El comandante Hugo Chávez Frías y los peruanos


descarga-51Escribe: Gustavo Espinoza M. (*)

 Hace cuatro años  -el 5 de marzo del 2013- los pueblos de nuestro continente sufrieron una inmensa pérdida: falleció el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, una de las figuras más destacadas del proceso emancipador latinoamericano y, quizá, su principal inspirador.

 Su vida, fue un accionar constante y sus ideas y realizaciones políticas conmocionaron el sub continente polarizando las fuerzas. Aun en la memoria de muchos quedó la huella de un hombre que, situado  en las más altas cumbres del Poder, se manejo con una sencillez admirable, y tuvo siempre la mirada puesta en un  futuro preñado de lucha y de  victoria.

 Diversos fueron   los episodios que ataron el Comandante Hugo Chávez al proceso peruano. Quizá si el más conocido ocurrió en 1974, cuando vino al Perú para participar, en la Pampa de La Quinua, en los celebratorios del Sesquicentenario de la Batalla de Ayacucho, organizados por el entonces Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada del Perú, encabezado por el general Juan  Velasco Alvarado.

  En la circunstancia los soldados de América rindieron emocionado homenaje al general Antonio José de Sucre en el mismo lugar en el que, el 9 de diciembre de 1824, librara la batalla decisiva por la independencia de nuestro continente contra el yugo español.

 Como lo recuerda su biógrafo más conocido, Germán Sánchez Otero, en Lima “el jubilo de Chávez se desborda en la recepción que brinda Velasco Alvarado en honor a los oficiales y cadetes invitados  El General Presidente ofrece unas breves palabras en su estilo parco y directo y luego les hace llegar dos libritos La Revolución Nacional Peruana, con discursos suyos, y el Plan Inca en un pequeño formato de bolsillo color azul, y el Manifiesto del Gobierno de la Fuerza Armada de Perú. Chávez comienza esa misma noche con avidez a leer ambos libros, que valora más al estar firmados por Velasco, y los convierte en fuente primordial para aprender una experiencia real de revolución nacional conducida por los militares”

 Esa fue, sin  duda, una circunstancia especial en la vida del líder militar venezolano  que comprendió rápidamente que era posible impulsar en suelo americano una profunda transformación revolucionaria de la sociedad en beneficio de las grandes mayorías; y que era la Fuerza Armada un instrumento decisivo para tal efecto. Con seguridad, el mismo Chávez se proyectó en el tiempo alimentando su sensitiva personalidad con los aires renovadores de Ayacucho.

 Esta vigorosa experiencia, unida a los vientos de fronda que soplaban en su país, aceraron su conducta, y la pusieron en disposición de lucha para alcanzar muy altos objetivos revolucionarios.

 En el inicio de ellos el nombre del Perú y  el ejemplo valeroso de Juan Velasco señalaron un derrotero por el que supo transitar venciendo obstáculos y retos. Para hacer frente a ellos, tuvo siempre en su memoria el episodio de 1974 como un escalón esencial en su formación humana.

 En otras ocasiones el Comandante Hugo Chávez volvió al Perú. Lo hizo ya como Jefe de Estado Venezolano trayendo el saludo y el afecto de un proceso emancipador que ha despertado inmensa expectativa  en todo el continente. En sus visitas, intercambió experiencias con dirigentes políticos de distinto signo, esforzándose siempre por dejar en la conciencia de todos,  la idea que era posible, realmente, marchar por la misma ruta por la que habían transitado los Libertadores en las primeras décadas del siglo XIX.

 Definir, en primer lugar los objetivos prioritarios de un proceso liberador; trazar las metas a alcanzar luchando desde la base misma de la sociedad venezolana; fue sin duda el punto de partida. Pero a esa idea se sumó -como concepto estratégico- el propósito de sentar las bases de un modelo distinto, creado al calor de la lucha de los pueblos: el socialismo del siglo XXI.

 Por su propia experiencia de vida, el Comandante Chávez llegó a  la misma conclusión a la que había arribado en 1916 Vladimir Ilich,  Lenin, cuando  dijo: “Todos los pueblos alcanzarán el socialismo, eso es infalible; pero no llegarán a él por una vía igual para todos: cada uno conferirá sus propias características a esa o aquella forma de democracia, a esa o aquella variante de dictadura del proletariado a ese o aquel ritmo de transformación socialista de los distintos aspectos de la vida de la sociedad. Nada sería teóricamente más penoso y prácticamente más ridículo que pintar con monótonos grises un  cuadro del futuro en  ese aspecto”.

 Una vía propia, un camino  signado por  la diversa historia, un derrotero con  aristas y perfiles específicos; no invalida sino más bien confirma una perspectiva común en la que los pueblos forjarán su unidad y moldearán la ruta del futuro. Fue ese el mensaje que, de modo reiterativo, trajo Hugo Chávez a los peruanos en cada circunstancia en la que llegó hasta nosotros.

 Los peruanos recordamos, sin embargo, que cuando ocurrió en el Perú el terremoto de Pisco, en agosto del  2007,  el Comandante Chávez dispuso de ayuda inmediata a nuestro país. Aún hoy se admite, por ejemplo, que las únicas casas construidas y  entregadas a peruanos, víctimas del sismo, fueron las que levantara el gobierno bolivariano de Venezuela por instrucciones de Hugo Chávez.

 No obstante, no dejó de señalarnos nunca, Hugo Chávez la importancia estratégica de percibir el “escenario grande” viendo en él al Imperialismo yanqui como enemigo fundamental de los pueblos. Nos llamó, por eso siempre, a sumar fuerzas, a forjar la unidad, a construir la ruta común  para avanzar en la tarea liberadora. Esa obsesión, nítida y clara, fue la que le permitió en  su momento alertar a los peruanos acerca de  Alan García Pérez. “Ladrón de cuatro esquinas”, le dijo- No fue un  insulto, sino un  -casi- diagnóstico clínico preciso, y basado en la realidad. Como lo fue también cuando lo comparó con el venezolano Carlos Andrés Pérez, “Compadre  de AGP- Ambos dijo- “caimanes de un mismo pozo”. ¡Cuánta razón, acumulada en breves frases!

 Por eso, en este cuarto aniversario de su deceso,  no solamente rendimos homenaje a su memoria. También extendemos un  abrazo solidario a su gobierno y a su pueblo, hermanados para siempre con nosotros.

 (*) Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.pe



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