Brasil, campo de experimentación fascista    


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Escribe:   Julio Louis

Voces 717, 20/07/2017

En Brasil algo más que el gobierno está en disputa. El gobierno es parte del poder del Estado, y no siempre impone sus enfoques, por lo que suele haber conflictos con otras instituciones del Estado, o con la sociedad civil. La democracia liberal no es el gobierno del pueblo generalmente, sino el de las clases dominantes. Pero cuando las fuerzas populares acceden al gobierno -aún sin ser revolucionarias- jaquean a esa democracia y el bloque de poder dominante contraataca para que el jaque no se convierta en jaque mate. Ha sucedido en Honduras, Paraguay y Brasil. Sin embargo, mientras en los 60 y 70 se derrocaron gobiernos con golpes militares -caso de Allende- hoy se desplazan a las fuerzas “populistas” utilizando a una “justicia” clasista y politizada al servicio del bloque dominante. 

Estamos ante otra embestida fascista en la región y en el mundo. El fascismo supone la defensa y afirmación del gran capital, la represión de los movimientos sociales y políticos de las clases y sectores populares y la intención de eliminar todo vestigio de las  concepciones que las defiendan. Si Brasil fue pionero en la implantación de las dictaduras de la Doctrina de la Seguridad Nacional (1964), hoy se convierte en el principal campo experimental de la nueva contraofensiva fascista. 

La estrategia imperialista aprovecha las debilidades de las clases y sectores populares.  El Partido de los Trabajadores, propulsor del gobierno de Lula era minoritario, y pactó con “sapos y culebras” para sostener al gobierno, impulsar mejoras (disminución de la pobreza y de la indigencia, etc.) y reorientar al país, vía de la UNASUR, CELAC y los  BRICS. 

Esa estrategia imperialista usa con inteligencia los criticables actos de corrupción del gobierno de Lula -corrupción existente en Brasil desde mucho antes- y, a la vez que trata de evitar otro gobierno suyo, descarga una feroz contraofensiva contra el pueblo: congela el presupuesto por décadas, permite jornadas laborales de 12 horas, impide tácitamente las negociaciones obrero-patronales, etc. Brasil ha vuelto al redil yanqui, hasta con bases militares en su triple frontera con Perú y Ecuador. De ser baluarte en la lucha por la liberación nacional se convierte en cancerbero de los procesos emancipadores. ¡Atención Uruguay! , pues, pese a la flojedad política de su gobierno, éste aun conserva otro enfoque a los restantes del Mercosur. La contraofensiva reaccionaria también nos llegará.  

 

 

 



Categorías:Actualidad, América Latina y el Caribe, Análisis, Extrema pobreza, Neoliberalismo, Pobreza, Política económica

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