Los intelectuales estadounidenses y la decadencia de la civilización occidental


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Gideon Rose 

Escribe: Fernando Duque (*)

05/04/2017

La intelectualidad estadounidense ha caído en una catastrófica y profunda depresión. Ella está en un estado de pánico y angustia  generalizada.

Este fenómeno es particularmente evidente cuando se lee a los intelectuales y académicos especializados en el área de la política exterior y las relaciones internacionales ([i]).

No obstante los llamados angustiados de Kori Schake y otros fieles partidarios del estatus quo; prestigiosas publicaciones especializadas, tales como: Foreign Affairs, Foreigh Policy, Los Anales de Ciencia Política, etc., están llenas de artículos y ensayos donde se vaticina el fin de la hegemonía estadounidense en el planeta. Se señala con miedo y nostalgia cómo el actual orden mundial creado por el Presidente Franklin Delano Roosevelt, entre 1933 y 1945, y continuado por todos los presidentes desde Truman hasta Obama; está ahora agonizando y al parecer, nada ni nadie puede salvarlo ([ii]).

¿Cómo se puede entender y explicar este gigantesco cambio paradigmático en la política mundial?   

Los Estados Unidos, con espectacular éxito, iniciaron la creación del actual orden mundial en el año 1933. Esto se hizo cuando el Presidente Roosevelt decidió, con brillante sabiduría y gran inteligencia politológica, tirar a la basura las ideas liberales extremas, libre cambistas, monetaristas y anti-estatistas propias de un capitalismo salvaje y corrupto, y que había sido el culpable de causar la gran depresión de 1929. Roosevelt, con el firme apoyo de la elite nacionalista y patriota, decidió levantar la economía del país mediante el uso inteligente y productivo de las instituciones del Estado existentes. Es más, el Presidente creó muchas nuevas instituciones estatales destinadas a diseñar e implementar un gigantesco plan de desarrollo económico de tipo Keynesiano. Este era un proceso de desarrollo calibrado que beneficiaría a todas las clases sociales del país y muy en particular a los más pobres. El “Nuevo Trato”  rooseveliano consistió en hacer crecer la economía usando la maquinaría estatal como principal motor y luego distribuir el ingreso y la riqueza en forma mucho más equitativa y justa ([iii]).

Luego, con la entrada de los Estados Unidos a la segunda guerra mundial en 1941, las ideas del “Nuevo Trato” y la satisfacción de las cuatro necesidades humanas básicas, hizo también extensivo este “Nuevo Trato”  a todo el planeta. La segunda guerra mundial se ganaría, no sólo para derrotar al fascismo, sino también para reducir la injusticia y la pobreza planetaria. Las colonias europeas serían liberadas y todos los seres humanos tendrían derecho a una vida digna, segura y próspera. Todo este grandioso plan global naturalmente se implementaría una vez que los alemanes, japoneses, italianos y fascistas de la Europa Oriental, hubiesen sido borrados de la faz de la tierra ([iv]).

Tan pronto como la segunda guerra mundial terminó, el “Nuevo Trato” de Roosevelt fue aceptado por los países de la Europa Occidental. No obstante, este plan fue rechazado por la Unión Soviética y los comunistas asiáticos. En años posteriores, el “Nuevo Trato” dio origen al proceso de descolonización del planeta y también al proceso de integración de la Europa Occidental. Todo esto se hizo con numerosos tratados que crearon y consolidaron la Comunidad Europea y la Alianza del Atlántico Norte ([v]). El mundo occidental iba a por fin cumplir el sueño de los grandes pensadores que por muchos siglos habían imaginado un mundo mejor. Más parecido a las ideas de Locke, que al terrible y tiránico modelo de Hobbes ([vi]). Sin embargo, a pesar de todas estas buenas ideas e intenciones, el siniestro destino humano determinó otro camino y otros resultados muy diferentes.

La generación de estadounidenses y europeos occidentales, nacidos  después del fin de la segunda guerra mundial, se crearon y educaron con valores éticos y morales muy distintos a los de sus padres y abuelos. Los “Baby Boomers” en Estados Unidos ya no estaban dispuestos a seguir sufriendo con estoicismo, los sacrificios que sus antepasados habían sufrido. Muy por el contrario, estas nuevas generaciones de occidentales, se creían con el legítimo derecho a ser felices y gozar de la vida con la que habían soñado por generaciones.

Un cambio cultural trascendental también se dio en la Europa Occidental

Las creencias religiosas básicas del protestantismo luterano – calvinista fueron cuestionadas radicalmente. Fue así como las cinco reglas sagradas de esta religión fueron negadas y rechazadas. El protestantismo, uno de los componentes esenciales de la civilización occidental, atesora cinco dogmas y normas fundamentales para alcanzar la salvación de la muerte y así, obtener acceso a la vida eterna y entrar al cielo junto a Dios (Teoría de la Salvación). Según Adam Smith, Max Weber, Joseph Schumpeter y recientemente, David McClelland; las cinco reglas básicas de la salvación protestante son:

Trabajar productivamente, usando mucha fuerza física, esto con la idea de agotarse con un trabajo de sol a sol, para sí dormirse agotado físicamente, dormir profundamente e impedir que el demonio introduzca sueños pecaminosos.

Evitar el consumo superfluo. El uso de joyas, ropas finas y otros lujos constituía el pecado de la vanidad, y este definitivamente cerraba las puertas del cielo.

El dinero ahorrado, fruto del trabajo productivo y el consumo estoico, debía ser usado por los empresarios y emprendedores en la expansión constante de sus actividades y empresas. La expansión de los negocios era también un mandato divino, y ello se hacía para dar trabajo a los cristianos menos talentosos y menos dotados por Dios. En otras palabras, si se quería obtener la salvación, era preciso crear nuevos lugares de trabajo, y esto se hacía con la expansión constante e inteligente de las actividades productivas.

Pagar buenos salarios a los trabajadores. Esto no era sólo un mandato divino de justicia laboral, sino también era una regla económica esencial. Una masa salarial con buenos sueldos producía una creciente demanda de los bienes y servicios producidos por las industrias y las empresas. Buenos salarios permitían un consumo permanente y esto evitaba catastróficas crisis depresivas por falta de demanda.

Por último, se obligaba al empresario a despojarse de todos sus bienes terrenales antes de morir. Era preciso volver a ser pobre y esto se hacía donando toda la fortuna acumulada a fundaciones dedicadas al mejoramiento de la condición humana. Esta era la norma más importante, ya que la Biblia señalaba repetidamente que, “era más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja, que un rico entrara al reino de los cielos”.

Todo lo anterior, es una versión muy resumida de la teoría protestante de la  salvación. Si se cumplían las cinco reglas y se tenía una vida y una conducta similar a la de los santos de la Biblia, entonces existía la posibilidad de que Dios eliminara el nombre del buen empresario y lo sacara de la lista de los condenados al infierno y al fuego eterno ([vii]). En Europa Occidental, el desbande y destrucción de la ética protestante se  produjo mucho antes que en los Estados Unidos. La revolución religiosa anti-protestante dejó a las iglesias vacías. La juventud de la post-guerra, comenzó a vivir una vida hedonista, epicúrea y relajada que habría avergonzado a sus antepasados. El narcisismo rápidamente remplazó al estricto estoicismo protestante. Este deterioro ético se dio particularmente en la Europa del norte, ya que la Europa mediterránea del sur siempre ha sido aplastantemente católica. En el sur de Europa, la salvación se consigue si se siguen con cuidado los numerosos ritos católicos que permiten el perdón de los pecados y la salvación ([viii]).

En los Estados Unidos nació la generación hippie

Esta generación cuestionó a fondo los anticuados y obsoletos valores protestantes. Un punto de inflexión clave fue la masiva reunión de hippies en Woodstock y otros eventos masivos, donde millones de jóvenes estadounidenses vivieron semanas de jolgorios y diversión constante. La drogadicción y el sexo descontrolado produjeron un fenómeno social muy parecido al que muchos siglos antes había terminado con el Imperio Romano de Occidente. La vida licenciosa había que vivirla ahora, ya que ella era demasiado breve e incierta. Décadas después de la era hippie, el individualismo extremo, el fanático amor por el dinero, el deseo por consumir todos los lujos posibles que la modernidad podía otorgar y la diversión constante; muy pronto reemplazaron el estoicismo espartano de sus antepasados. El individualismo y egoísmo extremo remplazó el espíritu de asociatividad y comunidad.   El individualismo también creó una aterradora soledad.   La búsqueda  desesperada por el lucro,  la ganancia y fortuna fácil, pasaron a ser los objetivos principales de los empresarios, burócratas y trabajadores estadounidenses ([ix]). 

Toda esta decadencia ética y moral se hizo mucho más profunda y grave cuando la Unión Soviética dejó de existir en 1990.

Con este espectacular  triunfo geopolítico, el peligro mayor para la sociedad narcisista estadounidense dejó de existir. Ahora si se podía gozar de la vida sofisticada y civilizada sin las permanentes preocupaciones de la Guerra  Fría. Como resultado de este cambio paradigmático en las relaciones internacionales, Occidente terminó por relajarse totalmente. Los trabajadores perdieron productividad y los burócratas y ricos empresarios se corrompieron a niveles jamás antes alcanzados. Los financistas y banqueros, el núcleo de la clase dominante, hicieron prestamos de dinero a personas que no tenían los ingresos suficientes para devolver el dinero solicitado. Se produjo de esta forma una explosión artificial del consumo y esto gradualmente creó una gigantesca burbuja crediticia, particularmente  en el sector inmobiliario de la economía. Cuando finalmente la burbuja explotó, las deudas ya no se pudieron pagar. Los bancos se apoderaron de las propiedades y muchas de ellas quedaron abandonadas. Esta catástrofe económica creó las condiciones suficientes y necesarias para crear la gran recesión del año 2007 – 2008 ([x]).

  El gobierno del Presidente Bush (hijo) y luego el gobierno del Presidente  Obama, carentes de toda ética, salvaron a los dueños de los bancos corruptos. Así, trillones de dólares se invirtieron en mantener a flote la industria financiera y bancaria. Los ejecutivos bancarios culpables de la crisis, en vez de ser encarcelados (o fusilados como se hace en China), recibieron bonos de millones de dólares como compensación por la pérdida de sus cargos. La gran recesión se logró estabilizar en los Estados Unidos en el año 2010, pero ella estalló con más fuerza en Europa y produjo mayores destrozos a la economía mundial entre los años 2011 y 2014. Posteriormente, la gran recesión continúo su devastador avance por el planeta, cuando su marea recesiva penetró en el Tercer Mundo, arruinó a decenas de países y sociedades ([xi]).

Toda esta gigantesca catástrofe moral y ética en la civilización occidental, ha determinado un cambio paradigmático en la evolución del planeta.

Desde fines del siglo XV, la civilización occidental gracias a su ética de trabajo, su superior nivel de organización y sus enormes avances en la ciencia y en la tecnología, fue capaz de conquistar el mundo. Desde Colón hasta la primera guerra mundial, Occidente dominó totalmente el planeta. Pero ahora, a mediados de la segunda década del siglo XXI, todo  esto está cambiando. Ahora, los pueblos económicamente efectivos y eficaces son los pueblos pertenecientes a las civilizaciones previamente aplastadas, dominadas y humilladas, particularmente la enorme civilización asiática. Ellos son ahora los pueblos que controlan la riqueza mundial. Ya en términos de poder de compra, desde el año 2015, China es el país más poderoso y rico del planeta ([xii]). Esta más que claro, que el país que controla la riqueza del mundo también controla la política planetaria. Esto lo dijo  Henry Morgenthau en 1945. Dijo textualmente “Nada sería más terrible y amenazador para la seguridad de occidente, que los países menos desarrollados que ahora son más de la mitad de la población mundial, se enfrasquen en lucha económica contra los mucho menos poblados pero mucho más industrializadas y avanzadas naciones del Oeste” ([xiii]).

Ahora en el año 2017, la población de la civilización occidental  (Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) no llega al 10% de la población planetaria, el otro 90% restante está conformado por las civilizaciones no occidentales, que aún se encuentran en un proceso accidentado de desarrollo económico. Es, precisamente este fenómeno, el que está produciendo pánico entre los expertos occidentales especializados en relaciones internacionales y que publican sus trabajos en revistas especializadas estadounidenses. Ahora son los países en desarrollo, particularmente China, la que se ha transformado en la locomotora del crecimiento mundial. Es necesario recordar que estos países también han sido capaces de dominar la ciencia y la tecnología y en particular las ciencias informáticas. Además, varios de estos países tienen cohetes intercontinentales armados con bombas nucleares. Siendo este último aspecto, el elemento que redefine las relaciones internacionales del mundo.

Es por todos estos gigantescos cambios geopolíticos y económicos,  que en el último número de la revista Foreigh Affairs, su editor Gideon Rose escribió una importante introducción titulada “¿En qué consistió el orden liberal?”, dando a entender claramente que este orden ya no existe.

Casi sin excepción, artículo tras artículo, la revista expresa un agudo sentido de pánico por lo que podría producirse en un futuro próximo. Se teme que el Presidente Donald Trump, verdaderamente cumpla con sus promesas nacionalistas y aislacionistas. Se teme con pavor, que pronto, el planeta se encuentre desprovisto de soldados y bases militares estadounidenses, hasta ahora esparcidas por todos los rincones de la tierra. Naturalmente que sin soldados en ultramar, los Estados Unidos inmediatamente dejan de ser el hegemón mundial, y también pierden su liderazgo en la civilización occidental ([xiv]). Rose señala además, que un gran cambio paradigmático se  viene encima y esto puede alterar la vida de millones de estadounidenses y también de miles de millones de seres humanos en todo el mundo. Se señala textualmente: “Después de la más inusual elección en la historia moderna de los Estados Unidos, viene la más inusual transición y este período será seguido por la más inusual presidencia. Por lo tanto, es hora de dar vuelta la cara y confrontar lo extraño y aterrador” ([xv]).

Rose agrega que las corruptas elites globales deben reconocer que las masas, a las cuales ellos desprecian mientras tratan de cambiar el  mundo, son inmunes a sus deliberaciones. Las masas están muy conscientes de lo que les sucede (la falsa consciencia ya se perdió). Luego el autor en su introducción, hace mención de algunos trabajos destacados. Parte con el artículo de Walter Russell Meads, quien con claridad describe y define la gran revuelta jacksoniana que catapultó a Donald Trump al poder y lo hizo obtener una espectacular y para muchos, inesperada victoria electoral. Meads, señala que el deseo principal de los votantes de Trump, es defender con fuerza su propia cohesión social y espíritu de comunidad. Los trumpistas perciben que están bajo un ataque feroz desde arriba, por parte de la corrupta elite, y desde abajo, por parte de las corruptas masas ([xvi]).

Rose analiza el trabajo de Arthur Brook. Este académico lamenta la tremenda pérdida de la dignidad por parte del pueblo estadounidense. Se critica que a los cosmopolitas, envueltos en sus burbujas de terciopelo, necesitan ver la espantosa realidad que viven sus conciudadanos más pobres y olvidados. Agrega que los furiosos populistas de Trump, deben tomar una pausa y pensar con calma. Una cosa es ganar pleitos electorales, desprestigiando con razón a las corruptas elites políticas y económicas durante el calor de la campaña electoral. Pero otra cosa muy distinta, es hacer lo mismo cuando se tiene a la elite aplastada, arrinconada y bajo control. Los partidarios de Trump deben ahora pensar que tienen la responsabilidad por el futuro de cientos de millones de personas en casa y también por billones de seres humanos en el extranjero ([xvii]).

Posteriormente, Rose comenta el artículo de John Paulson. Este explica cómo se aumentará  la velocidad del crecimiento económico y aquí, el intervencionismo estatal, el nacionalismo económico y el proteccionismo; son elementos esenciales. Parte central de la estrategia de Paulson, es la reducción de impuestos. Se piensa bajar los impuestos de las empresas del 35% a sólo el 15%. Y también se reducirán los impuestos de aquellas empresas que retornan a los Estados Unidos el capital ganado en el extranjero. El plan concluye con una sustancial reducción de regulaciones innecesarias y promueve la explotación del petróleo de esquisto (fraking) ([xviii]).

A continuación Rose analiza el trabajo de Stewart Patrick. Este autor  hace notar los efectos catastróficos para el orden internacional si Trump cumple con su programa. Señala que 14 presidentes estadounidenses han decidido que los Estados Unidos deben asumir y mantener el liderazgo mundial. Si Trump cumple con su programa, este orden mundial, que tanto trabajo y tesoro ha costado, definitivamente morirá. Su política extrema nacionalista y aislacionista terminará con todas las alianzas pro estadounidenses y así el país se quedará solo. A Trump no le importa el mundo creado por los Estados Unidos en 1945, y luego fortalecido y consolidado durante siete décadas de historia. Todo esto significa que la dominación económica y política de occidente llegará a su fin. El poder pasará a otras civilizaciones y muy en particular a la civilización china. Los Estados Unidos se quedarán sin aliados. En conclusión, para Patrick, si Trump cumple con su programa, tanto el orden creado por Roosevelt como el orden creado después de la caída de la Unión Soviética, habrá dejado de existir. Es así como el caos se dejará caer sobre el planeta y este caos creará un reordenamiento de alianzas inestables, algo parecido a lo que el mundo sufrió antes de la primera guerra mundial. Patrick, finaliza diciendo que todo lo que ha pasado en el mundo es catastrófico y gravísimo pero nadie parece preocuparse ([xix]).

Este profundo pesimismo y apatía de los tiempos que corren, es capturado por Michael Grove quien señala que el pueblo estadounidense está aburrido, cansado y hastiado de los expertos que mandan en Washington y que hay una guerra declarada entre el pueblo y la elite ([xx]).

Por último, Rose hace mención del artículo de Tom Nichols. Aquí se explica la expansión de la gigantesca ignorancia colectiva que afecta hoy en día a los Estados Unidos y a la Europa occidental. Se argumenta que con pueblos incultos y desvinculados del quehacer político de las sociedades donde ellos viven, la democracia liberal es imposible. Se argumenta con fuerza que esta ignorancia cívica eventualmente será la causa principal de la caída de la civilización occidental ([xxi])([xxii]).  

Conclusión

En la larguísima historia de las civilizaciones, la mayoría de ellas mueren por dos causas principales. Primero, porque sus habitantes se  corrompen totalmente y en sus fases finales de descomposición social, cometen suicidio político. Se niegan a defenderse de ataques agresivos e invasiones organizadas por civilizaciones más jóvenes y aun subdesarrolladas. Esto fue lo que le ocurrió al Imperio Romano de Occidente. Los ciudadanos dejaron de pagar sus impuestos y así el Estado no tuvo dinero para pagar a los mercenarios que los defendían. De esta forma, Roma colapsó bajo el ataque e invasión y ocupación de las tribus bárbaras del norte que previamente había defendido (por dinero) sus fronteras. Frontera que separaba a Roma de las numerosas tribus de blancos salvajes que vivían en los densos e impenetrables bosques del norte. 

Las civilizaciones también mueren cuando se produce el llamado “dilema de Tucídides”. La civilización más vieja y consolidada, mantiene su ética y lucha con ferocidad para defender sus pueblos y ciudades. No obstante, una civilización más joven y vigorosa acumula más poder económico y militar y así logra vencer a la vieja civilización hegemónica. Esto fue lo que le ocurrió a la civilización griega cuando ella fue finalmente derrotada por la emergente y más vigorosa civilización romana.

Hoy en día, la civilización occidental, con Estados Unidos a la cabeza, debería entender y comprender los sabios consejos de Samuel P. Huntington. Él recomienda que Estados Unidos debiera dejar de ser el policía mundial, traer sus tropas a casa y concentrarse en resolver los inmensos problemas que hoy afectan a los Estados Unidos. El coloso del norte debe primero poner su casa en orden y luego asumir el liderazgo de la civilización occidental.

Junto con los líderes de las otras seis grandes civilizaciones, Estados Unidos debe asumir su rol en el nuevo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y colaborar en la solución de los problemas mundiales. Este nuevo consejo, formado por siete miembros permanentes, debería establecer procedimientos adecuados para enfrentar y resolver crisis globales. Cada miembro permanente es a su vez, líder de su respectiva civilización y su responsabilidad principal es promover la paz y el desarrollo socioeconómico de los países que conforman la civilización que este líder dirige. Cada líder civilizacional debería adoptar un estricto código de conducta donde se prohíbe la interferencia en los asuntos internos de las otras civilizaciones. Los problemas intercivilizacionales serán la responsabilidad del nuevo Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Las otras civilizaciones pertenecientes a este consejo son la ortodoxa, con Rusia como su líder, la civilización asiática con China como su líder, la civilización musulmana con Irán como si líder, la civilización India, la civilización latinoamericana con Brasil como su líder y la civilización africana con Sudáfrica como su líder. 

No obstante este optimista escenario, existe la posibilidad de que la corrupta elite estadounidense asesine al Presidente Trump o logre sacarlo del poder mediante acusaciones constitucionales u otros mecanismos legislativos. En el caso de que la corrupta elite estadounidense recupere el poder presidencial; entonces las posibilidades de una tercera guerra mundial aumentaran en forma exponencial. El planeta deberá prepararse para el Armagedón, tantas veces vaticinado por sabios, filósofos y profetas. En este caso, se cumplirá la profecía de Oswald Spengler y así occidente morirá al comienzo de la tercera década del siglo XXI.

Occidente habría así cumplido más de 200 años de decadencia invernal.


NOTAS:

[i]Uno de los pocos autores que insiste en la continuación de la política cosmopolita e imperialista es Kori Schake. En su artículo publicado en Foreign Affairs de enero – febrero 2017 y titulado “¿Abandonará Washington el orden? La falsa lógica de la retirada”. Schake analiza y comenta dos recientes libros que proponen continuar con la política cosmopolita implementada por el Presidente Obama en los últimos 8 años. Los libros en referencia son el de Robert Lieben, titulado “La retirada y sus consecuencias” y el libro de Elect Cohen “El gran garrote y los límites del poder blando”. Ambos autores apoyan con mucha fuerza la idea de mantener y reforzar la actual hegemonía estadounidense. Ellos insisten que se debe seguir con la política de la unipolaridad, y más aún, reclaman que el orden liberal debe seguir expandiéndose por el planeta. Afirman que el no continuar con la política exterior de los últimos 85 años, traería consecuencias fatales para los Estados Unidos y sus aliados. Ambos autores concluyen, que la civilización occidental y su supervivencia dependen de decisiones y acciones valientes que hoy día se tomen.

[ii]Ver el último volumen de Foreign Affairs, edición marzo – abril 2017 y que está dedicado por entero a lamentar la defunción del actual orden mundial.

[iii]Ver Alvin Hansen y C.P. Kindleberger “La tarea económica del mundo de post-guerra”. Foreign Affairs, abril 1942; Hamilton Fish Armstrong “Datun point” Foreign Affairs, octubre 1943; Henry Morgenthau “Breton Woods y la cooperación internacional”. Foreign Affairs, febrero 1945.

[iv]Íbid.

[v]Gideon Rose “¿En qué consistió el orden liberal que ya se fue?” Foreign Affairs, snap shot marzo 2017.

[vi]Íbid.

[vii]Para un análisis más detallado de la Teoría de la Salvación y de su impacto sobre la conducta de los empresarios, burócratas y trabajadores, sírvase ver Weber, M. “Ética Protestante”. Gradifco, Buenos Aires 2004; Parsons, T. “Toward a General Theory of Action”. Cambridge Mass 1953; McClelland, D. “The Achieving Society”. The Free Press, New York 1961; Almond, G. and Verba, S. “The Civic Culture”. Brown and Co, Boston 1963; Landes, D. “La Riqueza y la Pobreza de las Naciones”. Gradiva, Lisboa 2002; Veliz, C. “The New World of the Gothic Fox. Culture and Economy in English and Spanish America”. University of California Press, Los Angeles 1994; Huntington, S. “Who Are We? The Challenges to America’s National Identity”. Simon and Schuster, Nueva York 2004.

[viii]Samuel P. Huntington, “Who Are We”, op. cit.

[ix]Íbid.

[x]Nial Ferguson. “El Triunfo de Dinero”. Sudamericana, Buenos Aires 2008.

[xi]F. Duque “La Gran Recesión que Aún No Termina”. Diciembre 2016.

[xii]J. Joffe “The Default Power”.Foreign Affairs, septiembre – octubre 2009.

[xiii]H. Morgenthau“Bretton Woods and International Cooperation”.Foreign Affairs, febrero 1945.

[xiv]Gideon Rose “What was the Liberal Order?”.Foreigh Affairs, marzo – abril 2017.

[xv]Íbid.

[xvi]Walter Russell Meads“The Jacksonian Revolt. American Populism and the Liberal Order”. Foreigh Affairs, marzo – abril 2017.

[xvii]Gideon Rosen, op cit.

[xviii]John Paulson “Trump and the Economy”. Foreigh Affairs, marzo – abril 2017.

[xix]Stewart Patrick“Trump and the World Order. The Return to Self-Help”. Foreigh Affairs, marzo – abril 2017.

[xx]Gideon Rosen, op cit.

[xxi]Íbid.

[xxii]Se podría argumentar que esta es una nueva especie de “familismo amoral”, catastrófica enfermedad que Banfield usó para explicar la falta de democracia en Italia y también en el resto de la Europa del sur a principios del siglo XX. E. Banfield “The Moral Basis of a Backward Society”. The Free Press, Illinois 1958.


Fernando Duque (*): Ph.D.,  Cientista Político

fUENTE:  http://www.elclarin.cl/web/opinion/politica/21987-los-intelectuales-estadounidenses-y-la-decadencia-de-la-civilizacion-occidental.html

 



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