Carta abierta a la embajada de Israel en el Perú y al diario ‘La Razón’ de Lima


eduardo franco abusadaEstimados amigos y amigas: El pasado 06 de agosto el diario La Razón de Lima publicó una entrevista al señor Raphael Singer, embajador de Israel en el Perú. En dicha entrevista, lejos de comportarse como un diplomático, el Sr. Singer dio una serie de mentiras que imposibilitan buscar la paz en oriente medio. Ante ello, decenas de personas e instituciones hemos firmado la carta adjunta donde aclaramos el proceder de Israel. Agradezco puedan apoyar con la difusión de la misma. Saludos cordiales. Eduardo Abusada Franco.   17/08/2017

Carta abierta a la embajada de Israel en el Perú y al diario ‘La Razón’ de Lima

GRUPO PERUANO DE SOLIDARIDAD CON PALESTINA

Es común, aunque no ético, que los Estados que funcionan al margen de las leyes internacionales y cargan consigo una larga historia de violaciones a los Derechos Humanos, armen un sistema de propaganda para tratar de invisibilizar los crímenes y violaciones que ellos cometen contra poblaciones indefensas. 

El pasado domingo 06 de agosto, el diario ‘La Razón’ publicó una entrevista al señor Raphael Singer, embajador de Israel en el Perú, llena de clichés, prejuicios y mentiras. Ello es un claro ejemplo de cómo se estructuran estas campañas de invisibilización.

No hay en la historia moderna un Estado que haya violado más leyes internacionales y resoluciones de la Naciones Unidas y sus organizaciones conjuntas como Israel. Sin embargo, la idea de fondo es darle al estado victimario, en este caso Israel, el papel de víctima.

Como es el caso de las resoluciones de la Unesco sobre la ciudad de Jerusalén, que condenan la pretensión de la “fuerza ocupante”, es decir, Israel, de judaizar dicha ciudad; y definen el carácter histórico de dicha ciudad vinculado a tres religiones y no únicamente al judaísmo. No se trata, como deja entrever en su intento de polarización el embajador Singer, de una confabulación de “musulmanes y comunistas” “no necesariamente democráticos” contra “judíos y cristianos”. Se trata de las pretensiones de Israel de anexar Jerusalén a Israel y despojarla de su verdadero carácter histórico como patrimonio universal de la humanidad. De ello hay pruebas suficientes, no solo con los últimos acontecimientos alrededor de la Mezquita Al-Aqsa (en que fuerzas de Israel están impidiendo el ingreso normal de árabes musulmanes a rezar), sino con los reportes de demoliciones de viviendas y desalojo de familias palestinas de sus hogares para dar paso a colonos judíos. Asimismo, se refleja en los asesinatos impunes de palestinos por parte de soldados israelíes —asesinatos a quemarropa a gente inerme, sin ninguna opción para huir, menos defenderse—, o en el hecho de que los palestinos que viven en Jerusalén han pasado de ser ciudadanos con todos los derechos a residentes con amenaza de expulsión.

Cuando el embajador se refiere a que resulta muy difícil negociar en ese tipo de ambiente, tiene razón.  Efectivamente, es imposible negociar el respeto de los Derechos Humanos más fundamentales  con quien vulnera dichos derechos.  Los derechos humanos no son negociables.

Hablemos del derecho al agua. Israel se precia de desarrollar tecnologías de última generación en irrigación y manejo de los recursos hídricos, cuando está ampliamente documentada la forma irregular y arbitraria en la que ese país administra el agua en Israel y los territorios palestinos ocupados.

Según reportes de organizaciones de DD.HH., los palestinos se ven forzados a comprar agua a precios exorbitantes a la Compañía Israelí de Aguas (Mekorot es el nombre de esta empresa) que la extrae  del subsuelo y las fuentes de agua de los territorios palestinos ocupados.  Aun así, los 600 000 colonos israelíes de Cisjordania tienen acceso a seis veces más agua que los 2,6 millones de palestinos que viven en el área. Según los registros, los palestinos solo consumen entre 20 y 73 litros por persona al día, cifra que está muy  por debajo de los 100 litros recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Es más, por esa poca agua tienen que pagar cinco veces más de lo que le cuesta a un israelí, siendo gente pobre los palestinos que viven en las zonas invadidas. Por otro lado, el Estado israelí no permite a los palestinos construir sus propios reservorios de agua para consumo doméstico y agrícola.

Dentro de Israel, los palestinos beduinos con ciudadanía israelí, que han vivido por generaciones en el Negev (al Naqab) como pequeños agricultores y ganaderos, pasan por la terrible y singular circunstancia de ser considerados pueblos “no reconocidos” por Israel. La consecuencia de ello es que no reciben servicios básicos como agua corriente, luz, derecho a la educación pública, servicio de recojo de basura, etc.  Actualmente y desde hace varios años, el Estado israelí ejecuta un proyecto de desalojo forzado de estas poblaciones beduinas para reemplazarlas con proyectos rurales de irrigación y “florecimiento del desierto” con poblaciones exclusivamente judías.  ¿Es ético vender proyectos de irrigación y riego por goteo con tecnologías de punta que se utilizan para desplazar a poblaciones originarias?

El castigo colectivo que el Estado de Israel ejerce contra los palestinos se ensaña especialmente con la niñez. Actualmente, existen más de 400 niños en cáceles israelíes sometidos a torturas y malos tratos, sin derecho a la visita de sus familiares ni a un abogado. Para ir al colegio, un niño palestino debe atravesar cada día al menos un puesto de control israelí, que en la práctica significa horas de cola y la posibilidad de que los soldados de turno no le otorguen el permiso de pase.

Hace poco, las Naciones Unidas han alertado al mundo nuevamente sobre la gravísima situación humanitaria de la Franja de Gaza; al punto que han declarado que para el año 2020 este enclave costero será inhabitable. Cabe recordarle al embajador israelí que lo que ocurre en Gaza no es producto de un fenómeno natural, sino del bloqueo israelí, que ya lleva 10 años (Como recordarán, hace pocos años, cuando una fragata de ayuda humanitaria intentó acoderar en las costas de Gaza para llevar ayuda, ésta fue atacada por las fuerzas de Israel matando a muchos voluntarios). Y a los ataques invasivos del ejército israelí, que han dejado destrucción, muerte y una secuela de emergencias sanitarias y de salud, que se han visto agravadas por  el drástico recorte de energía eléctrica en el área— hoy en día la Franja recibe dos o tres horas de luz al día, lo que  ya ha cobrado cerca de 20 víctimas entre neonatales y enfermos de cáncer, entre otros males, ya que las máquinas médicas necesitan fluido constante de energía para permitir la vida de los pacientes.

¿Cuándo se genera un cultivo de odio? Evidentemente no es cuando un pueblo denuncia la opresión a la que es sometido por una fuerza militar y colonialista extranjera.  Tampoco es cuando un pueblo se solidariza con sus hijos, esposos, madres, padres, hermanos, familiares y amigos detenidos, sometidos a torturas y/o asesinados por hacer visible el sistema de discriminación e injusticia que les ha impuesto una fuerza ocupante e invasora.

La cultura de odio la fomentan y cultivan aquellos regímenes que imponen sistemas de apartheid contra una población determinada con el único propósito de apoderarse de sus tierras y sus recursos naturales y culturales. Se cultiva el odio contra una población vulnerable cuando un Estado permite que colonos invadan tierras, hogares y ciudades que les son ajenas y amedrenten, agredan y asesinen a sus pobladores; como es el caso de las ciudades de Hebrón y Jerusalén, donde el Estado israelí demuele hogares y confisca tierras de palestinos para construir en su lugar viviendas exclusivas para colonos judíos, que luego secuestran y asesinan a palestinos o los queman vivos en sus casas.  Hechos que también están plenamente documentados.

¿Es Israel la única democracia en el Medio Oriente? ¿Quién cultiva el odio en el Medio Oriente? Son las preguntas que típicamente se hacen y responden a sí mismos aquellos que tratan de modificar los hechos reales y concretos a favor de construir una imagen equivocada de Israel para el mundo.

¿Es Israel la única democracia en el Medio Oriente? No, obviamente. El solo hecho de autodenominarse un estado judío, ya es antidemocrático. El 20% de la población de israelí está constituida por familias palestinas que permanecieron en lo que es ahora Israel luego de lo ocurrido con la catástrofe de  1948 (Al Naqba): la expulsión de 2/3 de la población palestina originaria.

Estos palestinos con ciudadanía israelí viven bajo un régimen paralelo a la legalidad, instituido por el congreso israelí (Knesset) a través de por lo menos 50 leyes discriminatorias que impiden que estas familias se desarrollen en forma regular y normal en el país: leyes que limitan su acceso a la educación, salud, vivienda, acceso al crédito, entre otros servicios.

Ya hablamos de las poblaciones beduinas. En los territorios palestinos ocupados funcionan dos regímenes paralelos: las colonias israelíes (que dicho sea de paso, son ilegales según la Corte Internacional de Justicia, entre otros tribuales), que se rigen por las leyes regulares israelíes; mientras que los pobladores palestinos están sometidos a un régimen militar, con todo lo que ello implica: detenciones administrativas sin derecho a juicio, ejecuciones extrajudiciales, confiscación de tierras de cultivo, despojo, arbitrariedad, apartheid.

¿Quién cultiva el odio en el Medio Oriente? Pues Israel y su régimen de discriminación y “limpieza étnica”, lamentablemente avalado por la impunidad, que por el momento le es favorable.

Pero ello cambiará con justicia y la verdad.

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