Sin pena ni gloria


gustavo espinoza montesinos1

Perú

Escribe: Gustavo Espinoza M.            

28/07/2017

Podría decirse de otras maneras: “con más pena que gloria”, o “con mucha pena, y sin ninguna gloria”. Pero la esencia, sería la misma. Concluye el primer año de gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, y más son los lamentos que el optimismo.

Lo dijo así, el propio mandatario recientemente, cuando aseguró que esperaba “mayores avances” en estos doce meses primeros de su gestión En verdad, no hubo avances en ninguna de las áreas: Ni en la política, ni en la económica, ni en la social.

En el área política, la gestión actual simplemente ha retrocedido Es verdad que el Gobierno actúa en un escenario adverso y extremadamente complejo. Le tocó las negras con los desastres ocurridos en el país entre febrero y abril; las denuncias referidas a Odebrecht y Lava Jato; y las aún peores con los calamitosos accidentes de Las Malvinas, el Cerro San Cristóbal, entre otros; pero es verdad también que más allá de todo ello , el gobierno circunscribe las cosas al campo oficial.

Si “sacara” la política a la calle, y si compartiera sus inquietudes con el pueblo, si tomara “olor a multitudes”, si “le hablara” a la gente; su accionar podría ser diferente. Pero no. Lo limita a los estrechos marcos de una correlación de fuerzas formal, aquella que le otorga mayoría absoluta a la Mafia en el Congreso de la República; y capacidad -por eso mismo– de censurar, y derribar, ministros a su antojo.; alentando -de paso- la ingobernabilidad, y la vacancia presidencial a su antojo.

Otra seria la realidad del país si el mandatario optara por explicar al país lo que ocurre “tras las bambalinas”, es decir, al interior del escenario formal; si le diera cuenta de sus intenciones verdaderas; y si ellas lucieran transparentes ante los requerimientos básicos de la ciudadanía.

Otro gallo cantaría en el corral peruano, si hablara con la verdad en la mano, si denunciara y desenmascarara abiertamente la política de amenazas y chantajes de las que se vale el fujimorismo para doblegar resistencias e imponer criterios estrechos y corruptos.

¿Por qué no lo hace? En el fondo, porque “siente” representar los mismos intereses. Aquellos que ligan su comportamiento a los objetivos estratégicos de la clase dominante: la vigencia de la írrita Constitución del 93 y el sometimiento dócil, lacayuno, a los dictados del Fondo Monetario y su “Modelo” Neo Liberal. Esta actitud, le aconseja “no ceder” ante los requerimientos del pueblo para no alentar ilusiones de cambio en las grandes mayorías nacionales; y sí doblegarse ante las exigencias de una irracional “mayoría” legislativa.

En el área económica las cosas no marchan mejor. Las grandes empresas se muestran reticentes, y optan por no “arriesgar” ante un escenario que les luce “inseguro”. Y es que ellos prefieren las reglas definidas, la nubosidad controlada, la pista plana. Como eso no se afirma, prefieren no invertir.

Lo acaba de confirmar el Presidente de CONFIEP, el minero Roque Benavides –ligado a Yanacocha-: no se sienten satisfechos, ni confiados. Y, como en el viejo proverbio, recurren a la lógica jurídica: en la duda, abstente. No invierten, entonces, y el PBI simplemente cae.

Pero a la falta de inversión interna, se suma también la ausencia de inversión exterior. Los grandes consorcios simplemente se retraen. Y es que, además, temen. Y su temor, va más allá de las fronteras nacionales. Miran con recelo el proceso continental bolivariano. Y creen que -a lo mejor- aquí también pueda asomar la estela “chavista”, que les complique todo. Hay que ajustarle, primero, las cuentas a Caracas. Después, veremos…

Durante décadas El Imperio ha succionado hasta el alma la riqueza de los pueblos de nuestro continente. Pero eso tampoco les basta. Como bien dice Simone Serasso, en nuestros países se piensa que los ricos “necesitan la sangre de los justos, para aplacar al monstruo” Y es así.

Por eso surgen problemas no resueltos en el escenario social. Si durante la administración anterior, por desidia de la “izquierda oficial” cada quien luchaba desde su esquina y por su propia bandera; ahora ya se suman fuerzas, y asoma un torrente más organizado y vigoroso. El conflicto del Magisterio lo demuestra.

Mientras los maestros siguen luchando en uno u otro confín de la patria con empeño ejemplar; hay quienes buscan descalificarlos y desacreditarlos atribuyéndoles ese movimiento a MOVADEF u otros grupos terroristas. Favor que le hacen por cierto a la reacción, que busca apenas pretexto para agarrar a palos a los docentes, y denigrar el papel de los Maestros, a los que detestan desde lo más íntimo de sus entrañas.

Quizá precisamente lo nuevo, es que esta lucha, sumada al conflicto de los médicos y a la batalla de los sindicatos mineros; asoma nuevamente en el escenario el conflicto social en su mayor extensión. Si antes fueron episodios focalizados –Conga, Bagua, Madrigal, Tía María- hoy se visualizan luchas más amplias. Ellas, conmocionan la vida nacional.

En estos terrenos, entonces, que PPK ha mirado con ojos de empresario, el gobierno ha fracasado en toda la línea. Y fracasará, sin duda, más adelante si no modifica esa forma errática de percibir el horizonte.

Pero si estos elementos constituyen las columnas básicas de la política interna; es en el escenario exterior donde Kuczynski ha obrado con más torpeza: se ha comprado el pleito de Venezuela, como si él mismo fuera el Presidente de la MUD.

Si en esa condición, se hubiese quedado MUDO, tal vez habría tenido más éxito. Pero no. Ha hablado hasta por los codos a favor de las bandas terroristas que operan en la Patria de Bolívar. Al hacerlo, ha justificado todas las acciones sediciosas que se ejecutaron en el Perú en los años de la violencia, y que hoy se multiplican contra Nicolás Maduro.

Kuczynski -a la sombra de Trump- “se la juega” en la carta Venezolana. Pero se la juega de la peor manera: apuesta a que finalmente se desencadene una “guerra civil” al interior de ese territorio; y a que Washington ponga en marcha un “plan” armado para agredir a su pueblo. Para esto último, sólo necesita que se “proclame” un seudo “gobierno democrático en la clandestinidad” que “pida” la intervención militar foránea para “liberar a Venezuela del comunismo”.

Apenas eso ocurra, PPK estará listo para enviar soldados, al unísono de Santos, Temer y Macri. Será así una “defensa continental”, que aplaudirá la Casa Blanca con más uniformados a la mano.

A los 12 meses de gestión, entonces, Pedro Pablo Kuczynski arriba, lastimosamente, con más pena que gloria.


(*)  Gustavo Espinoza M.:  Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera



Categorías:Actualidad, América Latina y el Caribe, Análisis, Política

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