La inevitable caída de las economías capitalistas


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Escribe: Jesús Arenas Hernández

El panorama mundial nos presagia el aumento acelerado de las clases bajas y la desaparición de las medias, en contraste con la sobrevivencia de las altas.

¿Será que el llamado mercado de la deuda, compromete la responsabilidad social de los gobiernos para cumplir y salvaguardar la vida de sus pueblos? ¿O será que el agiotismo especulativo de los jerarcas de las finanzas planea un exterminio financiero que afecte la posibilidad de existencia de los menos favorecidos? Esto se ve venir en esa acumulación excesiva de intereses que adelantan los banqueros internacionales para negociar adquisiciones fraudulentas, convertirlas en valores inmobiliarios y respaldar con la emisión de papeles fantasmas, supuestamente negociables, sus ambiciones de riqueza individual.

Las intenciones de las privatizaciones no son para beneficiar a la gente con un mejor servicio sino para vaciar con aumentos compulsivos, aún más, los bolsillos de los usuarios. Esto, por cuanto la productividad no se vislumbra cuando la empresa privada le pone la mano a una institución de servicio público. Aun recordamos la privatización nuestra que jamás invirtió en mantenimiento dejando en el suelo hasta los pozos petroleros por carencia de una modernización adecuada de sus equipos de extracción. No es falso lo afirmado por el comandante Chávez sobre los escombros que encontró en las principales industrias venezolanas. El afán era producir al menor costo para enriquecerse y satisfacer los viajes de placer por el Caribe en lanchas lujosas.

O sea, el menor costo es válido en economía, siempre y cuando se protejan, previamente, las herramientas de trabajo. Actualmente existe una desconexión entre la productividad real y la satisfacción de las necesidades sociales. La política de importación permanente causará un deterioro en las balanzas de pago, dado el incremento constante de los precios internacionales y las dificultades financieras de los países exportadores. Si a esto agregamos la velocidad monetaria en circulación masiva y la inercia intencional bancaria para favorecer, ex profeso, a sus adláteres, podemos sospechar que la situación económica mundial en lugar de prosperar tiende a empeorar.

Ahora bien, conocemos suficientemente que el neoliberalismo persiste en convencernos de sus gratitudes. Pero sabemos que solo tiende a favorecer a sus clases dirigentes y a propiciar el aumento de las desigualdades. Aunque estas últimas, según una teoría en suspenso, son convenientes porque generan competitividad y estimulan el progreso de las naciones. Pareciera que a estos teóricos se les olvida el espíritu del hombre y su autoestima, la necesidad espiritual de estímulos y no solo las necesidades materiales que al no alcanzarlas, debilitan su empeño e incrementa la frustración. Lo que siempre hemos sostenido: No piensan en el ser humano sino en sus patrimonios personales.

Respecto a una tendencia en boga en los países europeos, propiciada por los británicos, sobre lo que denominan flexibilidad cuantitativa, no está muy claro aún sus propósitos loables. Según se trata de arreglos bursátiles con la banca que tiende a favorecer, con mayor intensidad, los movimientos de Wall Street. Es decir, aumentar burbujas de papeles para salvar la cola de los accionistas y los corredores de la bolsa especulativa. Esto, desde luego, afecta a todas las economías mundiales, por el enlace que existe entre ellas. Y a quien menos protege es al ciudadano de a pie, porque el dinero irá a las mismas manos de quienes inventan estos juegos macabro- financieros para sostener sus ambiciones.

La economía la han enredado tanto los “versados” en la materia que sería mejor la llevaran los ingenieros, porque ésta amerita trazos estructurales diferentes con más visos de creatividad que de aprovechamientos propios. En otro sentido, el llamado renacimiento económico no existe. Sencillamente porque no puede resucitar lo que aún está agonizando. Pero esa advertencia de los financistas es una confesión de parte, que nos convence de su participación en la muerte de la misma. Así como en política la democracia no debe perfeccionarse sino modificarse, dada su maltrecha salud, así mismo, la economía debe recibir una dosis de hombres nuevos con una mentalidad más humanista, no para que regale sino para que ajuste la distribución de la riqueza y disminuya esa brecha en las desigualdades.

El caso venezolano llama la atención de los economistas exógenos porque no se explican cómo una guerra insistente y atroz propiciada y reconducida desde diversos ángulos, no ha logrado poner de rodillas al gobierno de Maduro. A sabiendas de que en Venezuela está ocurriendo la mayor estafa comercial del mundo, mediante la práctica empresarial de los precios falsos, costos inflados indemostrables, acaparamientos, excusas insostenibles sobre perdidas fantasmas, desaparición de productos financiados, exportaciones ocultas en busca de precios elevados, contrabando de extracción, traslado de ganancias en detrimento de las estadísticas económicas, etc..

Sorprendidos de que a pesar del saboteo económico, el país no ha cedido un centímetro en el sostenimiento de los beneficios sociales. Pretenden ignorar que esa actitud no está evitando al continente una cadena de estallidos sociales. Conocen la inmensidad de dólares inyectados por quienes están plenamente identificados, para adueñarse de las riquezas que posee el país, incrementadas ahora, con la presunta existencia del mineral de litio, tan necesario para la tecnología actual de los países en desarrollo. El daño causado por estos comerciantes es grande por cuanto diariamente se apropian especulativamente del salario del trabajador, paralizan el crecimiento del pueblo y fomentan un descontento artificial. La guerra en realidad debe ser contra este capitalismo coprófago que desnuda de hambre los pueblos latinoamericanos.

Ese atentado contra miles de personas es un indicativo de la desesperación capitalista, que pierde escaños en el sentimiento de los pueblos suramericanos. No halla respuesta para calmar las necesidades de los colectivos a su responsabilidad y acude a una anhelada matanza por hambre de los países progresistas. Un acoso constante que sacrificó a Allende en Chile y que actualmente acosa y somete a los argentinos, chilenos, peruanos, brasileros y de otras naciones en manos de un capitalismo infame y deshumanizado. Recordemos que desde el año 2008 la riqueza comenzó a ser confiscada con más ansiedad por los grandes financistas del planeta. La economía real sometió a sus propias industrias al llevarlas a una incapacidad de compra dado que las inversiones no aplicaron hacia el objetivo señalado sino a las arcas de los poderosos.

Ante esta imagen apocalíptica, los gobiernos continúan siendo engañados por los fraudes contables que presentan las grandes asociaciones internacionales pero que en realidad justifican falsos progresos. Si no es así, como se entienden las multitudinarias concentraciones de personas implorando pan, empleo, oportunidades, salud, vivienda y bienestar general; pueblos engañados e insatisfechos por una minoría que regenta y administra a su antojo los grandes recursos y traiciona permanentemente su propia soberanía. La táctica diabólica del capitalismo es apostar al desgaste de aquellas economías que le estorban en sus planes de explotación, que les evita continuar enriqueciendo cogollitos imperiales, tribus y clanes especuladores a través de la fabricación de productos caros intoxicantes y agiotistas. No obstante el capitalismo fracasa día a día.

Una nueva economía surgirá antes que los mercenarios de las finanzas destruyan a los pueblos de la tierra. Amen.

fundapoder@hotmail.com

Publicación  de Barómetro Internacional , 27-03-17



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