LAS TRES LITERATURAS DEL PERÚ


JORGE RENDON VASQUEZEscribe:  Jorge Rendón Vásquez

21/5/2017

Y se dio la largada para el flamante Premio Nacional de Literatura, creado por el Ministerio de Cultura del Perú, y publicitado por el poder mediático con chirimías, bombos y zarabandas.  Por esta vez las únicas categorías admitidas son las de poesía, cuento y literatura infantil y juvenil.

Pero —ojo— sólo podrán participar los editores responsables de las obras, personas naturales o jurídicas, vale decir unas cuantas editoriales reconocidas. Es como en el fútbol: compiten los clubes; a los jugadores se les adquiere subastándolos. Resulta fácil colegir para qué editoriales se ha creado este concurso; y, como es natural en estos trances, importa poco quiénes integrarán el jurado.

Esto me recuerda algo que sucedió años ha en un ministerio con ocasión de la Navidad: el personal fue congregado en el salón de actos y los funcionarios de dirección y de confianza en el proscenio detrás de una larga mesa. Después de algunas alocuciones, el maestro de ceremonias anunció que se iba a proceder a sortear varios regalos que fueron colocados sobre la mesa. Una agraciada empleada joven extrajo de una caja los números premiados. Y, ¡oh sorpresa! Salió el número de un funcionario, y luego el de otro y otro. Todos los regalos fueron para los funcionarios, ante el aplauso gregario del personal.

En mi comento sobre la materia del título (Las tres literaturas del Perú, 25/4/2017) clasifiqué las literaturas de nuestro país en tres grupos: una elitista, blanca y afín a las grandes clases propietarias de las que es expresión ideológica; y dos, populares, mestiza e india, expresión de las clases trabajadoras y los ínfimos comerciantes y productores.

El concurso indicado me sugiere otras características: la literatura elitista y blanca es también oficial y burocrática; las literaturas populares mestiza e india —ajenas, sin embargo, a la subcultura— están fuera del sistema. Los concursos oficiales de literatura no son para ellas.

Tras el fallecimiento de Gabriel García Márquez, el gobierno de Colombia —cuyos sostenedores afincados en el poder económico nunca ocultaron sus ganas de meterlo a la cárcel— creó el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, evidentemente para apropiarse de su prestigio como escritor con este homenaje póstumo. Designó como factótum a la Biblioteca Nacional. En el concurso, que es anual hasta ahora, pueden participar los libros de cuentos publicados el año anterior al concurso, uno solo por participante, presentados por sus autores, editoriales y distribuidores. La obra ganadora se lleva el rico bocadillo de cien mil dólares. El premio del concurso peruano, creado a imagen y semejanza del colombiano, es modestamente diez mil soles (unos tres mil dólares) para el libro agraciado con el primer puesto.

Relatar quiénes se llevan el primer premio daría lugar a otro comento. En mi último libro de cuentos (Una ráfaga de amable brisa, 2015) trato en dos de ellos de la farsa de los concursos literarios, casi en todas partes.

Y, volviendo al concurso de Literatura del Ministerio de Cultura peruano, sus bases han hecho méritos más que suficientes para declarar su inconstitucionalidad. Primero, porque, al excluir a los autores del derecho de presentar sus obras, incurren en una discriminación contra ellos, prohibida por el artículo 2º-2 de la Constitución (“Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”); y, segundo, porque este no es un concurso organizado por una entidad privada, sino por el Estado peruano que está impedido legalmente de gobernar para ciertos privilegiados.

En su gran mayoría, los autores de las literaturas mestiza e india publican sus obras personalmente con su dinero o valiéndose de sellos editoriales a veces efímeros. Para las editoriales dueñas del negocio del libro son antagonistas y contraproducentes para el sistema económico y su superestructura cultural. La discriminación se dirige, por lo tanto, hacia ellos.

Algunos, a quienes les han publicado sus obras ciertas editoriales de personas emprendedoras o de una universidad o una asociación, deberían abstenerse de prestarse a este juego en el que sus organizadores los necesitan para darle una mano de barniz democrático.

(Continuación obligada)



Categorías:Actualidad, América Latina y el Caribe, Literatura, Peruanidad

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