PERÚ. LA CASA DE CARTÓN


gustavo espinoza montesinos1Escribe: Gustavo Espinoza M. (*)

17/08/2017

Quizá el imbatible dominio de la cultura que caracteriza a los principales voceros de PPK, haya inducido al régimen a rendir un  sorpresivo homenaje a Martín Adán, el prodigioso autor de “La Casa de Cartón”; y en su memoria, hayan resuelto construir -para los damnificados por los desastres vividos entre  febrero y abril de ese año- algunas “Casas de Cartón”, las mismas que ya colapsaron. Hoy, por sus frágiles paredes, corre el viento y la garúa; y hasta las piedras.

Cono se recuerda, la obra literaria aludida, es el símbolo de la cultura de Barranco, uno de los más bellos rincones del sur de  nuestra capital. En este balneario, cuna de José María Eguren, Parra del Riego y otros; se forjaron estilos de expresión y escuelas literarias que influirían también a otros grandes de nuestra cultura: Manuel González Prada, al propio José Santos Chocano, y hasta al mismísimo Abraham Valdelomar.

Y en él, el pequeño libro de Martín Adán dejó huella. Tanta, que ahora bajo su inspiración –probablemente- las autoridades peruanas decidieron emprender la obra que comentamos no sin  un atisbo de ironía.

Como se recuerda, hace algunos días el 15 de agosto, más precisamente, se cumplieron  diez años de otra catástrofe de singulares proporciones, que ocurrió a tan sólo 300 kilómetros de Lima, en la ciudad de Ica, y otras localidades aledañas –un  terremoto que dejó un  doloso saldo de muerte y destrucción-.

Allí también el gobierno de entonces -Alan Garcia y los suyos-, pretendió construir otras casitas de cartón, pero se quedó en la idea porque sus representante en casi todas las áreas de gestión, optaron por valerse de ese  presupuesto, para incrementar sus ingresos personales. Hasta las medicinas,  fueron hurtadas.

En esa circunstancia, las únicas casas, las verdaderas casas, las construyó y donó el gobierno bolivariano de Venezuela. Hoy están situadas en la zona de Chincha. No  fueron de cartón, ni se cayeron nunca.

Viene todo esto al caso porque el gobierno del Presidente Kuczynski ha argüido “falta de recursos”, para justificar su negativa a atender los justos  reclamos de los docentes en huelga. Y es que en  efecto, lo ocurrido en nuestro país en el verano pasado,  no fue un acontecimiento menor. Y produjo,  más bien,  daños cuantiosos.

En un inicio, PPK sostuvo que si, que había plata. Y que  estábamos en condiciones de forjar la reconstrucción, subrayando que no se habría de “volver al pasado” –es decir, reconstruir pobreza- sino de “forjar el futuro”, vale pues, crear una ciudad mejor.

Para enfrentar eso, se requeriría -es verdad- considerables  sumas de dinero. Habrá que ver si en su momento, ellas se usaron, y de qué modo. Porque lo que asoma hoy en el escenario, son estas casitas de cartón que salieron  a la venta por un  precio tres veces mayor que se construcción. Los expertos dicen, en efecto, que esas viviendas costaron alrededor de 5 mil soles, pero se entregaron  a los usuarios, a 15 mil. ¡Negocio redondo!

Y claro, esta vez el gobierno de Caracas no donó viviendas como el 2007, porque el señor PPK puso muchas trabas a los donativos bolivarianos. Del Palacio de Miraflores se ofrecieron muchas cosas que hubiesen servido -y bien- a los poblares más afectados en aquella circunstancia pero –como se recuerda- el Mandatario peruano “se hizo el difícil”, probablemente porque él, en el plano personal, no necesitaba nada. Y fue  entonces,  cuando emprendió la “operación” que nos indujo a recordar al insigne poeta barranquino.

Martín Adán  –en verdad se llamó Ramón Rafael de la Fuente Benavides- discurrió su vida entre 1908 y 1985 y fue una de las figuras más descollantes de la literatura vanguardista latinoamericana. Vivió pobre, y pasó sus años postreros, bastante enfermo, y muy poco atendido por la sociedad.

De alguna manera, eso sucede con muchos de los afectados por tragedias en nuestro país; la de hace diez años, y la más reciente también. Unos y otros, agobiados por la miseria y por las enfermedades, sufren del olvido y el desinterés de una clase dominante que, además de soberbia, es canalla.

(*)  Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera.  http://nuestrabandera.lamula.pe

 



Categorías:Actualidad, América Latina y el Caribe, Análisis

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