescate de nuestro patrimonio arqueológico trabaja cada uno por su cuenta, sin una aparente unidad entre ellos y correspondería crear una gran sistema que unifique sus experiencias para extraer de ellas las luces que faltan para explicar muchas de las interrogantes del gran pasado peruano.

Esta tarea de revalorización de nuestro pasado precolombino y cultural, aun cuando registra grandes avances, está en sus comienzos y espera la incorporación de nuevos exploradores e investigadores para desarrollarlas y profundizarlas, y no dudamos que las nuevas promociones de jóvenes sabrán aportarlos.



Categorías:Actualidad, Agenda cultural, América Latina y el Caribe, Historia

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