Perú. Memoria en Jaque


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            Las constantes tensiones de la memoria del conflicto armado interno

Escribe: Camila Sastre

23/08/2017

El día sábado de la semana pasada nos enteramos por redes sociales de una serie de sucesos desencadenados a partir de la inauguración de la muestra “Resistencia Visual 1992”, de la curadora Karen Bernedo, en conjunto con una serie de artistas plásticos. La muestra está formada por 36 imágenes que exponen, entre otras cosas, hitos ocurridos en 1992 y que dieron pie a memorias emblemáticas del conflicto armado y la dictadura fujimorista. Las imágenes también buscan problematizar “temas transversales que están en la médula estructural del Perú contemporáneo: la corrupción, la privatización, la educación y la prensa basura”, como se señala en el texto curatorial de la muestra en cuestión.

Cuenta el antropólogo Pablo Sandoval en un post publicado en su facebook el sábado 19 de agosto que, al día siguiente de inaugurada la muestra[1], el ministro de Cultura, Salvador del Solar, acompañado por su jefa de gabinete de asesores, Denise Ledgard, quien entre julio de 2013 a junio de 2015 se desempeñó como Directora del proyecto del LUM, se acercaron al LUM y se reunieron con el director del espacio, hasta ese momento el sociólogo Guillermo Nugent. La razón de la imprevista reunión, como lo señala Sandoval, era “pedirle explicaciones sobre el contenido de la muestra”, y agrega en su texto que Del Solar habría expuesto la molestia de un congresista de Fuerza Popular, Francesco Petrozzi, por contenidos “anti-fujimoristas” presentes en la exposición. El Ministro habría solicitado una reformulación de la exposición, lo que finalmente terminó en la renuncia de Nugent al cargo de Director.

Ese mismo día sábado en la tarde, tanto la curadora y los artistas se expresan frente a los hechos acaecidos. Sin embargo, recién el domingo apareció un comunicado público del Ministerio de Cultura, y horas más tarde tanto el Ministro como la Jefa de asesores realizaron declaraciones individuales vía redes sociales.

Más allá de las declaraciones mismas de los involucrados, quisiera comentar sobre algunos puntos de vista implícitos que se presentan en las declaraciones de Del Solar y de Ledgard, pero que no se limitan sólo a ellos.

Respecto a la declaración oficial del Ministerio de Cultura, en ella se señala que la renuncia de Nugent debe entenderse debido a que habría puesto en entredicho “… la crucial credibilidad y legitimidad del LUM ante la ciudadanía”; es decir, se acusa que la muestra, permitida por el director del LUM de ese momento, daña la imagen del espacio. Esta premisa permite entender una idea anterior expresada en el comunicado, donde se señala que el LUM “… debe seguir siendo un espacio para el indispensable ejercicio de la memoria, ajeno a sesgos de cualquier índole…”, al igual que el Informe Final de la CVR y de la muestra permanente. A partir de lo último señalado, me pregunto si existe algún tipo de límites que establecen cuáles son las posibilidades del ejercicio de memoria. Lo digo en estos términos porque, más allá de la discusión sobre si existen o no sesgos en la muestra en cuestión, me parece que con estas declaraciones se le está estableciendo ciertas fronteras al ejercicio de memoria y reflexión crítica. De esta manera, supuestamente habría una memoria no sesgada e imparcial, y otra parcial y sesgada. Más aún pareciera que hay temas que se pueden discutir y criticar, mientras que otros fuesen tabúes.

Más directo que el comunicado del Ministerio fueron las declaraciones personales. En el caso de la Jefa de asesores, Denise Ledgard, enfatizó en la rigurosidad que debe tener el LUM con las muestras y actividades que acojan, porque no puede permitirse que sea usado “ni como arma política, ni como una excusa para el ataque, a fin de que no sea debilitado”. En este sentido, opina –personalmente, como se preocupa de señalar- que la exposición en cuestión no guardaría una “rigurosidad histórica”, que se trata de una muestra que se posiciona desde un activismo, lo que iría contra el espíritu del espacio, desvirtuando su función pública.

Del Solar, por otro lado, comentaba en su post en Facebook que, en su primer encuentro con Nugent coincidieron en que el LUM debía consolidarse como un espacio convocante para con todos los peruanos, para así invitarlos a acercarse al tema de la memoria. No obstante, señala en su escrito, ese acercamiento sería “… con la mirada abierta y, en la medida de lo posible, sin sentirse atacados, excluidos o inclinados a descartar la sola idea de visitar el lugar…”. Del Solar es más directo y menciona que coincidían en la necesidad de proteger al LUM de cualquier ataque que tuviera como objetivo desacreditarlo, a partir de visiones parcializadas.

Frente a estas declaraciones me surgen una serie de preguntas sobre todo a las tensiones que claramente aparecen en la polémica, y que considero que han estado patentes en variados momentos del proceso de construcción de una memoria sobre el conflicto armado interno y de la construcción del espacio mismo. Me pregunto ¿quién(es) termina(n) triunfando en esta disputa? Más allá de la discusión entre convencidos, primordialmente son aquellos que no desean problematizar y niegan hechos ocurridos en los años noventa, y específicamente sobre la dictadura fujimorista. Han conseguido que, de manera implícita y por medio de la renuncia de Nugent, establecer como si hubiese ciertos temas que no pueden ser tratados, por considerarse “odiosos”. De hecho, en parte, Del Solar al preguntarse si esa exposición era el espacio adecuado –pregunta que también esboza Ledgard-, considera que la exposición carecería de la esencia de la dirección que se había acordado para la conducción del espacio. Más aún, menciona el Ministro que al permitir la exposición se abrió la posibilidad de que el LUM fuese “… acusado de ser una institución parcializada…”. Es por ello que plantea la necesidad de que se apunte a la “… máxima objetividad posible…”, y se ejemplifica con el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. En este sentido me pregunto si el LUM no es ya una parcialidad, pregunta que considero totalmente válida a partir de una análisis de la museografía. O más complejo aún, si por el intento constante de no ser tachados de parciales, en pro de la “tolerancia”, uno de sus conceptos y líneas, terminan esquivando aquellos temas que incomodan. Recuerdo una de las preguntas que Gisela Ortiz planteaba en el momento en que se incorporaba el concepto de Tolerancia al nombre del, hasta ese momento, proyecto de museo de memoria: “Tolerancia, ¿Con quiénes?”

Me parece que posiblemente hay un constante deseo de alcanzar algún estado de equilibrio; un empate cómodo para todos los jugadores. Sin embargo, ¿es posible ese equilibrio? Incluso, ¿puede ser posible que un equilibrio nos conduzca a obviar esas incomodidades? Y más aún, ¿no es acaso un equilibrio construido desde el poder, que silencia las memorias molestas?


 [1]La inauguración de la muestra tuvo lugar el miércoles 16 de agosto.

http://noticiasser.pe/23/08/2017/por-el-ojo-de-la-cerradura/memoria-en-jaque



Categorías:Actualidad, América Latina y el Caribe, Análisis, Democracia, Dictadura, Historia, Sociedad, Terrorismo

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