Palestina: La paz colonizada


aeb54372-f1ba-431c-ac71-f627c26b514aEscribe: Omar Rafael García Lazo

22/02/2017

La prensa occidental vuelve una vez más sobre el conflicto histórico entre el pueblo palestino y el sionismo israelí. Esta vez la euforia es porque a Donald Trump, el empresario presidente de EE.UU., le pareció oportuno dejar en claro lo que todo el mundo sabe: a su país no le interesa que exista el Estado palestino.

Palestina: La paz colonizada

El mandatario estadounidense afirmó recientemente en rueda de prensa con el premier israelí, Benjamín Netanyahu, que “ante una solución de dos Estados y de un Estado, me gustará la que le guste a las dos partes. Puedo vivir con cualquiera de las dos”.

Esta actitud evidencia el desprecio por el anhelo palestino de establecer un estado soberano. Y al mismo tiempo, es un espaldarazo más a Israel. Decir que la solución requerida es la que “guste a las dos partes” no es solo un cinismo olímpico, sino que es un cierre evidente a cualquier solución que englobe las demandas históricas del pueblo palestino, cada vez más indefenso, cada vez más solo.

Muy claro lo tenían en Francia. Desde junio del año pasado, París alertó que “la solución de dos estados corre peligro”, aunque como siempre, se quedó en la alerta y el lamento intrascendente.

La definición pro-israelí de Trump se apreció también cuando defendió la política permanente de colonización israelí mediante la construcción de asentamientos en un territorio palestino reducido a paso redoblado. El millonario de la Casa Blanca sugirió al premier Netanyahu “contener un poco” el proceso fabril y cultural que han adelantado con buenos resultados durante décadas, un bocadillo que Netanyahu deglutió con una sonrisa cómplice. El mensaje fue muy claro: construyan, pero despacio.

Así es Trump de sincero. Algo que tal vez los palestinos agradezcan, pues desde Washington solo les ha llegado promesas y balas durante décadas. Promesas revestidas de acuerdos aderezados con sonrisas y apretones de manos. Y balas, por cantidades industriales, pagadas con miles de millones de dólares en ayuda militar a Israel, justamente para que “se defienda” de sus enemigos.

Decir, como le gusta a la prensa occidental, que la colonización mediante asentamientos es un obstáculo a la paz no deja de ser un mal chiste y una seguidilla engañosa. El principal obstáculo a la paz es el respaldo que EE.UU. ha dado durante décadas a Israel, actuando además como mediador de un proceso de paz desbalanceado que solo ha pretendido, a mi juicio, desgastar y debilitar a una de las partes en beneficio de la otra. Y lo ha logrado.

Pero no solo EE.UU. ha sido obstáculo para que los palestinos tengan un territorio y un Estado. Europa entera, con actitudes pusilánimes y oportunistas también es responsable del crimen perenne.

El resto ha aprendido a convivir con Israel, e incluso, a colaborar con Tel Aviv

Siempre me he preguntado cómo fue posible que en medio de la Guerra Fría, cuando el mundo estaba más balanceado, no se pudo alcanzar un arreglo justo. Y la respuesta, más allá de factores analizados por centenares de investigadores, la encuentro en la ausencia total de una voluntad clara de ayudar a los palestinos.

A esa situación se le suma el cálculo fratricida de actores regionales envueltos directa o indirectamente en esta historia. No puede hablarse, si es que alguna vez existió, de un conflicto árabe-israelí. Claro que hubo guerras, guerras que concluyeron con acuerdos, claudicaciones y principios olvidados. Pero desde hace muchos años, solo tres países árabes han enfrentado, de una u otra manera al sionismo israelí: Palestina, El Líbano y Siria. El resto ha aprendido a convivir con Israel, e incluso, a colaborar con Tel Aviv en detrimento de sus propios hermanos de historia, sangre y cultura.

Y para ser justos, también ha pesado la división de los palestinos. El sionismo, hay que reconocerlo, actúa como una sola entidad con un destino común cada vez más segregacionista y criminal, más allá de facciones partidistas que aspiran al control burocrático del Estado. Sin embargo, los palestinos, cada vez más divididos, se convierten en presa frágil no solo para la embestida militar que intenta neutralizar la resistencia, sino para la embestida económica que intenta seducir a los interlocutores.

La paz sigue siendo el objetivo. Una paz que les permita a los palestinos multiplicar sus banderas y construir un país. Una paz que incluya todo el territorio que la propia ONU reconoce como propio de esa nación. Una paz que no venga de la mano de la colonización y la impunidad. En manos de los palestinos está la posibilidad de construirla, pero las reglas para esa ruta no podrán ser escritas en inglés.

Fuente: Especial y Exclusivo para Al Mayadeen TV Español

http://espanol.almayadeen.net/articles/exclusivos/10383/palestina–la-paz-colonizada



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