Secundaria del Futuro: nueva aplicación (app) de la revolución educativa


Argentina

secundaria

Escribe: Gabriel Brener, Marcela Martínez         

13/09/2017

Conceder estatuto de verdad luego de verificar encuestas revela todo un modus operandi, un rasgo contundente de la identidad mercantil en el ejercicio de la política y el gobierno. Se hacen fuertes las reglas de la oferta y la demanda, la lógica de las conveniencias desplaza la brújula de las convicciones.

Luego de silenciar, esquivar el dolor y clamor de gran parte de la sociedad y la familia de la víctima en torno a la desaparición forzada de Santiago Maldonado, quienes gobiernan parecen ceder en su discurso ante la fuerza de gravedad de lo ocurrido.  Antes bien, junto a buena parte de los guionistas mediáticos pareció más preocupado en estigmatizar y perseguir docentes y escuelas que hicimos visible aquello que no puede tornarse indecible, ni en la sociedad, ni en las aulas.

En este contexto, la vanguardia porteña que hace un par de años saltó a la esfera nacional, despliega powerpoint de la secundaria del futuro, reafirmándose más en la eficacia publicitaria de lo que es novedad y que se sostiene en el ninguneo del pasado y la omisión del presente (como si pudieran deshacerse de la responsabilidad de una década de gobierno en el distrito). Gobernar con la fuerza de la imagen es un imperativo, con independencia de los hechos. Aunque bien vale dudar de la típica foto con el mapa en la mesa y funcionarios mirando/gesticulando que simulan las decisiones más arriesgadas que no hacen más que ocultar y confirmarnos que el mapa nunca es el territorio sino una forma de representarlo, un gesto para la tribuna. Ningún cambio en el sistema educativo puede resolverse con una foto, con un powerpoint, no hay reforma educativa que sea posible solo por resultar de una idea, por más notable que sea, si no se pone en dialogo y se construye consenso, por más conflictivo que sea, con los protagonistas del mundo escolar, en especial docentes y estudiantes, pero también con las familias y la sociedad toda. 

No hay reforma educativa sin una política educativa que la sustente. ¿Qué política educativa sostiene a la Secundaria del futuro? ¿Por qué no se explicita el modelo integral que enlaza a este conjunto de medidas?

El discurso oficial ha construido una alteridad que reemplaza al ciudadano/a por un usuario, una mezcla rara y de última década que conjunta vecino y consumidor. Gustavo Varela es elocuente al respecto” (…) La política como aplicación es el desplazamiento del elector al usuario móvil. La eficacia y la extensión de los íconos salen de las pantallas y se instalan y actualizan en la vida cotidiana (…)”.

La Secundaria del Futuro funciona como una aplicación más que interrumpe la descarga de la app-NES (Nueva Escuela Secundaria). Una curiosidad… ¿no se termina de descargar una aplicación que ya se sale a la cancha a probar una nueva? ¿Qué motiva esta urgencia?

Pareciera que buena parte de la ciudadanía porteña se descargó la aplicación de una revolución educativa que no existe, ni en las escuelas ni en las aulas, pero que remonta vuelo con el envión de algunos aciertos de relativo costo material y alto impacto subjetivo. Túneles y bicisendas, plazas y wifi en el metrobus muestran una ciudad con mejoras evidentes. Estos cambios en la infraestructura urbana se proyectan, en un giro cultural eficaz, como efectos desplazados de una revolución, que en el plano educativo, es sólo marketing comunicacional. Las escuelas mayoritariamente no disponen de conexión a internet, en ocasiones, ni siquiera disponen de una línea telefónica que funcione. Los problemas edilicios desvelan a los equipos que gestionan las instituciones. Pero la imagen de ciudad moderna, proyectada al futuro, ha calado hondo en la identidad porteña con aspiraciones palermitanas. Han sido eficaces en una “militancia” del timbreo publicitario logrando a través de dicha operatoria reemplazar la idea de lo público por el valor de lo gratuito. El cambio de eje público/privado por el par público/gratuito implica un desplazamiento simbólico hacia la jerga mercantil. ¿En qué ámbito el valor monetario organiza el sentido de los intercambios sociales? En el mercado, es una obviedad volver a señalarlo. Gratuito, entonces, es un servicio sin valor de mercado. Pero una obviedad necesaria porque en este tipo de operaciones de sentido reafirman la identidad del usuario que megustea en las redes sociales, es el sujeto de interpelación del proyecto político Cambiemos. Un usuario que se baja todas las aplicaciones en forma gratuita y que destina a la figura del ciudadano, ese cuerpo comprometido en la militancia política, a la papelera de reciclaje.

El fuerte consenso electoral de la mitad de la población porteña, sumado a un sostenido blindaje mediático, habilita una negación activa que prescinde de dar respuestas al deterioro de la educación pública como derecho social. El gobierno de la Ciudad de Bs As muestra en su labor: subejecución presupuestaria, reducción y vaciamiento de políticas de inclusión socioeducativas, incumplimiento del Programa Nacional de Educación Sexual Integral y de las políticas de Convivencia Escolar y prevención de diversas formas de violencias. El ministro de educación y el propio presidente enaltecen al nivel inicial y la obligatoriedad de la sala de tres, prometen la construcción de 3000 jardines, pero ante el cambio de ministro, “se cae” la promesa con la misma liviandad  e irresponsabilidad con que el propio primer mandatario desprecia la educación pública. El divorcio entre la promesa y la gestión educativa se torna más elocuente porque en la CABA, especialmente en la zona sur, no se cubren miles de vacantes de nivel inicial.

Pareciera que aquello que comanda es una obsesión por la evaluación como único modo de resolver todos los problemas de la educación. Se enaltece, con viento a favor de los medios y una buena dosis de sentido común punitivo y meritocrático, la idea del examen estandarizado como la regla universal que mide inteligencia individual y calidad total. Obsesión resultadista que actúa disciplinando un sistema vertical como el escolar, despojando cada vez más al docente de su posición autónoma y crítica, responsable de la enseñanza para desplazarlo a mero aplicador de múltiples choices elaborado por otros; desplazando a estudiantes de su condición de sujetos para convertirlos en respondedores seriales de pruebas. O sea, la evaluación como maquinaria de disciplinamiento y control social y escolar para que las escuelas sean cada vez menos ámbitos de construcción de ciudadanía democrática y cada vez más centros de entrenamiento para el rendimiento estandarizado y ajustado a la normas de calidad internacionales. Un ámbito en el que los grandes emporios de la privatización educativa trasnacional dictaminan las reglas de juego.

Desaparición por goteo y reemplazo de la Escuela de Capacitación docente (CePA) una institución que se ha consolidado desde los 80 con un singular prestigio pedagógico en la ciudad, en todo el país, incluso en la región. Institución sostenida durante todos los gobiernos de la última democracia porteña y reemplazada por el gobierno PRO por una Escuela de Maestros que  fue acotando la capacitación docente a servicio gratuito y refuerzo administrativo, vaciando propuestas formativas de gran significatividad académica y profesional, por  una colección de cursos de actualización a la carta, así como acudiendo a  la tercerización en tanto operación que desnuda la condición de la formación como mercancía y abandona, de a poco, la formación docente en y fuera de ejercicio  como derecho social y empoderamiento político y pedagógico de docente y directivos/as en tanto sujetos políticos y artífices de su hacer profesional.

Todas iniciativas que han ido legitimando un discurso que desplaza la centralidad política de lo público a la esfera mercantil de lo gratuito, un proceso de mercantilización educativa que reemplaza áreas de políticas educativas por gerencias operativas, equiparando una escuela con una empresa a la hora de decidir sobre ella, igualando e incluso elevando la habilidad empresarial del Ceo por sobre el saber y experiencia del educador/a.

 

Se crítico, pero no tanto…

Una de las cuestiones que se plantea es el cambio de paradigma pero no se explica en qué consiste este cambio. Los documentos explicativos no son propios de la estética PRO. La extensión argumentativa aburre. El relato de la secundaria del futuro debe producirse en los códigos de las redes sociales. Las definiciones auspiciosas son parte del proyecto. Se busca: “Un ciudadano del Siglo XXI: talentoso, creativo, crítico, cooperativo, emprendedor, alfabetizado digitalmente con capacidad de adaptación”

Una lectura entrelíneas permite desbaratar el marketing y advertir que la condición de sujeto crítico colisiona con la idea de alguien que se adapta. El pensamiento crítico tensiona al ideario PRO. Funcionarios y asesores lo han denostando como valor negativo, del pasado, y advirtiendo lo nocivo de excederse en tal ejercicio.

App 70 30, un click y de clase magistral a autonomía general

La Secundaria del Futuro propone un 70 % de clase participativa, trabajo autónomo de estudiantes y 30 % que el/la profe introduce el tema. Si creíamos que la referencia a un funcionario que intenta resolver las políticas de su área con planilla de Excel era, a lo sumo, una broma, el planteo de estas ecuaciones nos hacen dudar. Distribuir en cantidades los modos de interacción entre docentes y estudiantes por fuera de quién enseña, a quiénes, en dónde y para qué es sólo para los titulares del diario y la comunicación televisiva. Es una revolución educativa amasada en zócalos de TV. Las transformaciones didácticas requieren mayor comprensión de la escuela secundaria, de su diseño histórico y, en especial, de la revisión y el fortalecimiento del profesor/a en su puesto de trabajo y de la calidad como sujeto de la enseñanza.  No se anula la clase expositiva por decreto, y además lo expositivo no quita lo significativo (alcanza con volver a Ausubel, para comprender la esencia del aprendizaje significativo) No es cuestión de programar 30 y 70 % o de “eliminar” enciclopedismo y creer que se actualiza la aplicación con la velocidad de un “reseteo”. Los modos de enseñar se transforman a través de procesos políticos y culturales que requieren decisión política y estrategias en consonancia. Y mal que le pese a Ceos y gerentes las transformaciones en las escuelas deben estar en sintonía con la gramática escolar. Se vinculan a procesos que suelen ser más lentos (pertenecen al orden de la cultura y no a un click con la compu) y que para hacerse posibles deben habilitar procesos de apropiación crítica por parte de docentes, estudiantes y comunidad. Requieren el despliegue de espacios de consulta y participación que permitan interpelar y calibrar a escala institucional y de los sujetos protagonistas aquellas ideas y propuestas de reforma. Dicho cambios para ser eficaces deben ser parte de un proceso de implementación y no de una (operación de) mera implantación

SOS 5to año

El quinto año cambiará fuertemente si el proyecto de la escuela del futuro prospera. ¿Por qué? Porque los jóvenes participarían, casi en la totalidad del tiempo de estudio, en prácticas profesionalizantes. Se supone que a través de estas prácticas -que disminuyen la cantidad de horas en las aulas y aumentan las experiencias formativas en diferentes empresas y organizaciones- los estudiantes no aprenderían solamente en las aulas: la ciudad misma sería el escenario de su formación. La “Ciudad educadora” es un slogan recurrente en el vocabulario de la ministra. El aprendizaje ubicuo es una perspectiva muy considerada por los educadores que priorizan el impacto de la tecnología en la cultura juvenil. ¿Es que la ministra suscribe a este paradigma, es lo que tiene en mente? ¡Cómo saberlo! Los documentos circulantes no remiten a autores, ni a paradigmas, ni a especialistas en educación, ni a referencias de políticas educativas. Sólo anuncian el cambio –que ya sabemos, desde la perspectiva de Cambiemos es un bien en sí mismo- y previenen que quienes se resisten a él es porque tienen miedo. Así de simple, así de complejo.

 

¿Quién podría negar el valor de la experiencia como estrategia educativa para los jóvenes?

¿Quién podría negar el valor de la ampliación del aula para los estudiantes a punto de egresar de la escuela secundaria?

¿Quién podría negar la necesidad de desplegar modos creativos de enseñanza y aprendizaje en las escuelas?

Ninguna persona con interés genuino en la educación podría negarse a las preguntas precedentes. Ahora, ¿qué necesidad tiene la ministra para llevar adelante este proyecto cuando la instalación de la NES aún está en curso y con serios problemas de implementación? ¿Cuándo las escuelas todavía están apropiándose de los proyectos curriculares institucionales (PCI) pensados a la luz de la NES? ¿Cuándo el diseño de las experiencias formativas está en curso? ¿Cuándo cuesta conseguir a los docentes que puedan brindar una cantidad de materias del ciclo superior de la NES?

¿Qué necesidad política alienta este apuro incomprensible? ¿A qué apunta esta propuesta educativa inconsistente?

El discurso de la ministra ofrece respuestas banales a problemas complejos. Parecería desconocer las limitaciones de infraestructura, los tiempos de gestión necesarios para celebrar alianzas entre las escuelas y las empresas y organizaciones. También parece desconocer el carácter profesional del trabajo docente. ¿Quién acompañará a los jóvenes en el en su raid experiencial de las pasantías no rentadas?  “Tiene que ser alguien que trabaje en el lugar en el que se haga la práctica. “Personal del Estado, de la organización social, de la empresa”, responde sin ninguna ingenuidad. El desplazamiento de los docentes de la actividad con mayor carga horaria de los quintos años tendrá un impacto ineludible en el trabajo de los profesores.

La ecuación sería: a más ciudad educadora, menos comunidad educativa.

El impulso por el cambio debe obliterar la visión del presente. La distancia entre las intenciones modernizadoras que componen la Secundaria del futuro y la capacidad efectiva de implementación inmediata de estas medidas, en las instituciones, sólo puede zanjarse en un discurso irresponsable que reemplaza el compromiso ético por postulados buenondistas. Cuando la periodista del Diario La Nación le pregunta a la ministra si ha considerado la escala de lo que está proponiendo, que el antecedente que tiene en mente es una acción pequeña con las escuelas técnicas, su respuesta es: Confío en que podemos hacerlo.

A modo de cierre queremos compartir un aporte sustantivo que hace Martin Kohan para analizar el modo de construcción política y discursiva de Cambiemos “ (…)hablar poco y hablar magro, entre la escasez y la nada; que haya poco para comprender y mucho para creer solamente, hablándole a la fe más que al entendimiento; que la trabazón lexical se confunda con la sinceridad, en el sentido de que el que engaña (el versero) es hábil con las palabras; disociar el decir y el hacer, para que se suponga que el que no sabe decir se está abocando por completo al hacer.(…)”

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(*) Gabriel Brener es Lic. en Ciencias de la Educación por la UBA, Especialista en Gestión  y Conducción de Sistema Educativo por la FLACSO y Profesor de Enseñanza Primaria por la Escuela Normal Nº 4.  Es Docente de la cátedra de Didáctica General del Profesorado en la Facultad de Filosofía y Letras de UBA, del Diploma Superior en Conducción Educativa del ISP J.V González, así como Profesor Adjunto Concursado de la Cátedra de “Sujetos e Instituciones Educativas” y “ Conducción educativa” en la Licenciatura en Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Hurlingham. Se ha desempeñado como docente, directivo y asesor en escuelas primarias y secundarias. Coordinó la Comisión  de elaboración del Diseño Curricular del nivel  Secundario del Ministerio de educación de la provincia de Chubut(2012). Subsecretario de Equidad y Calidad Educativa del Ministerio de Educación de la Nación. (2013-2015)Fue Investigador del proyecto de investigación “Los sentidos de la escuela para los jóvenes. Relaciones entre desigualdad, violencia y subjetividad”. Programación Científica UBACyT 2011/2014. Co-autor de “Violencias en plural. Sociología de las violencias en la escuela” ( Comp. Carina Kaplan ) Ed. Miño y Dávila Bs As. 2006. y “Violencia escolar bajo sospecha “( Comp. Carina Kaplan ) Ed. Miño y Dávila Bs As. 2009.Autor de “Periodismo Pedagógico. De escuelas, violencias, medios y vínculos entre generaciones” Editorial Mandioca. Bs.As. 2014.Compilador y autor( junto a Gustavo Galli) de “Inclusión y calidad como políticas educativas de Estado o el mérito como opción única de mercado”. Editorial La Crujía, Stella y la Fundación La Salle Argentina. 2016.

Marcela Martínez es Licenciada en Sociología (UBA). Posgrado en Economía Social y Desarrollo Local (FLACSO) Profesora Adjunta del Seminario de Gestión de Proyectos de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, (UBA) . Es Coordinadora de Formación Docente en la Universidad Nacional de Hurlingham, Docente adjunta concursada en la Asignatura Acompañamiento y asesoramiento en procesos de formación situada. Universidad Nacional de Hurlingham, Coordinadora Académica en la Especialización Docente en Nivel Superior en Problemáticas de las Ciencias Sociales y su enseñanza, Programa Nacional de Formación Permanente “Nuestra Escuela”, Instituto Nacional de Formación Permanente. También es Investigadora en el Programa de Saber Juvenil Aplicado, Universidad Nacional de San Martín en conjunto con el Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Villa María. Es autora del libro ¿Cómo vivir juntos? La pregunta de la escuela contemporánea. (2014) Ed Universidad de Villa María.


https://www.alainet.org/es/articulo/188039



Categorías:Actualidad, América Latina y el Caribe, Análisis, Neoliberalismo, política educativa,, Sistema educativo

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