Venezuela:  Terrorismo


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Violencia opositora

Escribe: Alí Ramón Rojas Olaya            

19/04/2017

Los actos terroristas de incendios, intimidación pública, agavillamiento, quema de animales y profanación de cadáveres protagonizados por extremistas tarifados vinculados a los partidos Primero Justicia y Voluntad Popular no pueden verse sólo como crímenes sino debemos analizar el metamensaje que vibra en toda esta campaña de hostigamiento contra el pueblo. 

El sábado 8 abril en el municipio Chacao del estado Miranda, los terroristas: Alfredo Ocando Rincón (de 33 años), Miguel Cegarra Mendoza (25), Omar López Martínez (32), Larry Klein Aparicio (22), Luis Rodríguez García (20), Luis Ospino Ortega (22) y Kevin Hernández Colmenares (24) protagonizaron actos vandálicos en la Dirección Ejecutiva de la Magistratura. El mismo día, el alcalde de El Hatillo escribía un tuit en el que alertaba a la comunidad internacional porque “Nicolás Maduro empieza a usar armas químicas como está ocurriendo en Siria”. 

La noche del lunes 11, terroristas incendiaron varios vehículos y gandolas que distribuyen los alimentos de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) y de Mercal en Barquisimeto, estado Lara. Además quemaron una clínica móvil de la Misión Nevado. 

En la misma ciudad, terroristas asesinaron a Brayan Principal, adolescente de 13 años, en el urbanismo Ciudad Socialista Alí Primera y luego arremetieron contra los habitantes. El joven fue trasladado al ambulatorio de Tamaca por la Policía Nacional Bolivariana con 3 impactos de bala. Allí fue referido al Hospital Central, donde pereció en la mañana del miércoles 12. 

La noche del jueves 13, terroristas robaron urnas del Cementerio en Los Teques, para quemarlas en barricadas que impedían el paso. 

Entre la noche del 12 y la madrugada del 13, terroristas arremetieron contra la biblioteca Oscar Palacios Herrera del Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista ubicado en la avenida San Martín en Caracas. Estas hordas causaron daños de consideración al restaurante-escuela Venezuela Nutritiva ubicado en las adyacencias de ese centro de saberes. 

Hay tres hechos adicionales que debemos estudiar. Dos ocurrieron el 4 de abril. En una manifestación opositora que pasaba por la avenida Libertador de Caracas un grupo de gente desquiciada gritaba a los propietarios de uno de los urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela: “Ustedes comen es por nosotros”, “arrastrados”, “parásitos”, “sucios”, “desgraciados”, “malditos”, “esta mierda es por ustedes”. Mientras esto ocurría, en otro lugar de la marcha que se dirigía a la Defensoría del Pueblo, varios fascistas agarraron un gato, le rociaron gasolina y le prendieron candela. Los chillidos del felino eran espantosamente dolorosos. Me vino a la mente la escena en que Attila Mellanchini (Donald Sutherland) estripa un gato con su cabeza y entona inmediatamente “All’armi o fascisti, terror dei comunisti”. Esta práctica terrorista no es nueva. En el año 2014 en Maracaibo quemaron perros en acciones vandálicas en Maracaibo. El otro hecho ocurrió el 13 de abril: María Corina Machado escribió un tuit en el que llama a sus seguidores a marchar con la bandera al revés. 

El pueblo exige justicia. Deben ir presos tanto los sicarios como los terroristas financistas de estos actos atroces y de acciones internacionales de traición a la Patria. De no ser así, cualquiera de a pie se preguntaría ¿Qué tiene Carlos Paparoni, Tomás Guanipa, Henrique Capriles Radonski, Richard Blanco, Luis Florido, María Corina Machado, David Smolansky y José Guerra, que los diferencie de Lina Ron, por ejemplo, que sí cumplió su condena cuando tomó la sede del Palacio Arzobispal de Caracas? ¿Qué pasó con los terroristas que en el año 2016 recibieron un millón 611 mil 637 dólares de la National Endowment for Democracy? Los metamensajes van al inconsciente del oyente. Una de las tareas en defensa integral es decodificarlos. Para ello es vital leer entre líneas, ver segundas intenciones, tener intuición, saber cómo piensa un terrorista. Se trata de entender qué hay más allá de causar pánico en la población. El enemigo ataca nuestros símbolos. Los ataques a la simbología de la justicia, el alimento, la adolescencia, el saber y la vivienda tienen como propósito destrozar la obra social del gobierno revolucionario. Izar la bandera al revés significa dar a conocer la invasión de una nación extranjera. Ahora, atacar una misión dedicada a las mascotas, torturar animales hasta matarlos y profanar necrofílicamente urnas, significa apuñalar nuestra sensibilidad, nuestra espiritualidad, nuestra identidad, nuestras raíces. Por eso, entiéndalo, ¡No volverán!

http://www.alainet.org/es/articulo/184889



Categorías:Actualidad, América Latina y el Caribe, Análisis, Terrorismo

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